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Personaje. Cultura

Efraín Huerta, ‘El Gran Cocodrilo’ mexicano

AGENCIAS-EL SIGLO DE TORREÓN
CIUDAD DE MÉXICO, sábado 16 de junio 2018, actualizada 11:59 am

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Considerado uno de los más grandes autores mexicanos del siglo pasado, Efraín Huerta quien es evocado en el 103 aniversario de su nacimiento que se cumple el 18 de junio, es el personaje de la semana de quien se comparten algunos datos biográficos.

Uno de sus mayores aportes son los “poemínimos”, un género que inventó y bautizó como tal y del cual solía decir: “cada poema es un mundo. Un mundo distinto al nuestro. Un territorio cercado, al que no deben penetrar totalmente los frívolos, los desapasionados, los criticones”.

“Un poemínimo -definía- es un mundo, sí, pero a veces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada del Metro.

“Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no lo toques ya más, que así es la cosa, la cosa loca, lo imprevisible, lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera -y ya se te hizo-”.

Y es que el poeta tuvo una gran sensibilidad ante todos los fenómenos del mundo, atmosféricos o astronómicos, sociales y culturales, por los cuerpos humanos, la convivencia, los valores en crisis, la pobreza o la injusticia, recuerda su hijo David Huerta.

Para el también escritor, su padre “sabía ver, oír, gustar, oler y tocar el mundo, estaba muy presente, tenía, como decía su maestro Pablo Neruda, residencia en la tierra, vivía aquí con nosotros y sabía decirlo con las mejores palabras".

El Gran Cocodrilo fue “un hombre que vivió intensa y profundamente este país, que trató de entender a sus semejantes, los amó y se peleó con ellos continuamente y nos dejó una larga multitud de palabras que están en su obra poética”, añade en declaraciones difundidas por la Secretaría de Cultura del gobierno capitalino.

Efraín Huerta nació el 18 de junio de 1914, en Silao, Guanajuato, y llegó a esta ciudad cuando tenía 17 e ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria; tres años después ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con su perfil biográfico publicado en el portal electrónico cultura.ipn.mx, allí duró poco pues abandonó el estudio de Leyes para dedicarse a la literatura y el periodismo.

En 1935 publicó su primer poemario, titulado Absoluto amor, que se caracteriza por un lirismo amoroso; tres años más tarde fundó la revista “Taller”, al lado de Octavio Paz (1914-1998), Rafael Solana (1915-1992) y Alberto Quintero Álvarez (1914-1944).

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) recuerda que fue reportero, reseñista, cronista, editorialista, dibujante, crítico de cine y de teatro, impulsó la publicación Cuadernos del Cocodrilo, y presidió la agrupación de Periodistas Cinematográficos de México.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por su parte, destaca que además colaboró con publicaciones como Así, Comunidad, Diario de México, Diario del Sureste, El Corno Emplumado, El Día, El Fígaro, El Heraldo de México, El Mundo Cinematográfico, El Nacional, El Popular, Esto, La Capital, Metáfora, Nivel, Novedades, Pájaro Cascabel, Revista de Bellas Artes y Revista Universidad de México.

En sus obras escribió profusamente sobre el amor, percibiéndose en sus versos una ternura desolada no exenta de rebeldía.

Además, exploró el humor lírico a través de brevísimas composiciones que denominó “poemínimos” por medio de paradojas, ironías y acertados juegos de palabras que ofrecen una visión crítica y a la vez tierna de la realidad, consigna el sitio electrónico biografiasyvidas.com.

A lo largo de su trayectoria recibió múltiples homenajes, destacan el Premio “Xavier Villaurrutia” (1975), el Premio Nacional de Poesía (1976) y el Premio Nacional de Periodismo (1978).

También, recibió las Palmas Académicas (1945) del gobierno de Francia; la Medalla de la Universidad Autónoma de Chiapas (1978), y el Quetzalcóatl de Plata (1977), del entonces Departamento del Distrito Federal (DDF).

Efraín Huerta, quien falleció el 3 de febrero de 1982, en la Ciudad de México, es reconocido como “el poeta de la ciudad” por los numerosos versos que escribió sobre la capital del país.

“Sin el gran amante de esta urbe, quizá la Ciudad de México se sentiría despechada y no amada”, expresó en alguna ocasión el secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín.

Entre sus obras figuran, además, Los hombres del alba (1944), La rosa primitiva (1950), Los poemas de viaje 1949–1953 (1956), ¡Mi país, oh mi país! (1959), El Tajín (1963), Los eróticos y otros poemas (1974), 50 poemínimos (1978) y Poemínimos completos (1999).

Ejemplo de su poesía amorosa es Voces prohibidas, donde reza:

“Más despacio que nunca, casi agónicas,/marchan y duelen estas voces o estrellas./Húmedos pies descalzos, breves pieles,/ dulce origen, impío desorden. /Voces que purifican lo que tocan. Voces todo milagro. Suaves voces de amor.

Voces para decir amor toda la vida/y todo el santo día y a la lenta distancia/de una noche de sueño, amor y voces...”

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