A bordo de una Combi

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A bordo de una Combi

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Escrito por Alfonso Villalva P. 06 de agosto de 2020
A bordo de una Combi

A bordo de una Combi

Alfonso Villalva P.

Las imágenes circulaban virulentamente por los medios de comunicación y las redes sociales. Los memes tampoco se hicieron esperar, así de normal estos sucesos en nuestras vidas. La historia ya la conocen casi todos.

En un vehículo de transporte público, popularmente llamado Combi, la imagen rutinaria del asalto a mano armada tomaba un giro insospechado cuando el conductor hace una maniobra y deja a uno de los dos asaltantes -el que amagaba con el arma- fuera de la jugada parado en la calle, y al otro -sin arma, encargado de recolectar el botín- dentro de la Combi, sorprendido y a merced, irónicamente, de las víctimas del asalto, quienes transformaron en segundos su miedo por furia, manifestada con una golpiza multitudinaria al frustrado asaltante.

La escena de barbarie no puede ser más elocuente. Cuando los argumentos y las instituciones se han agotado, solamente puede surgir el instinto, la fuerza de las entrañas y la manera más primitiva de dirimir controversias: a bofetadas, patadas, upper cuts y escupitajos, aderezados con una amplia letanía de insultos y epítetos brutales.

La justicia por propia mano. Un hecho emblemático que desde hace más de una década comenzó a reproducirse. Linchamientos, hogueras para quemar vivos a los delincuentes. La mano anónima de la muchedumbre que clama por defender sus escasas pertenencias ante un Estado fallido, ante autoridades incompetentes, ante policías corruptos, ante el lamentable nivel de recursos que impiden actuar a quienes aún tienen buenas intenciones.

Aunque parece novedoso por la frecuencia observada en los últimos días de turbas linchando presuntos delincuentes, lo alarmante es la profundización de la costumbre de las comunidades a buscar ese recurso ante el abandono sistemático de la autoridad. Piense por ejemplo en las autodefensas de Michoacán.

Más de una década. Cómo olvidar el incidente en San Juan Ixtayopan, Tláhuac, que motivó a Vicente Fox a remover a Marcelo Ebrard, entonces Secretario de Seguridad, bajo el Gobierno de López Obrador.

No, no, no. Querido lector, este fenómeno no es nuevo. Acaso es el mismo magnificado y reflejo de un mayor deterioro social, ante la creciente pobreza (post Covid se estima que habrá 10 millones más de pobres) que no parecemos comprender cómo mitigarla, la impunidad que ya se volvió cultura y el desdén de una sociedad acostumbrada a esas escenas.

Quemados, mutilados, golpeados. Hinchados, fracturados y vomitando sangre. Sin juicio previo, sin debido proceso, sin garantías individuales ni pruebas documentales. Con una voracidad tremenda por apoderarse de lo ajeno, con un vacío humano por dañar a otros para obtener dinero fácil. Con tanta ignorancia, tanto maltrato en su infancia, tanta maldad en las venas y una sociopatía sin remedio.

La mano de la justicia popular y anónima se cierne sobre una delincuencia que también ya se creyó punto menos que inmortal, y con derecho de violar, asaltar, traficar y matar, ante la mirada indiferente de políticos que van y que vienen cada sexenio, y solamente se ocupan de los casos de violencia que crecen incesantemente, en sus furibundos discursos, totalmente ajenos a la desgracia de perder a un hijo, una madre, la vida o el patrimonio.

La Combi de estos días es la vergonzante radiografía de una sociedad que ha perdido la posibilidad de contar con un gobierno eficaz en los últimos treinta años que cumpla con su misión elemental: procurar seguridad, justicia, salud y prosperidad para todos.

A más discursos que escuchamos, tenemos la certeza de que involucionamos cada vez más a ese ambiente de película de wild west, de sálvese quien pueda, con la desgracia a flor de piel, desprotegidos, apelando a la única defensa que nos dan nuestros puños, y con el sherif inútilmente disfrazado de autoridad construyendo discursos rosas en una realidad paralela pisoteando el camposanto de nuestras desgracias.

Vendrán tiempos peores (con casi 70 millones de pobres), si no sabemos recomponer y ponernos de acuerdo en lo fundamental. No hay fifís ni chairos, conservadores ni liberales. Solo hay mexicanos que claman que, al fin, de una maldita vez, puedan aspirar a un destino que no sea sucumbir a bordo de una Combi.

Twitter: @avillalva_

Facebook: Alfonso Villalva P.

 

A bordo de una Combi, 853 lecturas.

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