16 de septiembre de 2019 notifications
menu desktop_windows
Enlace copiado

Las cantinas son parte indiscutible de la cultura de una ciudad o país, son recinto que por mucha vida nocturna al modo moderno que existe ahora, no desaparecen, son las pioneras en ser lugares de encuentro, siempre han estado presentes como testigos silenciosos y discretos de muchas charlas y del paso del tiempo en una ciudad.

Una de esas cantinas con 102 años de tradición es el Salón Versalles, ubicado en la Degollado esquina con avenida Allende, y el cual, se creó en 1917, según cuenta la repetida referencia que, comentan los que a través de la historia siguen concurriendo este lugar, señalaba uno de sus dueños, el señor Bernabé Torres Venegas, quien además fue célebre por su duro carácter, ya que no dudaba en correr a los que pretendían hacer desordenes para así mantener el buen ambiente.

Siendo joven, don Bernabé Torres Venegas solía recurrir al Versalles, y en una oportunidad dentro de una plática entablada con el que fuera dueño del lugar, un señor de apellido Ulloa, logró comprar la cantina en 1945. Desde entonces hizo del Versalles su segunda casa.

LA BOTANA Y LOS ENCUENTROS

De manera diaria, don Bernabé ofrecía ricas botanas a sus clientes, como mole poblano, chicharrón de pella, caldo de camarón, consomé de gallina, paella, tacos y tripitas. Además agitando la clásica coctelera de acero, preparaba una bebida legendaria, su propia versión de Gin Fizz. "Vuelve a la vida", según contó Benjamín Aboytes Morales conocido como "El Gigio", quien durante más de cuatro décadas fue cantinero en el Versalles.

Ahora, al menú se agrega la acertada carne asada, enchiladas, y un delicioso chamorro que sirven los viernes.

Aboytes Morales describe que en este lugar, aún se observan en las mesas personajes de la vieja guardia, quienes semana con semana se reúnen, coincidiendo ahora con varias generaciones más.

"A este lugar aún llegan viejos que solían venir de jóvenes y ahora también acuden sus hijos e incluso sus nietos, por esta cantina han pasado un sin número de historias, muchas anécdotas, aquí se han hecho relaciones muy largas de amistad, también el Versalles ha sido testigo de negocios que, en la convivencia con su botana y sus bebidas, venían aquí a plantear diversos licenciados, comerciantes, ingenieros, entre otros empresarios que aquí se daban cita", menciona.

De igual forma, el señor Benjamín, quien desde hace 48 años ha sido parte de la historia de esta cantina, refiere que el lugar tuvo remodelaciones.

Recuerda que en los primeros años, el baño era una lata con hierbas, si, una lata, como se usaba antes en cualquier otra cantina, y donde los varones "hacían de las aguas". También detalla que solo se contaban con siete mesas donde llegaban los clientes, la barra era más pequeña, y fue en 1990 una de las grandes remodelaciones, donde el espacio de la cantina se hizo más amplio montándose más mesas y haciendo un poco más larga la barra. "Hacia finales de los años 80 y principios de los 90, llegaron nuevos propietarios, que para dicha de los parroquianos, conservaron el 'sabor' del lugar, un sitio de encuentro con los amigos, con su cerveza de barril bien fría, su botana y un largo espacio para la charla", ostenta.

UNA CANTINA TRADICIONAL

Al ingresar al Versalles se puede observar que únicamente hay varones, y aunque el servicio no le es negado a ninguna mujer que ha llegado a entrar, aún conserva su sentido de ser concepto original de cantina que remite a una tradición mexicana exclusivamente masculina.

Miguel Aboytes Guerrero, quien desde pequeño acompañaba a su padre el señor Benjamín, al trabajo, hoy en día es el encargado del lugar como una misión confiada por el actual dueño, el ingeniero Jorge Villarreal, señala que son los mismos clientes, los varones, quienes si alguna dama osa entrar, recibirá tal vez miradas de incomodidad hacía ellas por parte de algunos de los clientes.

Lo anterior, dice, es porque para los caballeros este salón es el recinto donde pueden estar solo ellos, para despejarse, sin prejuicios, es su confesionario, su lugar de encuentro con sus amigos.

"Nosotros no le negamos a nadie el servicio, si han llegado a entrar mujeres, se están un rato y luego se van, no duran mucho porque son los mismos clientes, los caballeros que nos visitan, a quienes se les nota la incomodidad de ver a una dama entre las mesas, y no por machistas, es solo que ven a este lugar como su espacio, como el lugar de encuentro con sus amigos, donde pueden hablar de los que sea, sin inhibirse ante la presencia de una mujer", señala.

Asimismo menciona que en este salón, el cual abre sus puertas a las 12:30 del día, se siente una vibra cálida, como si estuvieran todos en familia, conviviendo sanamente entre amigos.

De igual manera señala que en aquella época en la que la violencia azotó a la región, el Versalles se manejaba a puerta cerrada.

"Si alguien quería ingresar pues tocaba, se preguntaba quién era, si era conocido entraba, fue una época muy difícil para todos, para este salón como negocio, pero sobre todo por el cuidado de la integridad de nuestros clientes, pero afortunadamente salimos a flote, con la violencia ya fuera de la ciudad", recuerda.

LOS VISITANTES DEL VERSALLES

Al Versalles, acuden a la hora de la comida para aprovechar la especialidad del día; otros para despejarse del estrés laboral diario; otros más tratando de encontrar un espacio donde puedan contar sus historias; los de la vieja guardia, al encuentro de sus añejos amigos; unos más van solo de vez en cuando, tal vez para salir de la rutina y algunos más, sobre todo los jóvenes, concurren como parte de la novedad, para conocer estos lugares y saber qué se siente estar en uno, y quienes han ingresado describen que es una experiencia relajante y además se adquieren nuevas historias que contar para la vida.

¡LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS!

Aboytes Guerrero menciona que muchos de los clientes si se toman una o hasta cinco copitas, pero otros más si son de carrera larga, por lo que tal vez, la frase "¡La última y nos vamos!", se diría al momento en que ya se tienen que cerrar las puertas, que es por ahí de las dos de la mañana.

CON SUS AÑOS ENCIMA

Es así como con sus años encima, el Versalles es un icono de la historia de Torreón, siendo un lugar que aún y con remodelaciones, conserva su vieja arquitectura, paredes de gruesos adobes cubiertas de ladrillo, pero sobre todo la visita sin falta de esa vieja guardia que ha visto el paso de los años por este salón, siempre al lado de sus amigos degustando cerveza, tequila o una copa de alguna otra de sus bebidas favoritas acompañado todo de la tradicional botana.

LAS CANTINAS DE TORREÓN

En Torreón, las primeras cantinas surgieron en torno a la estación de ferrocarril junto con los primeros hoteles, comercios, y mercados.

Para 1892 la población tenía unos 2 mil habitantes y en 1910 la ciudad rondaba los 40 mil, un crecimiento inusual con el que se multiplicaron también estos establecimientos, que para ese año llegaron a contar con alrededor de 100 negocios.

Con estas primeras inauguraciones, muchas otras cantinas abrieron también en las décadas siguientes, y aunque la gran mayoría de estos lugares han desaparecido al día de hoy, algunos han sobrevivido el paso del tiempo y continúan en operación.

RELACIONADAS
COMENTA ESTA NOTICIA
Cargando comentarios...
Cargando más noticias...
Cargando tendencia...