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domingo 03 de febrero 2019, actualizada 9:51 pm


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Prueba de fuego

Alejandro Gertz Manero no lo sabía, antes de aceptar la responsabilidad de la Fiscalía General. Nadie sabía que el primer gran reto del nuevo Fiscal General de la Nación sería resolver el caso de casi un centenar de muertes por quemaduras, (hasta el momento en que esto se escribe). Una verdadera prueba de fuego, si consideramos todas las variables que incidieron en el reciente y funesto acontecimiento en Tlahuelilpan, Hidalgo, donde se dieron cita con la muerte hombres, mujeres y niños de todas las edades, quienes respondieron a una voz que resonó no sólo en habitantes de Tlahuelilpan, sino en los poblados aledaños: ¡Gasolina gratis! ¡Están regalando gasolina! En un santiamén el lugar estaba abarrotado, y la gente con bidones y cubetas, gozosos, alegres, riendo como chicuelos, quizás intoxicados por los vapores, salpicaban, se bañaban con gasolina, hasta que de pronto una inmensa llamarada surgió de las entrañas del ducto con un estallido de trueno que resonó por los aires y ensordeció a quienes al instante se convirtieron en antorchas humanas; entonces la romería se convirtió en el apocalipsis para ellos.

¿Culpables? ¡Eso, precisamente eso es lo que la Fiscalía General de la República debe aclarar y actuar en consecuencia! Versiones varias están a la orden del día: que la ropa sintética, que una chispa de uno de los carros cercanos, que algún fumador, que los verdaderos y grandes huachicoleros provocaron el incendio porque no les convenía; en fin, este accidente es sólo una arista de una gran poliedro que, igual que el cubo de Rubik, habrá que poner en orden, si se quiere realmente ganar la guerra anti-huachicol emprendida por el gobierno actual como parte de una de las muchas acciones por realizar contra la corrupción de Pemex.

Pero ¡Atención! cabe aclarar que las víctimas del accidente en comento, no necesariamente se dedicaban al huachicoleo, fue la suerte artera quien los condujo a su trágico sino. Los verdaderos huachicoleros son quienes roban y trafican grandes cantidades combustible que ellos mismos extraen de los ductos o mediante el secuestro de pipas; y que, según los estudiosos del tema, en el huachicoleo se cuentan alcaldes, gobernadores, empresarios y obviamente los cárteles del crimen organizado. Huachicoleros hay como los tamales: de chile, de sal y de manteca; no importa edad, raza, sexo, credo político o posición social; y culpables los hay por omisión y por comisión.

Los críticos de AMLO se han enfocado en la estrategia,” fallida” desde su punto de vista, porque produjo desabasto y ahora le quieren cargar los muertitos de Tlahuelilpan, inculpando también a los miembros del ejército que en ese momento estuvieron presente y que intentaron disuadir a quienes hacían lo indebido. ¿Qué más podían hacer los soldados? ¿Repeler la agresión? ¿Retirar por la fuerza a una turba enardecida? Nadie en su sano juicio podría ni intentaría hacerlo.

El huachicoleo: “Un trompo a la uña” de Gertz Manero, pues no sólo es vincular a proceso a los grandes capos del crimen organizado, sino también a políticos, ex directores de Pemex, y al líder petrolero del Pemexgate (2001), Romero Deschamps, exculpado por el propio sistema que lo engendró, protegió y alimentó durante más de dos décadas.

Pero eso no es todo, habría que adentrarse en las refinerías donde el huachicoleo es tres veces mayor que el que se hace ordeñando ductos. La periodista Ana Lilia Pérez señala en su libro “El cártel negro” que la Secretaría de Marina detectó el trasiego de combustible en altamar, y que de las plataformas del Golfo de México, salen buques de Pemex con carga equivalente a 20 pipas terrestres, y comercian combustible que luego es llevado a tierra para una venta paralela a la oficial.

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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