Frida

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Frida

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 10 de marzo de 2016
Cine, Frida
Frida

Las experiencias forman a las personas, pero lo importante es cómo se pueden asimilar esas experiencias para crear, para traducirlas en algo más allá de la persona misma, lo que implica un proceso tanto de maduración como de crecimiento, razonamiento y búsqueda de trascendencia. Frida Kahlo fue una pintora mexicana marcada por la soledad, el dolor y el sufrimiento a lo largo de su vida, que ella logra expresar a través de su trabajo artístico, en donde deja ver, temáticamente, su propia vida y sentir.

La película Frida (EUA, 2002), dirigida por Julie Taymor y protagonizada por Salma Hayek, relata la historia de vida de esta personalidad histórica mexicana, representando los momentos de su vida que inspiraron su obra más emblemática y el cómo aquellas experiencias se volvieron una introspección de sí misma a través de sus pinturas. Nominada a seis premios Oscar, entre ellos el de mejor actriz principal para Salma Hayek, la película ganó dos galardones, mejor banda sonora y mejor maquillaje, contando además entre su elenco con los actores Antonio Banderas, Alfred Molina, Ashley Judd, Mía Maestro, Edward Norton y Geoffrey Rush, entre otros.

Una mujer aventurera, inquieta, creativa, pasional, ávida por vivir, sentir y experimentar, probablemente motivada por la calidad de vida que tenía, rodeada de pesar y aflicción, producto de sus enfermedades y un accidente en autobús que en 1925 rompió gran parte de los huesos de su cuerpo y la mantuvo en el ala de cirugías de los hospitales por el resto de su vida.

Es precisamente el accidente, que la lleva a estar confinada a la cama por largos periodos de tiempo, lo que impulsa la fuerza creativa que lleva la joven pintora dentro de sí; es el transcurso del tiempo en meditación, reflexión, observación, así como el aislamiento en que en ocasiones se encuentra, lo que permite que Kahlo se vuelque de tiempo completo hacia el papel en blanco. La joven, como lo muestra la película, sólo tiene un número limitado de familiares a quienes retratar, por lo que, agotado el material de inspiración que tiene a la mano, comienza a ser ella misma la musa de sus trabajos. Frida se mira en el espejo y se decide traspasar esos sentimientos y esa realidad que vive hacia el lienzo. Ella pintaba lo que veía en el espejo, pero también pintaba cómo se veía a ella misma, a través del espejo. ¿Qué es lo que veía frente a sí, además del reflejo de su silueta? ¿Intentaba expresar sus estados de ánimo, sus sentimientos, sus dudas, sus sueños? Un alma atormentada intentando la forma de expresarse ante el universo.

El matiz con que Frida reflexiona en cada trazo de su pincel sobre esa mirada es lo que más da honestidad a su trabajo artístico. “Su obra es ácida y tierna”, dice el personaje de Diego Rivera en algún punto de la historia. El trabajo de Kahlo habla de dolor, y el que mira sus pinturas entiende a través de ellas ese dolor, porque también, de una manera u otra, lo ha vivido, continúa Rivera; todos en la vida hemos padecido dolor y eso nos identifica con Frida. Porque también las personas, como la pintora lo expresa en su colección de trabajos, que además demuestran sus propias experiencias de vida,  viven en solitario el sufrimiento, están solas en su dolor.

La fuerza de los trazos del pincel de la pintora provienen de esa serie de sentimientos encontrados que habitan dentro de ella y que extrapola con forma analítica hacia su trabajo; es, por ejemplo, la dicha de la felicidad que en un instante puede convertirse en pena, como se demuestra en esta biografía cinematográfica: su relación con Diego Rivera, sus viajes fuera de México, su bisexualidad, su relación momentánea con los surrealistas (con quienes no se identificaba, a pesar de que algunos críticos así la consideraban, pues ella afirmaba que pintaba sueños), su inspiración en la cotidianeidad que le rodea, su condición médica y el deterioro de su cuerpo, su interés por la cultura y la libertad de pensamiento o su relación con su familia, con su padre (un fotógrafo judío nacionalizado mexicano), su hermana Cristina, compañera en todo momento, o su conservadora madre, quien desaprobaba la relación de su hija con Rivera.

“Yo pinto lo que veo, tú pintas con el corazón”, le dice el muralista a Frida, cuando ya a edad adulta el estado físico de la pintora la mantiene en reposo constante, a la espera y anhelando esa exhibición oficial de sus trabajo en su propio país, que para ella representa un motivo de orgullo; un evento a punto de suceder.

La historia fílmica demuestra una mente creativa en constante movimiento, marcada por momentos de vida y experiencias particulares, pero también movida por la cultura que le rodeaba, el movimiento ideológico, revolucionario y comunista de parte de sus amigos y compañeros como Tina Modotti (activista revolucionaria y reconocida fotógrafa), David Alfaro Siqueiros (muralista, quien con Diego Rivera y José Clemente Orozco es considerado uno de los tres grandes del muralismo nacionalista mexicano), León Trotsky (revolucionario internacionalista nacido en Ucrania, dirigente en la revolución Bolchevique y creador-fundador del Ejército Rojo en la URSS, asesinado en México) y el mismo Diego Rivera (pintor y muralista mexicano, impulsor del mural con contenido social y militante comunista), su amante, compañero, amigo, esposo, camarada y maestro; un grupo de personas abiertas al cambio, decididas a levantar la voz cuando es necesario, comprometidos con la visión comunista y militante que profesaban, firmes en sus convicciones, como la demuestran en la defensa de su trabajo, por ejemplo, cuando Rivera está pintando un mural en el edificio Rockefeller en Nueva York y se niega a comprometer o censurar sus trazos por su visión comunista, ante la petición de eliminar del mismo una foto de Lenin (el revolucionario comunista ruso), resultando en la destrucción del mural ordenada por sus contratistas.

Su relación con Trotsky y Rivera, más allá del sentido amoroso, también evoca su profunda convicción militante comunista. Esa determinación y  compromiso con la lucha social que de igual manera conforman el carácter de Frida y su estilo de trabajo, su inconformidad con el mundo y su visión artística como retrato de su ser. Ella mira el mundo y observa cómo los demás a su alrededor también viven sus propias batallas, percibe el sufrimiento propio y ajeno, se solidariza como se identifica con las penas que aquejan a sus familiares, sus padres y su hermana, sus amigos y sus compañeros artistas.

Kahlo se retrata a ella misma pero también retrata con ello a los que conviven a su alrededor; la pintora se retrata biográficamente en función de lo que percibe interiormente, en relación a lo que sucede en el exterior. Mediante su creación artística expresa su lucha contra el dolor, contra las enfermedades y cirugías que padece, contra la inmovilidad a que se ve sometida, contra las penas que le producen los amoríos de su esposo.

La película refleja ese trascurrir de su vida entre el abandono, la identidad nacional, la búsqueda de su propia identidad, la pasión amorosa por Diego Rivera, la infidelidad de éste con su propia hermana, el sufrimiento que le provocan sus enfermedades, la imposibilidad de tener hijos y la necesidad de expresarse a través de la pintura.

Ficha técnica: Frida

Cine, Frida, 2,137 lecturas.

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