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Columnas Social

Las palabras tienen la palabra

De albures, calambures y retruécanos

Columna póstuma de Juan Recaredo
TORREÓN, COAH., jueves 10 de octubre 2019, actualizada 9:36 am


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A nosotros los mexicanos nos gusta mucho el juego, ya sea de baraja o de palabras y de esa afición nace el famoso albur. Precisamente eso es el albur: un juego de naipes que es popular en México -que yo no sé jugar- y también albur es el pícaro juego de palabras en el que dos o más participantes hacen referencia al doble sentido con carácter sexual.

No es nada nuevo. El albur ha sido parte del mexicano desde hace muchas décadas; allá por el año de 1960, un arquitecto de Piedras Negras, Coahuila que se llamaba Armando Jiménez Farías fue uno de los primeros que se atrevió a recopilar, en un famoso libro llamado Picardía Mexicana, las palabras, dichos, albures, letreros y otras formas en la que se expresa el ingenio picaresco del mexicano en todo su esplendor.

"No me sacudas mucho la cuna que me despiertas al niño…" es una frase con un albur muy light, es decir, muy ligerito porque hay otros que cuando te los dicen, te vas para atrás si no te agarras bien. ¿Le gusta jugar a la lotería? Pues también hay frases que canta el "gritón" de la lotería, que son albures con mucho "doble sentido", como el que dice: "Déjenme un rato solito porque voy a miar-bolito". Si usted escucha eso, debe ponerle un frijol a la figura del árbol… y hay otra frase para la carta del pescado, pero esa mejor me la reservo.

Sobre el origen de la palabra "albur", leí en un libro la versión que dice que se trata de una descomposición de la palabra "calambur", y aunque se parecen un poco las palabras, no creo que sea así. La Academia Española dice que la palabra viene del árabe buri. En cambio, calambur viene del francés calembour y es una frase en la que al reacomodar sus sílabas da como resultado otra frase diferente. Por ejemplo: "Si el Rey no muere, el reino muere"; o "¡vaya semanita!" por "¡váyase manita!". Y sin afán de alburear, le presento el calambur de la quesería: "La mujer del quesero, ¿qué será? y la casa del quesero, ¿qué sería?" que se cambia a: "La mujer del quesero, quesera, y la casa del quesero, quesería".

¿Y los retruécanos? Ah, pues esos son los "retrocados", o sea los que se "vuelven a cambiar", porque trocar eso es: cambiar. Si quiere una definición más técnica, ésta sería: "Inversión de los términos de una proposición o cláusula en otra subsiguiente para que el sentido de esta última forme contraste o antítesis con el de la anterior". ¡Ándele, pues qué padre!

"A veces no conviene decir todo lo que se piensa, como tampoco pensar todo lo que se dice", sería un ejemplo de retruécano. También, los retruécanos son los famosos "no es lo mismo", que seguramente usted ya conoce y que algunos se transforman en albures:

No es lo mismo: huele a traste que atrás te huele.

Bueno ya se captó la idea, ¿verdad? Mejor ahí la dejamos.

Soy Don Juan Recaredo… compártame sus dudas y comentarios: donjuanrecaredo@gmail.com, Twitter: @donjuanrecaredo.

ME PREGUNTA:

Matías Gómez: "Entiendo el significado de la palabra 'suburbio' pero quisiera saber, ¿de dónde proviene?".

LE RESPONDO:

Suburbio es una población situada en las afueras de una ciudad. Proviene de sub que es un prefijo en latín que significa "debajo" o "al pie de" y urbis que quiere decir "ciudad". ¿Por qué "por debajo" de la ciudad? Porque desde épocas romanas, la costumbre era construir las ciudades en la cumbre de una colina; cuando crecían las poblaciones, se acababa el espacio en la cumbre y seguía creciendo en el llano, al pie de la ciudad original.

LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA:

La memoria es el único paraíso del que no pueden expulsarnos.

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