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EDITORIAL

Marcha anti-AMLO... civilidad o radicalismo

Metáfora ciudadana

Luis Alberto Vázquez Álvarez
sábado 11 de mayo 2019, actualizada 7:36 am


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"No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores"— Mahatma Gandhi

Cuatro grandes marchas en menos de un siglo cambiaron el rostro de la humanidad logrando resultados sorprendentes que transformaron la historia moderna: Entre marzo 12 y abril 6 de 1930, Mahatma Gandhi, protagonizó por 300 kilómetros, seguido por decenas de miles de hindúes, la "Marcha de la sal"; protesta pacífica decisiva para la independencia de India. El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King convocó la "Marcha sobre Washington"; doscientas mil personas, a la sombra del monumento a Lincoln escucharon el histórico discurso "Tengo un sueño". Dicha acción cívica produjo las Leyes de Derechos Civiles y del Voto que prohibían la segregación racial y concedían igualdad a todos los norteamericanos. Noviembre 4 de 1989, casi un millón de alemanes del este exigen profundas reformas políticas; ello significó la caída del muro de Berlín y la unificación de las Alemanias. Entre 2010 y 2013 ocurrió la "Primavera Árabe" millones de ciudadanos en varios países exigieron de desaparición de las dictaduras; resultado inmediato: democracia en Túnez y Egipto.

Lo que destacó estos movimientos fue que todos perseguían beneficios, bondades y derechos para la inmensa mayoría; no buscaban perpetuar privilegios de unos cuantos ni obtener en las calles lo que habían perdido en las urnas; por ello involucraron a millones de personas, además, no procuraban destruir, sino construir, por lo que sus consignas eran vitales, no ofensivas ni mortales. Los encabezaban líderes carismáticos, incólumes, sobre los cuales no pesaba sospecha alguna ni habían sido políticos corruptos. Eran originales, no copiaban patrones de otros países; no exageraban el número de participantes, no buscaban publicitarse por supuestas amenazas, pero sobre todo, tenían un plan sociopolítico y una finalidad auténtica.

Amante de la dialéctica, estoy convencido que a todo final corresponde un principio y que toda tesis encuentra su antítesis para convertirse en síntesis y continuar infinitamente ese destino. Cuando AMLO ganó la presidencia lo entendí justo como una nueva tesis. Cuando el pasado domingo varios miles de mexicanos se manifestaron contra el actual ejecutivo federal en diversas ciudades, creí que estaba naciendo su antítesis. Ahora vendría una síntesis que se volcaría en una sociedad organizada, honesta, crítica pero veraz y con perspectivas para obligar al gobierno a actuar positivamente. Pero ¡oh, decepción!: ninguna de las premisas fue correcta y regresamos a lo de siempre, a la cuenta larga, muy larga.

Esta marcha ofrecía a mucha gente sincera, no radicalizada ciegamente, una oportunidad de ejercicio cívico, una muestra de lucha por la democracia y una prueba esperanzadora de que el pueblo no está ciego. La inmensa mayoría de los asistentes lo hicieron por convicción civil, pero: tristemente no se presentó una sola propuesta propositiva a favor de México; los manifestantes se colocaron en el mismo nivel de agresión del presidente, quien insulta y hostiliza sin argumentos, mintiendo, trumpeando; pero, ¿dónde estuvo la diferencia de los marchistas con él?; se colocaron justamente en su mismo nivel; Tu nos insultas nosotros te insultamos; tú nos mientes nosotros te mentimos. Lo que debió nacer con racionalidad, se ejecutó visceralmente, surgió una marcha revanchista, reactiva. Si querían dar una lección a un presidente provocador, todo se fue por la borda cuando afloraron ofensas e intereses espurios que eclipsaron los valores éticos y ciudadanos. En un balance final, no lograron arrancarle un solo adepto, pero sí encresparon más el ambiente nacional; muchos defensores de la marcha se ciegan creyendo que ganaron; pero todos perdimos.

Exigir la renuncia de AMLO es ignorancia legal; pero que rinda cuentas es correcto y cívico. "Así no Pueblo" (a muchos de los manifestantes les molesta ser llamados "pueblo"); mentiras e injurias basadas en falacias, en lugar de ganar simpatizantes generan odios y enfrentamientos irracionales; se atacó más a la persona que a sus acciones erróneas. Carteles agresivos y clasistas como: "gente con cerebro no votamos por AMLO" (idéntica visión aristocrático-porfirista: "gente de razón" e "indios"). ¿Realmente se justifica acusar a AMLO de "asesino" porque los hospitales no tienen medicinas? ¿Él propició el megarrobo de la clínica 16 del IMSS en Torreón? ¿Exigir deje de criticar al poder judicial, esa canalla corrupta que libera delincuentes que salen a seguir matando? Me pregunto si la gente honesta que apoyó esta marcha está de acuerdo con que estas mentiras y agravios sigan prevaleciendo y nos envuelvan en un tormentoso mar, hoy de gritos, mañana... sabrá Dios.

A mi juicio afectó negativamente a esta magnífica promoción ciudadana, que, en lugar de sumar para crecer, sumaran para restar al permitir a políticos aborrecidos ser figuras primeras. Creer en este grupo venezuelizador de México es retroceder históricamente; está inmersa en él una "casta político-cortesana" disfrazada de participación ciudadana. Ninguna persona con un mínimo respeto por la verdad se sumaría; yo, así, jamás apoyaré. Tampoco me inclinaré por el Peje; lo criticaré en lo que crea que verdaderamente pueda dañar al pueblo; seguramente habrá millones de mexicanos que piensen igual. Para cada uno de estos inicuos grupos, su oferta es el paraíso y el contrario conduce al infierno, pues yo me quedo en el limbo; ese limbo que exige actuar política pero responsablemente. Sí, debemos manifestarnos, mucho, pero con verdades, con autenticidad, tal como sentenció Jesucristo: "La verdad os hará libres" no la truquemos, digámosla íntegra...

Espero que el presidente no vaya a agraviarnos con una contramarcha; ya escuchamos que hasta felicitó a los manifestantes; así déjelo...

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