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EDITORIAL

Rumbo al estertor jurásico

Agenda ciudadana

Luis Alberto Vázquez Alvarez
sábado 29 de junio 2019, actualizada 7:40 am


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Concluida la revolución mexicana, tras la muerte de los grandes líderes, llega al poder Álvaro Obregón (1920-24); entrega momentáneamente a Plutarco Elías Calles la presidencia (1924-28); distorsiona el apotegma maderista cambiándole una coma: "Sufragio efectivo NO, Reelección"; y consuma su sueño tiránico en julio de 1928. Una serie de balas de diferentes calibres y empuñaduras evitan su regreso al máximo cargo nacional. El país queda enfrentando una profunda crisis de identidad política. Llegado es el momento en que, el creador del sistema político mexicano del siglo XX, Calles, asevere: "México debe pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de país de un hombre a la de nación de instituciones y leyes" y crea el Partido oficial (Nacional Revolucionario (1929) de la Revolución Mexicana (1938); finalmente Revolucionario Institucional (1946); el mismo adefesio, pero con diferentes disfraces.

Una década después, Manuel Gómez Morín, uno de los siete sabios de México, tras una fructífera vida política ligada totalmente al "Callismo" funda al Partido Acción Nacional. Para muchos estudiosos de la historia nacional, esa acción logró consumar la perfección del programa político del "Maximato": Democracia fingida con un partido de oposición, fundamentalmente de derecha. Idéntico a las grandes naciones; por lo que no escapa a la sospecha de que fue utilizado y que ya desde entonces, podría hablarse de PRIANISMO.

El PRI nace con la efigie perfecta de los partidos de las dictaduras de moda; agrupación de masas, donde el líder del estado lo es simultáneamente del partido y cuya férrea voluntad es única e irrebatible; se compone de corporaciones populares sectorizadas por actividades y abarca el universo social y económico en su interior, existe una diferencia somera del presidente mexicano con el "Führer" alemán, "Duce" italiano, "caudillo" español y dictador soviético, estos son vitalicios: el mexicano es sexenal; por lo demás, sus poderes son absolutos.

Pronto la aristocracia priista ocupa los otros dos poderes constitucionales y todos los gobiernos subalternos, la división gubernativa está escrita legalmente, pero jamás respetada. Esa aristocracia se convierte en dinástica: familiar (sucesión de padres a hijos en cargos) y de compadrazgos y amistades; surge una auténtica casta impermeable donde los de arriba jamás bajan y no se permiten los ascensos de los "mugrosos" como tampoco se comparte el poder con otras corrientes políticas o ideológicas. La familia revolucionaria enriquece rápidamente mediante el saqueo de las arcas; el apoderamiento de riquezas naturales; auto-exención de impuestos y venta del país al extranjero. Desde el presidente de la república, hasta los regidores del más humilde ayuntamiento municipal hicieron fortunas, pasando por los funcionarios de los tres niveles, prácticamente sin excepción alguna.

Por setenta años el sistema supervive intacto, monolítico; pequeños vendavales apenas sacuden los vidrios del robusto edificio, aquí no pasa nada; los cambios estructurales terminan en el Cerro del Fraile en Monterrey y en Lomas Taurinas en Tijuana.

Es el mundo entero quien cambia, caen dictaduras y Latinoamérica empieza a democratizarse. México debe variar su rumbo, ligera, muy ligeramente, pero algo debe hacerse. Sacrificar alguna pieza para seguir en la jugada y con el tablero completo… Ah, el hermanito menor, ese que por años ha luchado incansablemente con personas honesta e ingenuas que creyeron que había juego democrático, ese servirá una vez más al sistema callista; total, tiene el mismo el origen. Suman al PAN algunos de sus deshonestos militantes e impele a un ineficiente bocón que promete acabar con "tepocatas, alimañas y víboras prietas". Le presta el poder por 12 años y para evidenciar que la oposición es fatal, le provoca fracasos enormes buscando demostrar que lo mejor es el modelo original. Recupera así el PRI el poder en 2012. Pero este Frankenstein ha perdiendo su atractivo e inmediatamente cae ante King Kong que lo desgarra.

Resultan más que paradójicos, además de inverosímiles, los desmembramientos del PRI y del PAN en procesos internos; en los venturosos años del poder omnímodo, la decisión de quien encabezaría a esos partidos eran actos de sumisión a la decisión presidencial. Ahora es una lucha terrible por la posesión de los despojos; la salida de grandes figuras, no se da por oposición a la imposición; no, eso siempre ha sido; son pretextos simples para cambiar de bando, según ellos con "cierta dignidad" pero a nadie engañan.

El problema es que por décadas utilizaron a miles de operadores barriales, generalmente mujeres humildes, que les hacían el trabajo nauseabundo; esos que no valían nada como seres humanos; solo eran objetos que conseguían votos y llevaban acarreados a mítines y eran desechados en cualquier momento; lo mismo que los sindicalizados a los que se anotaban en las listas del INE como afiliados sin que ellos lo supieran; simples números sin dignidad, objetos comprados con despensas, descuentos en agua y perdón de multas, esos hoy se quedan en fosas comunes, ahora son personas frustradas y sin rumbo ya que habían hecho de la actividad política sus vidas y modus vivendi.

¿Desaparecerán todas esas empresas antidemocráticas que compran votos gracias a la pobreza, ignorancia y hambre del pueblo? ¿O estaremos condenados como Sísifo a arrastrar siempre cuesta arriba la tremenda piedra de la indignidad democrática sin esperanza de decidir nuestro destino libremente? Es decir; los nuevos partidos, los que surjan de las divisiones de Morena que en breve va a fraccionarse, pero no por los fakes news de torpes amlofóbicos que inventan pleitos entre el presidente y la cúpula del partido o porque anda en amoríos con una joven, eso es ridículo, si no por ambición política-económica; ¿ocuparán esos nuevos esperpentos los mismos esquemas prianistas de control popular y burla a la dignidad de los mexicanos?

El PRI y PAN no van a desaparecer totalmente, aunque sus mausoleos están listos y el agujero abierto, se convertirán en fantasmas mendicantes que deambularan erráticos, fingirán ser oposición y se difuminaran como tantos otros adefesios del panorama histórico.

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