Cómo eliminar a su jefe

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

La toxicidad laboral se refiere a un ambiente de trabajo negativo y dañino. Entre sus características están la mala comunicación y escasa implementación de normas que promuevan respeto y colaboración, pobre capacidad de liderazgo y de gestión, actitudes generadoras de conflictos como control represivo, manipulación, competitividad, favoritismo, exclusión, trato injusto o inequitativo, comportamiento abusivo, crítica destructiva, acoso, intimidación, sobrecarga de actividades, humillación, desestimación y falta de transparencia.

Esto provoca, entre otras cosas, baja autoestima, disminución de la productividad, mala relación entre los empleados, desconfianza, hostilidad, ansiedad, estrés, depresión, desgaste profesional, agotamiento emocional (burnout), fatiga, trastornos del sueño y otros problemas de salud tanto física como mental.

Ya sea que hablemos de un ambiente o contexto tóxico o de agresiones específicas y dirigidas (mobbing, definido como hostigamiento, violencia y/o maltrato psicológico y verbal orientado hacia alguien en concreto), las relaciones humanas y dinámicas sociales se ven gravemente impactadas. Las personas comienzan a aislarse, enemistar y competir; aprenden a confrontar en lugar de dialogar, a ser individualistas en lugar de solidarios, a atacar en lugar de ayudar, a odiar y rivalizar, a ser gandallas, antisociales y oportunistas, a aprovecharse del otro y pisotearlo porque se espera lo peor, tanto del prójimo como del entorno. 

Se van perdiendo valores y capacidad de liderazgo, sentimiento de comunidad, espacio para el crecimiento personal o la habilidad para poner límites claros y respetarlos. Y si bien es importante trazar orden con reglas y barreras concretas, hacer valer nuestros derechos es tan importante como saber exigirlos. Este es el escenario en que se desenvuelve la película Cómo eliminar a su jefe (EUA, 1980); título original ‘9 a 5’, referencia directa a la jornada laboral tradicional de 8 horas diarias.

Dirigida por Colin Higgins, quien coescribe con Patricia Resnick, la cinta es protagonizada por Jane Fonda, Lily Tomlin, Dolly Parton, Dabney Coleman y Elizabeth Wilson. La historia se centra en tres mujeres: Violet, Judy y Doralee, empleadas en la oficina del vicepresidente de una compañía, Franklin Hart, un hombre misógino, sexista, narcisista y egocéntrico, que no respeta a sus subordinados, al contrario, minimiza el valor y la importancia de la fuerza de trabajo, con especial desprecio hacia las mujeres, a quienes trata con discriminación, hostilidad y acoso.

Entre humillaciones, indiferencia y un marcado sentimiento de superioridad, Hart devalúa al personal femenino por el simple hecho de ser mujeres; las califica como insignificantes o prescindibles a pesar de demostrar cumplimiento y responsabilidad, así que, aunque son competentes y profesionales, las reduce a un rol tradicionalista, trivial y sumiso, pidiéndoles, por ejemplo, traerle café todas las mañanas o hacer sus compras personales, tareas que, no solamente, no corresponden con el empleo para el que están contratadas, sino que, también las arrincona en el pensamiento conservador que sostiene que la mujer existe exclusivamente para atender las necesidades del hombre.

Hart manda con aire dictador y autoritario, no acepta que sus empleadas tengan iniciativa y que estén calificadas, o que sus propuestas para mejorar el ambiente laboral tengan enorme potencial porque conocen lo que se necesita, ya que lo viven día a día; o que sus funciones sean tan vitales como las de él para que la empresa opere correctamente. En realidad su valía es la misma, nada tiene que ver que ellas sean secretarias, supervisoras o asistentes y él vicepresidente, pues cada uno tiene una función, un rol que, si fluye con transparencia, respeto y colaboración, le hace tanto bien al individuo como a la compañía, recalcando la importancia de un ambiente laboral sano, pues, si el éxito proviene de que cada quien haga su parte con esfuerzo y compromiso, en un contexto de toxicidad laboral eso es imposible.

Su actitud, por ende, deriva en todo tipo de excesos y abusos al ejercer su posición jerárquica. Coincidiendo con la realidad en múltiples ambientes laborales (mayor en la época en que se realizó la película) aquí todos los jefes son hombres y las empleadas, en los distintos niveles inferiores, mujeres. A Doralee, por ejemplo, la acosa sexualmente, llamándola constantemente a su oficina para mirarla lascivamente y hacer comentarios inapropiados sobre su físico; de paso esparciendo el rumor de que es su amante, lo que ha provocado que sus compañeras la rechacen, asumiendo que lo acepta voluntariamente, con lo que traicionaría la sororidad entre mujeres.

La realidad no obstante es totalmente diferente. Doralee de hecho rechaza sus intentos de aproximación y conquista, lo que agobia duramente el ego de Hart, quien para guardar las apariencias y engrandecer su reputación, especialmente en un grupo de hombres igual de machistas que él, relata una historia falsa en la que se ve a sí mismo adorado por la misma persona que más lo aleja. 

Doralee no sabe nada de la mentira, pero tampoco aclara los detalles en aras de no ser percibida como conflictiva. No es tanto sumisa como sí servicial, porque sabe que de lo contrario su jefe tiene el poder y la libertad incuestionable de dejarla sin empleo. No es una amenaza indirecta, es una realidad sobreentendida que en el mundo real existe: quien se queja, reclama, exige derechos o los plantea, puede ser fácilmente reemplazado por alguien más dispuesto a callar, una decisión que no siempre tiene que ver con la ética laboral, sino con la necesidad salarial, gente que precisa de un empleo para sobrevivir. En el mundo competitivo, ambicioso y corporativo como es el actual, hay personas dispuestas a todo, incluso a aceptar lo inaceptable con tal de escalar, pero también de cubrir necesidades básicas, como comer.

La injusticia es lo de menos en un mundo donde es tan cotidiana como silenciada, porque se nos ha aleccionado a callar y acatar, así como a castigar a quien alza la voz o cuestiona autoridades y métodos, todo, mientras la figura en el poder actúa como le da la gana, pisotea, discrimina e ignora conforme le beneficie, creyéndose con derecho para hacerlo por su posición en la pirámide socioeconómica, para alimentar su ego y su narcisismo, apoyándose siempre en el orden patriarcal.

Víctima también es Violet, a quien Hart atropella y explota constantemente. Violet, un talento no reconocido, que trabaja arduamente sin recibir el correspondiente crédito. Su jefe sabe, aunque no lo admite, que ella es capaz de sacar adelante cualquier tarea, incluso aquello que le corresponde hacer a él, porque Violet tiene experiencia, agilidad, conocimiento y preparación; sin embargo, cuando fue momento de un ascenso, fue ignorada y Hart priorizado, por simple cuestión de favorecer a un hombre sobre cualquier mujer. 

No es tampoco la primera vez que Violet ve a hombres menos calificados pasarle por encima, elegidos por mera inercia, porque así, entonces como ahora, en esta vida existe desigualdad de género, brecha salarial, discriminación laboral y segregación ocupacional.

Violet ha tenido que callar porque sabe que, de una u otra manera, así funcionan las cosas. Puede exigir y señalar deficiencias o discrepancias, pero sus argumentos siempre caerán en saco roto; si bien le va, se aparenta que se le escucha, pero no habrá cambios reales. En el mejor de los casos se finge transformación e inclusividad, aunque no se ponga en práctica. En realidad, el sistema sólo podría cambiar si la cultura y la mentalidad también lo hacen. La pregunta importante no es cómo llegar ahí, sino cómo mantenerlo constante.

En el relato Judy es la recién llegada, divorciada, sin experiencia laboral previa, desconoce el manejo de las máquinas que debe utilizar y los procedimientos administrativos. Debe enfrentar las presiones del jefe, de sus compañeras que la ven como enemigo potencial, dada la atmósfera laboral que las empuja a contrariarse en lugar de acoplarse, y aprender a socializar en un ambiente que desde el inicio siente agresivo. Es ella el puente que establece vínculos justo porque percibe los aspectos negativos desde una mirada, a su llegada, externa, y que no ha aprendido a permanecer sumisa, toda vez que desconoce los riesgos.

Lo curioso es que, si bien el contexto narrativo y sus escenarios ilustrativos están ambientados a mediados del siglo XX, en la actualidad, pocas cosas han cambiado y, más que nada, las mejoras son relativas. Sí, en aquella época los derechos de las mujeres eran más pisoteados que ahora, la cultura hacia la equidad laboral era casi nula y no existía trato justo entre personas, sino, rechazo o exclusión hacia las minorías, incluidas las mujeres.

Pero por mucho que se haya abogado por una transformación en la estructura laboral los problemas persisten, incluso han crecido, resultado de la mecanización y automatización, la economía informal, la inteligencia artificial y las plataformas digitales, el relevo generacional, la evolución política de los sindicatos o la diversidad forzada que no valora realmente preparación, capacidad, productividad y desempeño, sino la imagen pública que sirve como vehículo publicitario al implementarse.

Las estrategias de explotación y abuso se han vuelto más radicales, la presión por el voto sindical dirigido no ha desaparecido, ni los despidos injustificados, el nepotismo, las amenazas y otras prácticas similares que se ejercen para obligar al empleado a callar, acatar y aceptar estas condiciones vendidas como la nueva normalidad. Hay, por ejemplo, horarios laborales legalmente establecidos por ley, pero se ha vuelto cotidiano exigir al empleado trabajar de más sin la remuneración correspondiente, porque si no acepta se le despide sin justificación para contratar a alguien dispuesto a laborar más con menor salario. Y también están las realidades producto de las nuevas tecnologías, con lo que, o se está accesible todo el día a través de aplicaciones y aparatos inteligentes, o se gana el calificativo de poco cooperativo y conflictivo, con las implicaciones que ello puede significar.

En cuestión de género, por su parte, se ha abogado por equidad en derechos y oportunidades, pero, si bien legalmente la mujer ya no puede ser despedida por embarazo o exigírsele una constancia de no gravidez (certificado de prueba de embarazo negativa), lo cierto es que la intimidación alrededor de este tópico aún se vive en muchos rincones del mundo. Mujeres presionadas, relegadas, excluidas o desplazadas de actividades o posición en la estructura jerárquica por razones que no tienen que ver con su profesionalismo o capacidad laboral.

Equidad no es tratar de implementar un ambiente igualitario en la oficina, sino que haya espacios pensados por igual para hombres y mujeres en la práctica. Se trata de no favorecer a unos por encima de otras, tomando en cuenta que necesidades y particularidades son distintas. Lo que incluye, por ejemplo, incapacidades médicas, permisos de maternidad, de cuidado de hijos por enfermedad o servicios de guardería, necesidades que presentan hoy, con familias diversas, tanto hombres como mujeres.

Por cierto, la violencia laboral está prohibida de acuerdo con la ley (en México, la Ley Federal del Trabajo), sin embargo, esto no la ha erradicado; el acoso sexual, la sobrecarga de trabajo, el abuso de poder, las amenazas de despidos o el trato autoritario, son todavía una realidad cotidiana para muchas personas.

La película es una comedia negra, construida entre absurdos, ironías y sátira mordaz, así que, luego de que estas tres mujeres se enteran que Hart ha estado mintiendo sobre Doralee, que ha hecho pasar como suyo el trabajo de Violet, que ha estado frenando todo intento de mejora laboral (sueldos equitativos, jornadas de medio tiempo para madres solteras, servicio de guardería gratuito, horarios flexibles para que cada persona organice su agenda ajustándose a sus necesidades, entre otros), comienzan a fantasear con matar a su jefe, un acto más bien catártico que surge de la idea de venganza para dejar salir toda esa impotencia acumulada, pues saben que la posición de poder de su jefe imposibilita que puedan realmente hacer algo al respecto. 

Particular atención en el escenario imaginario de Doralee, donde ella y Hart intercambia papeles, convirtiéndose ella en la jefa que descaradamente se aprovecha sexualmente de su empleado, demostrando, por medio del sarcasmo, cómo viven las mujeres el sexismo y la discriminación de género, en este caso invirtiendo el papel de víctima y acosador. 

Más adelante lo envenenan accidentalmente, luego lo secuestran, y aunque en su género narrativo esto lleva a situaciones divertidas alrededor de sus intentos por evitar ser descubiertas, lo interesante es que la situación abre una puerta única e inesperada: asumir la vicepresidencia y aprovecharla para mejorar las condiciones laborales.

Las tres colaboran para implementar un orden más equitativo, sin brechas salariales, con flexibilidad de horarios, colaboración entre departamentos y entre personas, mejor capacitación, más transparencia, incluso una decoración menos monótona y más cálida que invite a mejorar el estado de ánimo en oficinas y pasillos, o una reestructuración de espacios para hacerlos accesibles a grupos usualmente marginados, personas en silla de ruedas, como ejemplo.

Sus actos son revolucionarios, los cambios bienvenidos, la productividad aumenta, los empleados se notan contentos y las cosas avanzan mejor; lo que pone dos cosas en perspectiva: por un lado, la importancia de un buen liderazgo; en segundo, el rol de la mujer en la fuerza de trabajo. Y de ahí se desprende un componente revolucionario: el papel de la mujer en una posición de liderazgo. 

No se pretende decir que una mujer es mejor que un hombre en puestos de alto rango, sino dimensionar una realidad tajante: hubo una época en la que la mujer como parte integral del mercado laboral era algo impensable. El camino fue largo para cambiar esta percepción, para luego toparse con escenarios como la película refleja, en donde a la mujer no se le permitían posiciones de poder, liderazgo o puestos directivos y hubo de nuevo que luchar por esos derechos.

No hay que olvidar que el derecho al trabajo es un derecho humano; que todas las personas se suman a las filas salariales motivadas por el deseo de realización, crecimiento personal y aprendizaje, pero, sobre todo, para obtener recursos para subsistir y mejorar su nivel de vida. Sin embargo, otras también lo hacen por necesidades apremiantes, porque en el mundo existen personas en condiciones precarias, de extrema pobreza. 

Violet, por ejemplo, es una mujer viuda con hijos; su trabajo la hace sentir bien consigo misma y con lo que logra, pero no deja de lado que si persigue un mejor salario es porque tiene que cuidar y mantener a su familia. Judy asimismo es una mujer recién divorciada, dependiente en su totalidad de su esposo, quien, se supone, siempre cuidaría de ella, idea altamente machista y conservadora. La realidad para Judy es que su divorcio la ha dejado sin nada y conseguir trabajo es ahora su único medio para subsistir.

Empleos mal pagados, demandantes e infravalorados, en ambientes laborales hostiles, sin inclusión ni equidad, hay muchos; que la causa sea una falla sistemática no significa que no se pueda hacer nada; aclarando que muchas veces si esto se tolera es porque no hay alternativa, si bien la alternativa siempre es reflexionar que el real cambio viene de entender por qué el trato es injusto, sobre todo si es arbitrario e indebido.

Cuántas personas no quisieran eliminar a su jefe, no en la práctica, no en forma física, pero sí con tener el poder de cambiar a su superior inmediato. Hay que recordar que la película es una sátira, los personajes no matan a nadie. Lo que significa que la verdadera pregunta es por qué lo piensan (pensamos). Y por qué, entre más personas sientan ese impulso, más toxicidad laboral hay.

Ficha técnica: Cómo eliminar a su jefe - Nine to Five 

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