Un Collar de Perlas fue la Diferencia

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Un Collar de Perlas fue la Diferencia

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Escrito por Gerardo de la Garza Ortega 22 de noviembre de 2016
mujeres, valores, nativos, perlas, compañeros, exploradores, amigos

UN COLLAR DE PERLAS FUE LA DIFERENCIA

Por Gerardo de la Garza Ortega

Conferencista, Motivador y Director de MOTTIVARE

¡Hola!  ¿Cómo te va?  Mi estimado amigo y distinguido lector.  ¡Qué gusto saludarte!  ¡Espero que tengas un día excelente y maravilloso!  El día de hoy quiero compartirte una narración que me pareció interesante cuando la leí.

Dos exploradores andaban incursionando algunas aldeas en una isla lejana de la civilización, cuando se encontraron con una mujer que en cuclillas lavaba ropa en el río.

Era nativa de esa isla, y se notaba en sus rasgos, toda la etnia propia de estos lugares.  Rasgos marcados, con piel de color cobrizo, dorada muy seguramente, por su continua exposición a los rayos solares.

Uno de los exploradores se acercó a ella, ante la mirada estupefacta de su compañero, y le sacó plática, con la intención clara y transparente de querer conocerla mejor.

Ella le comentó que no estaba bien visto que ella cruzara palabra con alguien que no fuera elegido por su padre.  A lo que el explorador le dice que lo lleve con su padre, para platicar con él.

Ella accede, y lo lleva con su padre.  El explorador al estar frente a su padre, le dice que le gustaría establecer un vínculo de relación marital con su hija, y que le quiere pedir la mano de su hija en matrimonio.

El padre le dice que por cuál de las hijas decide él quedarse.  Porque tiene varias, unas más bonitas y con más virtudes que otras, y que eso le costaría, según su gusto por la chica de su preferencia.

¿Cómo le pagaría?  ¡Con un collar de perlas!, contestó el padre.  El número de perlas indica la cantidad de virtudes y el grado de belleza de la hija en cuestión.  Y la que me trajo con Usted, pregunta el explorador, ¿cuántas perlas cuesta?

El padre le dice que tres.  Pero que no se preocupe, que él le puede presentar a otras de sus hijas que tienen más valor.  Hay hijas que valen hasta 9 perlas.  Tú me dices, le contesta el padre.

El explorador, aferrado a ese amor a primera vista que lo cautivó, decide regalarle a esa primera muchacha que divisó a la vera del camino, en cuclillas, lavando la ropa, un collar de perlas…

El compañero de nuestro amigo, totalmente trastornado por la decisión de su compañero de andanzas, decide dejarlo, y emprender su viaje de regreso a casa.  Seguro que con la intención de contar a más de uno lo que acababa de vivir con su compañero.

Pero hete aquí, mi querido y distinguido lector, que pasa el tiempo.  El compañero, añorando y extrañando a su amigo, decide ir a visitarlo a esa isla remota.  Al llegar por el mismo camino, se da cuenta que llevan unos jóvenes sobre sus hombros a una mujer muy bella.

¡Qué extraño!, se dice para sí.  Se encamina a la aldea, y encuentra a su compañero de aventuras.  ¿Qué pasó?  ¿Cómo estás, amigo?  ¡Qué gusto saludarte!  ¿Cómo te ha ido con tu nueva vida?  ¿Estás a gusto?

¡Claro!  ¡Estoy mejor que bastante bien!  El jefe de la tribu me ha tratado a las mil maravillas, y estoy feliz de pertenecer a esta comunidad.  ¡Qué gusto!, le dice su antiguo amigo.

Y…, ¿qué más hay?  Mmmhh…, ¿Qué quieres saber?, le dice el ahora, nativo de esta isla.  ¿Me preguntas acerca de mi esposa?  ¡Sí!  Le contesta ansiosamente, su amigo explorador.  Pues, nada, solo que estoy feliz.

Es que al llegar vi que unos muchachos jóvenes llevaban a una chica, cargando sobre sus hombros, y me dio curiosidad por preguntarte.  ¿Era ella?  ¡Sí!, le contestó su amigo.  Efectivamente, ella es mi esposa.

¿Cómo es que era llevada en hombros?  Muy sencillo, le he dado una vida maravillosa.  Lo primero que hice fue regalarle un collar de perlas, como me lo pidió su padre.  ¿Te acuerdas?  Bueno, pues eso fue lo que hice…

Solo que hay un detalle muy importante en esto.  El collar que le regalé, era de 9 perlas, la he tratado como una mujer de 9 perlas, la he valorado como si fuera de 9 perlas, y ella ha respondido como si fuera de 9 perlas.

El saber valorarla, me ha dado muchos beneficios, y el padre está feliz conmigo.  Tienes que saber valorar a quien está contigo, y al darle el valor real que tiene, te vas a sorprender de lo que vas a lograr con esa persona.

Cierro como siempre, mis artículos en los periódicos, mis intervenciones en televisión, mis programas de radio, mis cursos y mis conferencias…

…y a seguir pataleando, ¡porque no hay de otra!

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