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Columnas la Laguna

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

ARMANDO CAMORRA
domingo 06 de octubre 2019, actualizada 11:05 am


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Soy sadomasoquista, travestista, exhibicionista,

voyeurista y onanista”. Eso le informó el tipo

que pedía empleo al jefe de personal. Y añadió:

“No creo que todo eso quepa en el rengloncito de la

solicitud donde dice ‘Sexo’”. Babalucas se compró

un par de guantes. “¿En qué mano va éste?” -le preguntó

al dependiente. Sonrió el hombre: “En la derecha,

claro”. Volvió a preguntar Babalucas: “¿Y este

otro?”. Noche de bodas. El recién casado evocó ante

su mujercita: “¿Recuerdas, mi cielo, el día que nos

conocimos? Estábamos en una fiesta, y había tanta

gente que no encontrabas silla. Yo te cedí mi asiento”.

Respondió ella, emocionada: “Lo recuerdo muy

bien, mi amor”. “Bueno -completó él-. Ahora te toca

a ti”. Al salir de la oficina el empleado invitó a su

compañero: “Vamos a tomar unas copas. Yo pago”.

“Hoy no puedo -declinó el otro-. Mi vecino tuvo un

problema con su esposa y se puso en huelga de amor.

No le da sexo. Esta noche voy de esquirol”. El hombre

y la mujer estaban en el sillón de la sala besándose

y acariciándose apasionadamente. De pronto la

mujer suspendió los arrumacos y le preguntó al sujeto:

“¿Alguna vez has vendido servicios funerales a

futuro?”. Respondió el tipo, desconcertado: “Nunca”.

“Pues empieza ahora -le sugirió la mujer-. Ahí viene

mi marido”. El príncipe era tan feo que la Cenicienta,

en vez de salir corriendo a las 12 de la noche,

escapó a las 7 y media de la tarde. Al terminar la misa

el padre Arsilio les comunicó a sus feligreses: “Estoy

juntando dinero para comprar una imagen de

Santiago Apóstol que me cuesta 3 mil pesos. En este

pueblo hay un adúltero. Si en la misa del próximo domingo

no deposita esa cantidad en el cepo de la limosna

diré quién es y con quién está engañando a

su mujer”. Dos domingos después el buen sacerdote

habló a la feligresía: “Les tengo dos noticias: una

mala y una buena. La mala es que este pueblo está

lleno de adúlteros, de cornudos y de esposas infieles.

La buena es que el domingo pasado junté para comprar

las imágenes de los 12 apóstoles, los cuatro

evangelistas y los 26 mártires de la Cristiada”. El

vendedor puerta por puerta le comentó a un amigo:

“La pérdida de empleos me ha perjudicado mucho.

Ahora más maridos están en su casa”. Un tipo le comentó

a otro: “Camelina ya no es mi novia”. “Me alegra

saberlo -dijo el otro-. La verdad es que nunca me

expliqué por qué andabas con ella, si además de ser

tremendamente fea y antipática es la mujer más liviana

del pueblo. Se ha acostado con todos los hombres

en edad de ejercer. Qué bueno que ya no es tu

novia”. “No -completó, mohíno, el tipo-. Ahora es mi

esposa”. La señorita Peripalda, catequista, le confió

a una amiga que un hombre la había invitado a ir

con él a su departamento. La amiga preguntó: “¿Y

vas a ir?”. “Todavía no sé -respondió la señorita Peripalda-.

Antes debo decidir si esa invitación es una

tentación del demonio o la respuesta del Señor a mis

oraciones”. Doña Macalota le dijo a su esposo don

Chinguetas: “La vecina del 14 me contó que su marido

le hace el amor todas las noches. ¿Por qué no haces

tú lo mismo?”. Replicó don Chinguetas: “No creo

que eso le gustaría al vecino”. El hombre prehistórico

trataba de convencer a la mujer: “Hagámoslo esta

noche, Trogla. Ahora que inventaron el hacha de

piedra el mundo se puede acabar el día menos pensado”.

Ella pasó por él en su automóvil. Tan pronto

subió al coche él se precipitó sobre ella y la llenó de

ardientes besos y caricias de elevado contenido erótico.

“Espera” -le pidió ella. Preguntó él: “¿A que lleguemos

al motel?”. “No -respondió ella-. A que se bajen

mis papás”. FIN.

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