El cazador de dinosaurios

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

La evolución es un proceso de cambio constante que no sucede de un momento a otro, así que el impacto es más gradual que radical, lo que no quiere decir que sea menos significativo; al contrario, implica una transformación de ajustes, adaptación, cambios internos y progreso. Todas las especies, todos los seres vivos, son claro ejemplo de ello; mutan conforme al contexto, sus alrededores y el desarrollo paulatino de su propio proceso de crecimiento.

Esto quiere decir que pasado, presente y futuro van muy interrelacionados; lo que hacemos hoy tiene su eco en el mañana, de forma que, si cambiáramos el pasado, ello repercutiría tanto en el presente como en el futuro. Es lo que pretende la película El cazador de dinosaurios (Reino Unido-Alemania-EUA-República Checa, 2005), escrita por Gregory Poirier, Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer, dirigida por Peter Hyams y protagonizada por Edward Burns, Catherine McCormack, Ben Kingsley, Jemima Rooper, David Oyelowo, Wilfried Hochholdinger y August Zirner.

Está basada en una historia corta de Ray Bradbury, en la que se plantea la relación causa-efecto, que de alguna manera reafirma la noción de interconectividad. También tiene que ver directamente con el ‘efecto mariposa’, que se define por la idea de que alterar el orden de las cosas, por más mínimo que sea el cambio, puede tener ramificaciones enormes. ‘El aleteo de una mariposa puede provocar una tormenta al otro lado del mundo’, dicta esta teoría, planteada en forma de analogía y que se refiere en su trasfondo a cómo incluso las más pequeñas acciones pueden resultar en grandes cambios, lo que a su vez reflexiona de manera implícita sobre la incertidumbre de la vida.

En el relato esto se ilustra planteando cómo algo que parece insignificante, aquí, pisar una mariposa, claro, 65 millones de años en el pasado, puede traer todo tipo de implicaciones impensables; en este caso, alterar la evolución tanto humana como del planeta, hasta potencialmente provocar nuestra extinción como especie o convertirnos en seres totalmente diferentes a cómo somos ahora.

Ambientada en un futuro cercano, la narrativa en la película plantea la existencia de una tecnología que hace posibles los viajes en el tiempo. Las empresas privadas se han hecho con ella y tomado el control de las reglamentaciones e instituciones que regulan su funcionamiento, a fin de explotarla financieramente. Así que un descubrimiento que podría significar grandes avances no sólo en nombre de la ciencia sino de todos los seres que habitan el universo, en caso de estudiarse con la pertinente visión y seriedad, es convertido en un espectáculo redituable y además clasista. 

Una industria más interesada en el dinero que en la ciencia, aunque invierta en ella, porque lo hace para usarla como base para un espectáculo vendible, en donde los más pudientes pagan millones por la oportunidad de viajar a la era de los dinosaurios por el mero gesto egocentrista y autocomplaciente de poder hacerlo, como si el pasado mismo y nuestra historia evolutiva fuera un divertimento banal al cual querer controlar y manipular a nuestro antojo, quitándole así mérito, valor e importancia al proceso de adaptación y cambio que ha tomado lugar por millones de años. 

Travis Ryer, el guía de estas expediciones, procede a pesar de los peligros, ya que está incentivado a cumplir con su contrato porque a cambio el dueño de la empresa Time Safari Inc., Charles Hatton, financiará sus investigaciones, que tienen como objetivo traer de vuelta animales extintos, algo para él imperativo, ya que en este futuro cercano toda la fauna ha desaparecido por completo, producto más que nada de la mano humana, sea la caza desmedida e irregularizada o la destrucción de ecosistemas por erosión, deforestación o sobrepoblación, entre otras razones. El problema es el dilema ético que decide ignorar en lugar de sopesar, sacrifica una cosa por otra y sí, sus investigaciones son importantes, pero las realiza a expensas de jugar con el tiempo, el pasado y la evolución.

No dimensiona que para Hatton la ciencia es lo de menos, ni la entiende ni le interesa; su meta y prioridad es ganar capital a partir de explotar una tecnología que, de paso, ha comprado o arrebatado, no desarrollado, incluso si las consecuencias tienen repercusiones en la propia estabilidad de la cadena evolutiva. Cualquier parecido con la realidad no tiene por qué ser pura coincidencia; en la cotidianidad hay muchos ejemplos de este tipo, personas con el dinero e influencias suficientes como para apoderarse de avances, inventos e ideas ajenas que después despojan de su propósito inicial para en su lugar usarlos a su favor, como espectáculo de consumo, pero no para las masas, sino para el nicho selectivo que puede pagarlo. Tecnología que, al final, a pesar de su potencial utilidad, en lugar de implementarse para ayudar, se abusa de sus posibilidades, funciones y excesos sin importar cómo esto afecta al individuo y a la sociedad.

Los ‘viajes en el tiempo’ conllevan compromiso y responsabilidad, bajo el principio de que cambiar el pasado puede resultar en un futuro totalmente diferente. Tal vez los viajes en el tiempo no serán reales, eso es lo de menos, el mensaje aquí es que nada de lo que hacemos debe ser tomado a la ligera; acción y reacción es un principio importante, real y del que hay que tomar consciencia. Como dicta el efecto mariposa, toda causa tiene un efecto, todo lo que hacemos tiene su eco y por ende todas nuestras decisiones tienen repercusiones, las notemos o no. Así que la lección aplica para todo en la vida: tenemos que responsabilizarnos con lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos.

La doctora Sonia Rand, que inventó la tecnología que asiste las expediciones al pasado, lleva años advirtiendo sobre los peligros de jugar con la línea temporal. Cualquier cosa puede salir mal y sólo hace falta la más pequeña alteración para reconfigurar por completo el presente actual. Sus palabras caen en saco roto hasta que, finalmente, lo peor sucede, dicho sea de paso, por una cadena de eventos aparentemente menores e intrascendentes que crean un efecto dominó, que crece como bola de nieve: alguien tira accidentalmente el material de viaje, al llegar al pasado la avería provoca que las armas especiales que se llevan no se activen cuando deberían, el grupo se ve forzado a enfrentar de otra forma al dinosaurio que usualmente matarían con facilidad, lo que asusta a los clientes de la expedición, quienes, por nerviosismo, tensión y la adrenalina se salen del camino otrora cuidadosamente trazado. Al pisar fuera de los perímetros establecidos, alguien mata accidentalmente una mariposa e inadvertidamente la trae de vuelta, pegada a su zapato, al presente.

La cadena de errores que desvía al grupo de su ruta cotidiana demuestra cómo un solo cambio lo modifica todo y los resultados aquí son catastróficos, ya que alteran la cadena evolutiva a lo largo de millones de años a través de “ondas de tiempo” que modifican la forma como el planeta habría evolucionado; todo a consecuencia de la muerte de esa mariposa.

Por ejemplo, tal vez al morir la mariposa ésta no habría sido comida por otro animal, que podría ser el primero de una nueva especie, que a su vez podría haber sido el antecesor de otras muchas especies futuras. En esencia, una sola modificación perturba por completo la selección natural y el origen de especies. 

Esto nos obliga a reflexionar sobre la propia intervención de hombre en el orden del universo y cómo su presencia provoca alterar el balance del curso natural de la vida. Como especie dominante depredamos, consumimos recursos, explotamos el planeta y el ecosistema, además de que inventos científicos, creaciones modernas y avances tecnológicos muchas veces juegan con la estructura evolutiva, experimentando, por ejemplo, con el ADN, con la biología del medio ambiente, con la genética de plantas y animales, con el ser humano mismo y su existencia, etcétera.

Parece que olvidamos que todo organismo importa, sea un pequeño insecto o planta, sea un volcán o un dinosaurio; cada ser vivo tiene su papel o rol en el universo y en cómo el mundo funciona y evoluciona. Si el humano interfiere con la tierra, los bosques, los ríos y los mares, con los animales y los recursos naturales, los efectos que esto traiga son incalculables, si bien, invariablemente perturban el curso de la historia.

La arrogancia gana, jugamos a ser Dios, para crear y destruir a nuestro beneficio o capricho. Comercializamos con unas fuerzas naturales que en realidad no están bajo nuestro control. Celebramos a las esferas capitalistas que cobran por aquello que compran sin verdadero derecho a reclamarlo suyo, sean seres vivos o el espacio mismo que habitamos, en lugar de reclamar lo verdaderamente importante, el respeto y cuidado de nuestro entorno, ese mismo que hace posible que existamos.

El plan de Travis y su ‘safari del tiempo’ es siempre regresar al mismo punto en el pasado para evitar alterarlo, matando a un dinosaurio que habría muerto de cualquier forma, ahogado en un pantano minutos antes de la erupción de un volcán. La idea es no interferir con el orden natural del universo, es decir, que la presencia de estos, finalmente, agentes externos, no afecte ni contexto ni evolución, pero la intención es una ilusión, porque no hay forma de saber qué puede salir mal, hasta que sucede. 

La empresa cree que tiene todo bajo control, tan ensayado que funcionará a la perfección, pero toda esa parafernalia que construimos a nuestro alrededor sólo crea una falsa sensación de seguridad; una fe ciega y egocéntrica del humano hacia sí mismo que le convence de que los protocolos implementados son inviolables o infalibles. No lo son, porque no pueden tomar en cuenta todas las variables que entran en la ecuación, incluyendo imprevisibilidad, espontaneidad, azar o simple cambio en las circunstancias. 

Tener cámaras de vigilancia por todos lados no termina con la inseguridad, por plantear un ejemplo práctico, en donde se ejecuta una aparente solución a un problema, pero en realidad no se hace mucho por resolver con sensata objetividad, ecuanimidad o análisis, únicamente se aumentan los ojos que vigilan, sin atender las causas de la inseguridad. Lo que se implementa no remedia ni subsana, tampoco controla, solo aparenta que lo hace.

Aquí pasa igual, Hotton, Travis y el resto de su equipo depositan su confianza en la supervisión de una inteligencia artificial que no hace más que seguir los comandos para los que fue creada, así que no puede ‘ayudarles’ a prevenir fallas, sólo reportar los hechos tal cual suceden. Humanos, en esencia, erróneamente pensando que sus inventos son suficientes para estar bien, seguros y prósperos. Luego asumen que no hay nada que pueda salir mal porque hay orden, estructura y jerarquía implementados para que cada cosa y cada persona haga lo que le corresponde. Pero ¿y si no cumplen?, ¿y si alguien se equivoca o algo funciona mal?

En la narrativa algo así sucede; todo pudo haberse evitado si el biofiltro que escanea a los viajeros en su regreso al presente hubiera estado encendido, pues habría detectado la presencia de la mariposa y señalado como ajena al ecosistema actual. Pero no lo estaba, porque Hotton lo había apagado a fin de ahorrarse dinero. Egoísmo, corrupción y avaricia jugando un papel clave en la destrucción del planeta, de sus especies y de las sociedades mismas. Personas sin ética, sin escrúpulos o sin consciencia y sin responsabilidad moral ni social, que ganan a expensas del resto del mundo, que pierde.

Finalmente, algo importante a reflexionar es que, a diferencia de los personajes en la película, en la vida real no tenemos a la mano la posibilidad de viajar en el tiempo para enmendar nuestros errores. Si un experimento sale mal, si una decisión equivocada desencadena guerras, pandemias, catástrofes o extinción, no hay vuelta atrás; como humanidad tenemos que cargar con las consecuencias y adaptarnos.

El efecto mariposa es en esencia un espejo a la teoría del caos: sistemas causales o relaciones de causalidad que parecen no tener sentido, sin embargo, no son aleatorias, más bien son tan complejas que parecen caóticas, sin que realmente lo sean. Esos sistemas complejos tienen una relación causa y efecto, lo que pasa es que no siempre podemos descifrar cómo funcionan o deducir cómo se comportarán, porque sus variables no son lineales ni estáticas. El universo, nuestro planeta y todos los seres vivos existen porque un conjunto de variables y circunstancias hicieron posible la vida; así que todo a nuestro alrededor cambia constantemente, inclusive el tiempo, de forma que el proceso de evolución es único, irrepetible, complejo e impredecible. La humanidad debería tenerlo presente para prestar más atención al medio ambiente y poner límites a la apropiación de los recursos naturales por empresas capitalistas que buscan incesantemente expoliar al planeta.

Ficha técnica: El cazador de dinosaurios - A Sound of Thunder 

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