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Nacional

Amarga respuesta tricolor

AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, lunes 12 de agosto 2019, actualizada 7:33 am

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A 13 meses de su peor derrota electoral, ayer domingo, el PRI se aventuró en su primer experimento de democracia interna, al renovar en urnas a su dirigencia nacional, pero se le aparecieron acusaciones de ratón loco, carrusel, taco de votos y las urnas embarazadas.

Esa fue la realidad que se vivió en redes sociales, ya que oficialmente el saldo fue uno: cero impugnaciones y ni una prueba.

Los señalamientos vinieron de nuevo desde el sureste, en Yucatán, pues su exgobernadora Ivonne Ortega, candidata a la dirigencia y quien quedó en segundo lugar con 15.2 % de preferencias, según las tendencias, se convirtió en la principal denunciante del supuesto fraude en el tricolor.

El partido no se inmutó. No valen denuncias sin pruebas ni pronunciamientos mediáticos, sostuvo anoche, al término de la jornada, Abraham Güemez, secretario técnico de la Comisión de Procesos Internos. "No podemos generalizar por algún abuso, omisión o falta de cinco, 10 o 20 [militantes]", dijo.

El proceso fue "aceptable", certificó Rubén Escajeda, presidente de la Comisión Nacional de Procesos Internos.

Así se cerró el primer día de la democracia priista -aunque hubo un primer y olvidado intento de elección interna en 2007, entre Beatriz Paredes y Enrique Jackson- sin nada más que decir que un PRI de cero impugnaciones.

Se regatearon datos sobre el porcentaje de la participación que indicó cuántos de los 6.7 millones de priistas empadronados acudieron a las urnas. Aun así, la apatía se perfiló como la principal dolencia del proceso tricolor, que, de tener la Presidencia del país, se convirtió en la tercera fuerza política que aún no despierta interés ni de los suyos.

No votó ni su presidenta nacional, Claudia Ruiz Massieu, quien se acuarteló en la Ciudad de México para dar seguimiento al proceso. En todo el país sólo se acreditaron 32 observadores.

El nivel de participación "fue muy bajo", reconoció Lorena Piñón, la tercera en discordia por la presidencia priista. Lo atribuyó a que "todo parto es doloroso" y que el PRI vive uno en su transformación. Por eso, Piñón levantó la mano de Moreno Cárdenas y llamó a la "operación cicatriz".

Mientras las tendencias le dieron solo 3.9 % de votos, se aventuró a decir con desinterés hasta por impugnar y defender sus votos que -como dice el ya clásico dicho obradorista: "Nosotros tenemos otros datos"- tenía 12 %.

Gobernadores y legisladores pretendieron dar el ejemplo y salieron a votar con la esperanza de que las masas lo hicieran. "Somos los más demócratas (...) Ha sido difícil que se entienda", reconoció Miguel Ángel Osorio Chong.

Omar Fayad, mandatario de Hidalgo; Alejandro Murat, de Oaxaca; Héctor Astudillo, de Guerrero, y Quirino Ordaz, de Sinaloa, salieron a demostrar que el PRI puede ser democrático y a "jalar" el voto, como en los viejos tiempos, pero al parecer no resultó. "No nos entienden", diría Osorio Chong.

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