
Adaptación es la capacidad de cambiar y ajustarse a nuevas circunstancias. Es una habilidad básica para sobrevivir, pero también para evolucionar. En seres pensantes implica aprendizaje y crecimiento; en otros sentidos, habla también de modificar funciones, estructura, forma, normas y hasta biología, a fin de responder a necesidades que antes no se tenían en cuenta, algo que puede decirse de las personas, pero, en términos generales, también de los animales y las cosas.
Sin cambio la vida se mantiene estática, nuestra existencia se reduce a ver el mundo pasar en lugar de participar en él; sin transformación, lo que somos no puede trascender. En la película Robot salvaje (EUA, 2024) estas ideas toman importancia al tratarse de un relato de animación que reflexiona metafóricamente sobre la condición humana, ahondando en lo que hace falta para encontrar progreso, prosperidad y desarrollo, tanto personal como en sociedad.
Se trata de un relato ambientado en un futuro lejano y sigue a un robot que llega, accidentalmente, tras haber caído del barco carguero en que era transportado, a una isla deshabitada por el humano. Sus directrices son sencillas pero claras: realizar las tareas que se le asignen; sin embargo, en un ambiente donde no hay personas que le den órdenes, o en el que funcione bajo el propósito para el que fue manufacturado, el robot no tiene otra alternativa que adaptarse a los seres vivos a su alrededor.
Gracias a su tecnología y algoritmo programado, Roz, (abreviatura de la marca de robots a la que pertenece) modifica su procesador de datos para lograr entender el lenguaje de los animales. Una vez capaz de comunicarse con ellos, hace todo por cumplir su función, es decir, hacer las tareas que ayuden a sus usuarios, en este caso, los animales. La relación, obvio, es accidentada porque estos seres no necesitan al robot, a diferencia de los humanos que crearon a la máquina para facilitar su propia vida, volviéndolos asistentes o sustitutos en actividades vitales para su supervivencia.
Aquí a pesar de sus constantes intentos por ser útil a los demás, Roz no encuentra un propósito u objetivo sino hasta que accidentalmente destruye un nido, matando de paso a la madre de las crías a punto de nacer. Sólo cuando de un huevo que sobrevive nace un ganso, Roz encuentra claridad para hacer lo que considera su propósito. Un zorro llamado Fink, eventualmente convertido en aliado y amigo, aunque al principio intentaba comerse al huevo, le explica la tarea que tendría que cumplir al hacerse cargo del pequeño animal, tomando bajo su responsabilidad a la cría y procurando su desarrollo: dar de comer, enseñarle a nadar y luego a volar, ya que, llegando el invierno, tendrá que migrar hacia tierras más cálidas o morirá.
Hay varios temas relevantes que la película aborda con este escenario y sus personajes. Por un lado, una lectura más literal habla de la tecnología en convivencia con la naturaleza y la forma como ambas pueden encontrar armonía. Por otro, el relato hace un llamado al espectador a asumir el escenario planteado como una analogía que aborda temas como maternidad, crianza, solidaridad, apoyo y crecimiento personal, gracias y sobre todo a través de la adaptación.
Respecto a la tecnología, la cinta se centra en la posibilidad de las máquinas como una herramienta de desarrollo. La narración se ambienta en un futuro en que los cambios climáticos han forzado a la civilización a desplazarse a nuevas ciudades en las que, para sobrevivir, se hace uso de los avances científicos en favor de la supervivencia humana. Aquí los robots apoyan y ayudan al humano asistiéndolo.
El manual de Roz y su programación básica indican que su función es servir de ayuda en lo que sus creadores necesiten, no importa si es cargar un objeto pesado, ser una fuente de entretenimiento para su usuario o construir una casa. Lo que sea que necesite el humano, la máquina está ahí para ayudar. La propuesta es una visión cordial, positiva y correcta del uso de la tecnología, en favor de la sociedad y de la vida, para procurar el bienestar de los seres vivos; muy contraria a visiones más fatalistas que consideran la posibilidad de la extinción del ser vivo a raíz del creciente relevo por parte de robots, inventos y creaciones similares que, a diferencia de aquí, no crecen a la par de su creador, sino que lo vuelven inútil hasta sustituirlo. Una perspectiva que, en todo caso, sí expresa una pregunta importante dado el planteamiento de este relato, en que robots y animales encuentran cómo coexistir, sobrevivir y progresar, independientemente del humano: ¿acaso el mundo está mejor sin personas que con ellas? En un planeta en el que la cadena alimenticia es base para entender la relación entre especies y su supervivencia, ¿qué lugar ocupa el hombre y qué lugar ocupa la máquina?
Asimismo, aunque Roz convive con animales, en otro acercamiento al relato, todos los personajes pueden entenderse como una representación simbólica o analógica del ser humano. Una vez que Roz ayuda al pequeño ganso, al que nombra Brillo, el invierno llega azotando la región con un frío tan intenso que puede significar la muerte de varias especies. Roz entonces se da a la tarea de ayudar al resto de los animales, llevándolos a un refugio que había construido para Brillo y para Fink. Su acto es solidario, empático y abnegado en el sentido de que lo hace porque quiere ayudar a otros, no porque tenga que hacerlo.
Esto de alguna forma habla de cómo una máquina puede ser funcional si las directrices bajo las que fue creada son claras respecto a preservar la vida y a los seres que habitan en el planeta, pero esto toma aún más sentido si se asume que el relato es una ficción simbólica: los animales son seres antropomorfos, dotados de características y comportamiento humano, porque en sí representan a la especie humana.
Esta comunidad de animales vela la mayor parte del tiempo sólo por sus necesidades, no sabe trabajar en equipo, no se solidariza con el prójimo ni encuentra un punto de tolerancia, o al menos de respeto, para con sus vecinos. En este sentido, la película no está diciendo que un robot puede llegar a mejorar todo esto, ya que Roz mismo también es un ser antropomorfo, representa al tipo de individuo que elige la fraternidad sobre el individualismo, la generosidad frente al egoísmo y humanismo antes que insensibilidad.
Es entonces que la cinta también habla de crianza. Roz toma el papel de tutor y guía hasta convertirse en una figura maternal para Brillo, cuidándole, alimentándole, queriéndole, procurando su bienestar, preparándolo para el futuro y velando por que tenga la capacidad suficiente para encontrar su independencia y su propio camino, que es exactamente de lo que se trata la maternidad, de cuidar e inculcar valores, trabajar en las emociones, fomentar la autosuficiencia y plantar las herramientas que eventualmente permitan autonomía y crecimiento personal.
La adaptación como tema recurrente demuestra los muchos matices del significado de la palabra y lo mucho que importan, tanto en retratos de supervivencia como de evolución. El grupo de animales en la isla, por ejemplo, se tiene que adaptar a convivir y, más allá de tolerarse, a coexistir en paz, especialmente cuando se ven forzados a compartir el refugio de Roz durante el invierno. Cazadores al lado de sus presas que en ese momento no pueden aniquilarse, ya que se necesitan mutuamente para asegurar un futuro común. Si estos animales, que usualmente se enfrentan entre sí, pueden encontrar paz en su forma de vida y relación con otros, la idea es que los humanos también pueden hacer lo mismo.
Brillo, por su parte, es un ganso más pequeño que el resto de su parvada y, como parte de la selección natural, seguramente habría muerto de no haber sido ayudado por Roz. Un ganso más anciano y sabio se lo recalca al robot: Brillo no está en condiciones para la migración, así que tiene que encontrar fortaleza en las que de otra manera se asumirían como debilidades para poder sobrevivir. La única forma de hacerlo es adaptándose; no puede cambiar quien es, así que tiene que cambiar cómo enfrentar el reto buscando, por ejemplo, una solución, tal vez poco ortodoxa, pero práctica para adecuarse a las necesidades; para ello cuenta con sus amigos: Roz, Fink y otros.
Finalmente, lo más poderoso que plantea la película es el poder de cambio que hay en Roz, un robot que aprende a ir más allá de los parámetros de su programación como señal de crecimiento. Esto, claro, asumiendo a Roz no como un robot pensante, ya que como máquina es imposible que piense; más bien, viendo a Roz como un ente, alegoría del humano, que se atreve a salir del molde que se le ha impuesto con tal de evolucionar. Transformación como forma de progreso, Roz se vuelve más que aquello que se le ordena o programa ser. Con relación a su analogía con el individuo, esto se refiere a que las personas no pueden mantenerse en una burbuja, molde o etiqueta, sólo porque es más fácil, cómodo o conveniente actuar así.
Si simplemente se acatan órdenes, si no se piensan soluciones distintas a las preestablecidas, si todo ‘manual de vida’ se toma literal sin entender que circunstancias y contexto cambian decisiones y acciones, las personas se estancan y se vuelven puntos inertes en el espacio, sin opiniones propias ni interés por ser algo más. No hay forma de avanzar sin innovar, de mejorar sin abrir la mente a otras posibilidades o de crecer sin cambiar. Esto sólo se logra a través de vivencias y experiencias, la convivencia y el diálogo con otros, la investigación y el conocimiento tanto teórico como empírico y sobre todo la socialización. “Para sobrevivir debemos convertirnos en más que aquello para lo que fuimos programados”, reflexiona Roz, dándose cuenta que aquello que hacía por inercia intentando encajar no era la solución. Se replantea su existencia cuando empieza a improvisar, a tomar sus propias decisiones, a desafiar los parámetros más reacios para darle prioridad a aquello que le importa.
Roz en esencia tiene una función a la que se limita mientras no haya algo por lo cual cambiar su código de programación. Se trata de un robot, pero esta reflexión se transporta fácilmente, de ahí la hábil analogía, a la realidad humana, personas que, por ejemplo, no se salen del molde mientras el estatus quo les sea útil y funcional. El reto es avanzar más allá de la zona de confort, de manera que no se trata de confrontar el orden establecido por el mero intento de rebelarse, sino de dar soluciones nuevas que procuren un nuevo orden de acuerdo con las necesidades actuales del mundo. Si ayudar al de junto o ayudarse a uno mismo requiere cuestionar normas o personas, incluso si se trata de una figura de autoridad, ¿por qué no hacerlo?; no llevando la contraria a la fuerza sino argumentando cómo no todo lo que está asentado en las reglas de la estructura social funcionan para todos por igual. Madurar implica entender contextos, así que mejorar el mundo conlleva reestructurar el sistema.
El manual de Roz indica que por programación previa, sin dueño, función y objetivo evidente, debe regresar al fabricante para reiniciar su sistema y enviarle a otro lugar, a otra tarea. Sin embargo, la vida no se trata de ir de una tarea en otra, sino de percibir lo que sucede en el contexto en que vivimos y cómo impactan en él las cosas que hacemos y en las personas con quienes las hacemos. Roz se atreve a desafiar lo establecido cuando encuentra un propósito, no sólo en Brillo sino también en el resto de los animales de la isla. Su decisión está definida por el factor afectivo, notando que, como relato de animación, la ficción se toma sus libertades creativas para enfatizar su mensaje, ya que en la práctica real, una máquina no tiene sentimientos.
El mensaje de la película no es sólo hablar del poder del amor (solidaridad, bondad, fraternidad, amistad o buena voluntad, entre otros), sino de cómo las buenas relaciones entre personas (en este caso entre especies) se cimientan en empatía y entendimiento. Una madre no tiene por obligación que querer a sus hijos, lo hace porque hay reciprocidad en sus sentimientos, apego, dedicación, comprensión y afecto. De la misma manera, una comunidad no puede funcionar si se incentivan individualismo, envidia, recelo y competencia; el grupo más bien funcionará mejor si se inculca apoyo mutuo, generosidad, optimismo, en aras de que todos alcancen sus metas.
Tolerancia y entendimiento entre personas, animales y máquinas (productos éstas del trabajo humano), entre seres que no pueden elegir lo peor del mundo en el que viven. La naturaleza puede ser aterradora, salvaje y letal, pero también puede ser hermosa, armónica y creadora; todo es según como se le mire. Si estos entes quieren sobrevivir y avanzar, invariablemente tendrán que adaptarse y cambiar, que es, en esencia, evolución y vida.
Ficha técnica: Robot Salvaje - The Wild Robot