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Columnas Social

ENSAYO SOBRE LA CULTURA

LA INDEPENDENCIA

José Luis Herrera Arce
TORREÓN, COAH., lunes 16 de septiembre 2019, actualizada 10:32 am


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LA INDEPENDENCIA

Festejamos de nuevo nuestra independencia; tomamos la fecha en que Dn. Miguel Hidalgo y Costilla tocó la campana en Dolores Hidalgo. No fue quien consumó el movimiento, pero debido a que nuestra historia, a veces, es absurda y no la podemos digerir, inventamos fechas, e ignoramos otras para que todo cuadre como un proceso lineal que sale con líneas chuecas.

Hidalgo fue impulsivo. Estando en el cerro de las cruces pudo avanzar hacia la capital y no lo hizo. Retrocedió para llegar a Guadalajara y en puente calderón, su movimiento fue abatido. Lo que pasó en la alhóndiga de granaditas, para mí, fue un exceso. Con Allende tuvo problemas, porque no entendía que a la turba había que darle un orden. En Acatita de Baján fueron apresados, en Chihuahua juzgados y sus cabezas colgadas en la alhóndiga.

Después de él queda Rayón y Morelos. Aunque el primero heredó la cabeza del movimiento, pronto pasó a segundo término. Morelos resultó ser un buen militar; y uno de los pocos que tuvo una visión sobre lo que debiera ser una república. Estos días son buenos para leer los sentimientos de una nación. Morelos tuvo dos problemas; su testarudez para tomar el puerto de Acapulco y doblegarse ante la protección de los diputados constituyentes que le resultaron ser un lastre. Aunque tuvimos la constitución de Apatzingán. Apresado y muerto Morelos , el movimiento se volvió guerrillas: las principales en Veracruz, con Guadalupe Victoria y en Guerrero con Vicente. Parecía que el movimiento estaba acabado pero se mandó a Agustín de Iturbide a eliminarlo.

Este militar jugó con todos. Ha de haber conocido muy bien a Maquiavelo. Se enfrenta a Guerrero y después pacta con él para volverse en contra del Virreinato, que logra vencer. El último Virrey que llega a Veracruz, nada más lo hace para firmar el acta de independencia. Así que, el que consuma el movimiento es este personaje más que turbio.

Pronto se volverá el primer emperador y más pronto perderá su imperio. La historia de México lo ha ignorado durante mucho tiempo, pero ya es tiempo de aceptar que él fue quien consumó nuestra independencia, y dio la primera bandera, aunque no le echemos porras.

Hay otros nombres que deberíamos de recordar que no fueron héroes. Por un lado el embajador de los Estados Unidos, Pointisec, que movió los hilos a favor de su país, interviniendo en asuntos nacionales. A partir de esa influencia se hicieron los grupos masónicos escocés y yorkinos que movieron la política en México durante toda la primera parte del siglo XIX creando la inestabilidad que nos llevó a perder la mitad del territorio.

El segundo que nunca comprendió los tiempos en que vivía fue Fernando Séptimo, el rey que perdió toda américa por la testarudez de no aceptar que el absolutismo ya se había terminado y que las cortes de Cádiz le ofrecían una buena opción de gobierno para el futuro.

Lo que pocos saben, es que el mismo pueblo español, por aquellos años, tuvo que enfrentarse a los franceses para recuperar su independencia y sacar del trono a José Bonaparte. Fueron ellos los que lucharon espontáneamente confiando en Fernando que tampoco pudo satisfacer las aspiraciones de su propio pueblo. Pérez Galdós tiene una serie de novelas que cuenta este ciclo histórico.

Logias que se pelearon entre sí, liberales contra conservadores en constante rebelión. Recurrir a militares que más le importaba su egolatría que el bien de la patria como Santana. Pérdida de la mitad del territorio. Nos tardamos mucho en recuperar nuestra estabilidad, hasta la llegada de los hombres de la reforma y el gobierno de Benito Juárez.

A Guerrero lo fusilaron por una traición. A Guadalupe Victoria tampoco le fue bien en su gobierno. Bravo fue de los pocos que pudo envejecer y participar en la gesta de Chapultepec.

A fin de cuentas, tenemos patria. Quienes nos la dieron fueron hombres que no eran santos de ninguna devoción. Simplemente actuaron según las circunstancias de su tiempo y así hay que aceptarlo. Por lo menos, hicieron algo.

Se me han quedado en el tintero muchos personajes: las mujeres, la corregidora Domínguez, Leona Vicario. De todos ellos hay biografías que se pueden leer. Hay que hacer algo más que dar el grito, aún nos queda conservar una patria; aunque ya muy pocos creen en este concepto; el individualismo nos ha hecho olvidar que sin la sociedad no es posible sobrevivir.

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