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jueves 21 de marzo 2019, actualizada 10:19 pm


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Mejor es corregir que lamentar

No hay día en que no lea en algún periódico o escuche yo en alguna estación radiofónica el clamor, la protesta de mujeres que han sido víctimas de la violencia intrafamiliar y/o de madres, generalmente solteras, quienes entrevistadas por los medios lamentan la grave situación que por decisión del presidente López Obrador está afectando negativamente sus vidas, dando al traste con la procuración de ese estado de bienestar que tanto pregona el primer mandatario para los sectores sociales más vulnerables.

Ante un acto generalizado de corrupción en los envíos de recursos destinados a las estancias infantiles del país y a refugios para mujeres, víctimas de la violencia intrafamiliar, AMLO decidió cortar por lo sano y, prácticamente, cerrar estos programas de apoyo.

Grave es la situación para las mujeres que tienen que salir a trabajar y no tienen con quién dejar a sus hijos; igual de sombrío se torna el futuro para las mujeres que habiendo sido violentadas por su cónyuge han abandonado el hogar y se han refugiado en estos centros donde son atendidas por profesionales en salud mental.

Decisión tajante e impulsiva, casi visceral diría yo, es la que ha tomado el presidente AMLO, en aras de la purificación de estas organizaciones sociales civiles, quienes a su juicio estaban en estado pútrido, corruptas hasta la médula. Pero… ¿Por qué han de pagar los platos rotos los menores de edad, quienes ahora se ven privados de un ambiente propicio para su sano crecimiento y desarrollo? ¿Qué culpa tienen las mamás que por necesidad tienen que dejar en manos de puericulturistas a su hijo para asistir a su trabajo? ¿Y qué harán las mujeres que están amenazadas por sus exparejas o cónyuges?

Se dice que la cuerda se rompe siempre por lo más delgado, y en este caso el punto más débil es el último eslabón de una cadena que en el extremo opuesto hay (o había) gruesos eslabones, poderosos y corruptos que se quedaban con una buena tajada de los recursos asignados a estas organizaciones.

AMLO se fue por la vía más fácil: cerrar los programas, en lugar de fincar responsabilidades por corrupción a quienes se les comprobara su delito. Una decisión poco inteligente la de apoyar individualmente a los beneficiarios de estos programas.

Mejor sería para AMLO y para todos los afectados dar marcha atrás a esta medida que denota poca sensibilidad humana, contraria a lo que se esperaba, dadas las expectativas generadas durante su campaña como candidato presidencial.

Mejor sería para todos que cada decisión fuese analizada concienzudamente no solo por sus asesores, sino por representantes de los sectores involucrados y elegir entre todas las alternativas la menos peor, la más efectiva, la más viable, la que no afecte negativamente a grupos vulnerables de la sociedad; y en casos de sospecha de corrupción, investigar a fondo y extirpar el tumor, en lugar de matar al enfermo.

Mejor es corregir que lamentar; reconocer que se ha equivocado lo hará ver más humano; por el contrario, sostener una medida antipopular para mantener incólume su ego solo traerá descontento, infelicidad, intranquilidad, rencor y otros sentimientos negativos que harán que la luna de miel entre Gobierno y gobernados se torne luna de hiel, llena de pena y de amargura.

¿Dónde está el “mejor presidente del mundo”? ¿Dónde quedó el presidente bonachón que predica el amor y la concordia? ¿Dónde está el demócrata, que dice que el pueblo es sabio; y que ahora que el sabio pueblo pide se corrija una decisión, encuentra cerradas las puertas del diálogo?

Creo que en el equipo del señor presidente hay asesores mal intencionados que susurran al oído de AMLO, justo lo que no es conveniente para el pueblo. ¿Acaso estará durmiendo con el enemigo?

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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