Cenote

Rollos RotosCésar Garza

Cenote

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Escrito por César Garza 13 de febrero de 2020
Cenote, Amtun, Rollos Rotos
Cenote

Amtun, un cenote diferente, lejos de la fama que tienen algunos otros en la hermosa península de Yucatán.  Los Cenotes más conocidos tienen su particular encanto y lo que tienen en común aparte de sus características geológicas es la explotación turística, en eso Amtun es distinto, se trata de un gran pozo de unos 20 metros de diámetro que aún no ha sido tocado por la industria invasiva del turismo; lugareños han montado una vieja escalera y algunas sogas que permiten a quien llega a este sitio, bajar a sus aguas, se encuentra a veinte minutos del camino de Felipe Carrillo Puerto hacia Chuhuhub, en Quintana Roo.

La palabra Cenote tiene su origen en el vocablo Maya tz'onot que significa pozo, en alguna ocasión se hizo una medición de este sitio en particular y se estableció una profundidad de más o menos 40 metros.

Para los Mayas, los cenotes eran lugares sagrados donde se realizaban ceremonias rituales, también representaban su fuente de agua, muchas ciudades mayas se asentaron en sus cercanías, el control de los cenotes y su agua afianzaba el poder de los gobernantes. En eso nuestras sociedades han cambiado poco, quien controla los recursos ejerce su influencia, ya sea económica, política o social.

El lugar está como a doscientos metros de la carretera, bastante cerca cómo para llegar caminando, pero lo suficientemente alejado cómo para aislarlo de los ruidos de la civilización, el silencio que lo envuelve es magnífico, es la selva que habla, sus aves e insectos, el rumor del viento, el de la tierra que te sigue en cada paso que das.

Llegas al borde, se trata de un perfecto pozo circular, la superficie del agua está como a cinco metros abajo, el agua está quieta, la ausencia del movimiento la convierten en un espejo perfecto, en su reflejo ves a los arboles superiores que circundan el cenote, con sus raíces a la vista que bajan en formaciones orgánicas que se confunden con las paredes de la caverna. Sacas una foto, se respira una paz perfecta, observas la escalera, tiene algunos peldaños rotos, evalúas si podrás subir, la bajada piensas hacerla por la vía rápida, sabes que el agua del cenote estará fría y que la mejor manera de entrar, es saltando.

Te descalzas y te quitas la playera, observas una vez más la selva a través del espejo, en sus orillas se da un efecto interesante, por una parte la transparencia te permite ver las paredes submarinas de la caverna, mientras que por otra, el efecto reflejante te muestra las paredes superiores que bajo ciertos ángulos se superponen para darte un continuo de imagen perfectamente simétrico partido en la superficie del agua.

Las entradas de luz atraviesan el espejo, franjas perfectamente definidas te permiten entrever desde arriba lo profundo del pozo, restas importancia a esa idea ya que sabes que para ahogarte solo necesitas dos metros, los otros 38 solo son una presión psicológica.

La soledad impone, se vuelve tu única compañera, tu confidente en estos momentos de comunión con la tierra, es tu testigo, es tu amante que no se cansa de salvarte la vida, la que siempre está contigo, la soledad que se convierte en tu persona, y tú en tu soledad, es el centro de un microuniverso que para ti reviste la mayor importancia, el de la comunión contigo mismo. Estás a punto de una inmersión al vientre materno, al de tu raza, desde los Irritilas del Norte hasta los Mayas del sur de éste tu hermoso México.

Cierras lo ojos, respiras profundo, haces un ejercicio de vivir tu futuro inmediato, vas a brincar, caerás a cuatro o cinco metros de la orilla, este primer brinco lo harás parado, lo más vertical que puedas para lograr una mayor profundidad en la inmersión, tomarás aire y te taparás la nariz, sabes que el tiempo que pase desde que dejes la orilla hasta llegar al agua será solo un instante, sentirás el golpe del agua en tus plantas, percibirás la fría bofetada del agua en todo tu cuerpo cómo una parte secundaria de la circunstancia, romperás la paz del espacio acuoso y lo atravesarás como Alicia lo hizo con su espejo, cruzarás la puerta del inframundo de tus ancestros,  tus sentidos estarán atentos a la profundidad que alcances, a lo que puedas observar en medio de la turbulencia y sus burbujas que te acompañarán fielmente, discernirás entre la oscuridad del fondo y la luz de la superficie, polos opuestos que se complementan, comenzarás a nadar hacia la luz solo cuando sientas que se te acaba el aire, en ese momento, patearás con todas tus fuerzas buscando alcanzar la luz, el camino te parecerá largo, es psicológico, pensarás, estarás revitalizado, casi más joven, renaciendo, te sentirás expulsado del seno acuoso de tu madre, la tierra y dando gran bocanada, respirarás.

Llegó el momento.

Cenote, Amtun, Rollos Rotos, 760 lecturas.

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