Seven

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 16 de abril de 2020
Cine, Seven
Seven

Investigar es indagar para descubrir, lo que implica averiguar, preguntar, analizar, sopesar, deducir y reflexionar, es decir, reunir información, estudiarla y llegar a conclusiones específicas a partir de ello. Es un proceso que implica observación y conocimiento, detenimiento y revisión; es abordar el objeto de investigación con una visión que vaya del panorama general y aterrice en el particular, basándose en los detalles, revisando elemento por elemento para agotar toda posibilidad de cada propuesta o las partes que la conforman.

En la investigación policiaca la criminalística adquiere gran importancia justamente porque pone el centro de atención en la búsqueda de indicios o detalles que conduzcan al esclarecimiento del crimen; desde luego la observación, la recopilación y sistematización de datos, la inducción y la deducción son parte del proceso que lleva a la formulación de hipótesis y teorías esclarecedoras de la verdad. Esto es lo que de alguna forma hacen los protagonistas de Seven (EUA, 1995), película dirigida por David Fincher, a partir de un guión de Andrew Kevin Walker. Protagonizada por Brad Pitt, Morgan Freeman, Gwyneth Paltrow y Kevin Spacey, la historia se centra en el trabajo de investigación de los detectives William Somerset y David Mills, el primero a punto de retirarse, el segundo un impulsivo e idealista recién transferido, cuando se topan con un asesino serial que toma como base los siete pecados capitales.

Su primer paso es dejar el análisis forense y de la escena del crimen a los policías correspondientes, para enfocarse en reunir información en lo relacionado al sello distintivo del asesino: los pecados capitales, entendidos como vicios que deben ser castigados, según significan dentro de la religión católica. Esto se vuelve vital para intentar entender quién es el asesino y cómo razona esta persona lo que está haciendo, o lo que es lo mismo, por qué lo está haciendo. La manera como está representado cada pecado dice algo de su estrategia y filosofía de pensamiento. Mata a un hombre obeso que no puede dejar de comer, como estandarte de la gula, por ejemplo, o mata a un fiscal de distrito corrupto, como muestra de la avaricia dentro del sistema judicial, que son sus primeros dos asesinatos.

Los detectives también se dan cuenta que hay pistas específicas relacionando cada crimen, más allá de la obvia interconexión. ¿Por qué las deja el asesino, por qué parece que los guía? ¿A qué juega, cuál es su fin último y cómo se ve él mismo en relación a la estrategia como ha planeado los crímenes?

Saben, evidentemente, que el responsable está planeando siete homicidios en total, de acuerdo con una lógica de sentido común, así que las preguntas importantes son: ¿cómo elegirá a su siguiente víctima? y, al mismo tiempo, ¿cuál es el objetivo final de sus acciones? ¿Castigar, sentirse superior, sentirse en control, ganar reconocimiento? Si se trata de pecados capitales se trata de castigo; el asesino es alguien que busca, conforme a su punto de vista, ‘justicia’ hacia aquellos que han cometido una falta. En corto, un fanático que escoge crueldad hacia otros por el simple hecho de querer herir, tomando como base las palabras religiosas, que precisamente repudian lo que llama ‘faltas’. El asunto entonces es indagar qué mueve a John Doe, el nombre de esta persona. ¿Se trata de una cuestión moral por los crímenes que observa en su entorno urbano, o lo mueve el simple deseo de matar y disfrutar de la adrenalina que esto le provoca? Según se aprecia, por como actúa, que se trata de una persona obsesiva, observadora, meticulosa, fría, insensible al dolor ajeno y sobre todo profundamente religiosa. Su actitud, y acciones, ¿obedecen a un intento de redención personal o son más bien resultantes de una patología mental?

¿En qué escritos se puede estar basando o qué libros ha leído, qué autores han abordado el tema de los pecados capitales y qué han dicho ellos al respecto, que puedan influir en la forma de pensar, de matar o de actuar de este sujeto? Información que los detectives necesitan desenterrar para comenzar a entender el caso, o dicho de otra forma, ir de lo general a lo particular, para luego brincar con esa información particular, al entendimiento general del todo.

“Borra tu impresión inicial. El truco está en encontrar un detalle y enfocarse en él hasta que sea una posibilidad agotada”, le dice Somerset a Mills, explicándole el proceso de análisis que deben practicar. Somerset también insiste que si el asesino está volteando el pecado al pecador, o castigándolo con su mismo pecado, por ejemplo, el hombre que representa gula muere de tanto comer, hasta técnicamente explotar su sistema digestivo, entonces parece más que una lección, en todo caso, un acto de atrición, que es el arrepentimiento del pecado por temor al castigo divino. Es decir, el asesino castiga, sintiéndose juez y verdugo; es alguien que entiende lo que hace y elige hacerlo, por el gusto de poder hacerlo, viéndose como un Dios que corrige y sanciona.

Mills, de carácter más impulsivo, parece adentrarse en cada pista con un ojo más simplista, concreto, que tilda en lo obvio. Somerset, con más experiencia, le dice que si el asesino se detuvo a trabajar cada escena del crimen, es por algo, así que los detalles deben significar algo, de ahí la importancia de analizar cada elemento hasta agotar el más mínimo detalle, porque sólo con esta información se generarán suficientes teorías, deducciones e información, como para poder llegar a conclusiones concretas después de unir las piezas. Gracias a ese acercamiento más metódico, exacto y paciente, características que de alguna manera comparte el asesino, Somerset concluye que sólo están recogiendo piezas. Las pistas llevan a otras pistas, lo que lleva a otras pistas, lo que lleva a un ciclo infinito. La solución sería anticipar el siguiente paso del criminal, pero para ello es necesario formular una secuencia en los pecados capitales y enunciar un posible perfil psicológico de la mente tras los asesinatos.

En un punto de la historia, los detectives debaten sobre el principal problema que afecta a la sociedad y que da paso a crímenes como los que investigan. Cuando Somerset habla de que cada pista lleva a otra pista y que sólo están recogiendo las ‘migajas’ que los criminales dejan a su paso (no encuentran al asesino, encuentran a las víctimas del asesino, así que lo que los detectives recogen son cuerpos, pistas, sangre y muerte), a lo que también se refiere es a la realidad general, sombría y desoladora, que ha presenciado durante toda su carrera: recibe un caso, resuelve (o no resuelve) el caso, recibe un nuevo caso y así sucesivamente.

La sucesión infinita de crímenes no parará, hasta que la sociedad lo haga, hasta que se reformulen los valores éticos que guían las relaciones sociales, pero para Somerset esto lo ha llevado a un punto de estancamiento, deterioro y desilusión. Ahora, que está a punto de la jubilación, la conclusión a la que llega es la decepción de toda una vida combatiendo el crimen, en la que, al final, le parece ahora, no ha ayudado a cambiar nada.

“No puedo vivir donde la estupidez se abraza y se nutre como si fuera una virtud. Simpatizo por completo, porque si no puedes ganar, si no ignoras todo y a todos los que te rodean, tú te vuelves como John Doe. Es más fácil fumar crack y no preocuparse de que tu esposa y tus hijos mueran de hambre, y tú no eres nada, no vales nada. Es más fácil golpear a un niño hasta que ese niño finalmente se calla, porque requiere mucho más trabajo amar. Y, si te detuvieras a pensar en el abuso y el daño, ¡estarías triste! La apatía es la solución. Quiero decir, es más fácil perderse en las drogas que hacer frente a la vida. Es más fácil robar lo que quieres que ganarlo. Es más fácil golpear a un niño que criarlo. Demonios, el amor cuesta: requiere esfuerzo y trabajo. No intentes enfocarte en cosas como blanco y negro, porque te quedarás ciego. No hay victorias y derrotas aquí”, es el discurso con el que explota Somerset.

Sus palabras analizan una sociedad en decadencia, en donde el camino fácil, el conformismo y la indiferencia permean y corroen. “Escúchate a ti mismo. Dices: ‘El problema con las personas es que no les importa, así que no me importan las personas’. Pero, si no eres parte de la solución…”, le contesta Mills, no convencido de que tirar la toalla sea ni la solución, ni la verdadera forma de pensar de su compañero. De lo que hablan es de una sociedad perdida, sí, en la que se les pide a unos cuantos que luchen para lograr un cambio, hasta que esas personas también se cansan y por más que quieran seguir corrigiendo errores, tanta crueldad, violencia y corrupción, a veces les hace desear claudicar.

Hay muchas formas de hacer que alguien pierda la cordura, la fe y las buenas intenciones: presionándolo, corrompiéndolo, cooptándolo o pisoteándolo. Su experiencia en el departamento de policía, donde hay más derrotas que victorias, lo hace con Somerset, y John Doe lo hace con Mills, cuando, al matar a su esposa, lo empuja a ceder ante su ira (el pecado capital que hace falta en su agenda) y lo obliga a dispararle.

¿Quién gana o quién pierde? Nadie, como dice Somerset. Pero aunque ‘todos los caminos lleven a Roma’, como dice el dicho, a veces el camino que se elige también es importante. Es aproximándose a las pistas desde otro punto de vista que finalmente la investigación arroja nueva información que permite dar con el paradero de John Doe. Esto lo hace cambiar su estrategia, lo que lleva a su arresto, lo que lleva a su muerte, y la muerte de la esposa de Mills ¿Pudieron las cosas ser diferente? Sí. ¿Pudieron ser mejores, pudieron ser peores? Investigar significa no saber lo que se encontrará al otro lado y ese es el reto más difícil de asumir. Lo sorprendente en el final de la narrativa es que la incertidumbre y el desarrollo de los acontecimientos están presentes como factores resultantes de la misma acción de los protagonistas, pues, por ejemplo, posiblemente Doe no se hubiera entregado a la policía si no lo hubieran ubicado su domicilio y entonces tal vez, sólo tal vez, no hubiera matado a la esposa de Mills. Y qué pasaría si éste no reacciona en forma impulsiva y controla su ira, o el detective más viejo es quien se deja llevar conscientemente y cobra venganza en nombre del joven. Interrogantes que no existen porque en la historia que se cuenta, así como en la vida real, el hubiera no existe.

Ficha técnica: Seven

Cine, Seven, 1,222 lecturas.

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