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martes 12 de marzo 2019, actualizada 9:34 pm


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Gangrena social patente

Los grupos delincuenciales, entre ellos los huachicoleros, hoy están como los virus, regenerándose. Por lo pronto se agotó el venero que les daba ganancias como a nadie en el país, la historia de robar a Pemex, tan amplia, ahora pudiera terminar. Pero los malos ahora diversificarán forzosamente su línea de actividades, no se quedarán con los brazos cruzados, ya se enviciaron en vivir opíparamente a costa de los demás.

El secuestro, asalto, la extorsión y la venta y tráfico de narcóticos estarán de nuevo en la vitrina de los que cambiarán de giro delictivo. Y es que no puede haber otra posibilidad.

Es entendible que desde la llegada del neoliberalismo salinista muchos grupos quedaron marginados de evolucionar hacia una mejor manera de vivir, los grupos empresariales se compactaron y unos cuantos se hicieron inmensamente ricos; en cambio la gran mayoría se quedó al margen de lo que pocos, muy pocos, ahora tienen. La viabilidad de las clases emergentes se truncó. Ni tuvieron una escuela de calidad, ni una capacitación profesional, nulas oportunidades; por el contrario, se les llenó de imágenes consumistas y los medios electrónicos, sobre todo, les dieron una visión de un consumismo absurdo. Se perdió la esperanza de alcanzar un mejor lugar en la sociedad, la clase media baja y baja se hundieron en una desintegración que fue el terreno propicio para buscar una puerta para alcanzar aquello que la sociedad elitista les negaba. Apareció el crimen organizado captando cientos de jóvenes que se deslumbraron por lo fácil que era conseguir dinero contando con la protección de capos y autoridades coludidas. Esa generación, hoy, perdida en sí misma es quien paga los costos de un sistema que solo daba oportunidades a corruptos y delincuentes de cuello blanco.

Esa es la realidad que no es otra cosa que una gangrena de miembros sociales que se perdieron, pero que hacen daño a otras partes de la sociedad. Hoy, el gobierno de AMLO... Sus propuestas no serán tan halagüeñas como él las ve. La violencia ya desbordada, la ineficacia de sus colaboradores y sobre todo el deseo de ser él el factótum de la vida nacional podrá llegar a ser la entrada a una jaula de donde no se podrá escapar.

Por lo que vemos en el ánimo del presidente, hay mucha impronta, verborrea lenta y torpe, afán de revancha más que de componer las cosas. El sol brilla solo unos minutos en la ruedas matutinas, el gabinete es solo una pastorela casi muda e inmóvil. Todo lo quiere hacer el jefe del Ejecutivo. Muy mal, ese tren y tono de las cosas de gobierno así pronto van a colapsar. Ya hay mucho desgaste en sus declaraciones, muchas veces son improvisaciones y solturas de boca que luego tiene que rectificar. Se ve que el populismo va a aflorar, pero no así la seriedad de un trabajo coordinado, eficaz y serio. No se puede esperar mucho de quien todo lo quiere como lo piensa; descalificar es su mejor arma. Fifís, conservadores... Poco a poco va perdiendo referencias reales. Es un gobierno que mezcla una de cal por dos de arena y mientras el crimen organizado afina sus nuevas tácticas. La presión social es cada día más patente y las autoridades se mueven muy lejos de la gravedad de los problemas. AMLO ya hasta les reclamó a los académicos que no hayan transformado al país. Rechaza el conocimiento, el análisis y la confrontación de argumentos. Solo lo que él piensa e imagina es lo correcto. Así no llegaremos lejos.

Miguel Ángel Hernández

Torreón, Coah.

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