Hombres de Negro

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Hay una frase popular que dice ‘hay que pensar fuera de molde’. Se refiere a ser diferente, sin seguir la corriente, proponer en lugar de repetir patrones, dando solución a realidades estancadas o rutinarias, desafiando el estatus quo, no por contrariar al contexto sino en la búsqueda por enriquecerlo con nuevas ideas.

Sin pensar diferente, sin romper esquemas, no se puede crear ni descubrir o aprender, en el sentido de que sólo más allá de lo ya establecido deducimos, indagamos y perseguimos formas distintas de ver el mundo. Una mente abierta permite cambiar y evolucionar de una manera menos restringida o limitada, y no porque lo cotidiano sea en esencia malo, sino porque, si nos acostumbramos a lo habitual, ¿dónde quedan la sorpresa, la novedad, la transformación y el crecimiento humano?

La película Hombres de Negro (EUA, 1997) ejemplifica esta idea, planteando la importancia de ver nuestro alrededor con otra mirada, a fin de darnos cuenta que, más allá de lo evidente, hay un mar de posibilidades. En el filme, correspondiendo con su enfoque de ciencia ficción, esto se traduce en alienígenas viviendo entre nosotros, pero, llevando la interpretación al mundo real, se refiere a mantener un balance entre tradición e innovación, entre realidad y fantasía o posibilidad y raciocinio.

La cinta está dirigida por Barry Sonnenfeld, escrita por Ed Solomon y protagonizada por Tommy Lee Jones, Will Smith, Linda Fiorentino, Vincent D'Onofrio y Rip Torn. ‘Hombres de Negro’ se refiere a una organización secreta dedicada a identificar, monitorear, investigar y vigilar la vida alienígena en la Tierra. Su nombre proviene de la cultura popular, específicamente por la creencia de que el gobierno, en particular el estadounidense, encubre encuentros y otras formas de contacto extraterrestre. Los agentes que trabajan en esto suelen imaginarse, o describirse, como hombres de cara adusta que usan lentes oscuros y visten trajes color negro.

En esencia, de lo que se trata es de jugar con las teorías de la conspiración, a las que el cómic en que se basa el guion da un giro divertido, aprovechando que la imagen misma de los ‘hombres de negro’ se ha instalado en el imaginario colectivo para referirse a supuestos agentes gubernamentales que encubren secretos.

En la narrativa, James es un policía de Nueva York reclutado por este grupo secreto luego de demostrar habilidades útiles para la organización: es ágil no sólo física sino también mentalmente; es observador, resolutivo y piensa de forma más creativa que monótona, porque, aunque parece que no se toma las cosas muy en serio, más bien elige buscar un ángulo diferente al establecido. 

Si bien al Agente Zeta, el director a cargo de los Hombres de Negro, le preocupa que James sea propenso a desafiar la autoridad, lo que puede traducirse en resistencia para seguir instrucciones, también tiene otras cualidades importantes que manifiestan su potencial, pues su negativa para acoplarse a la estructura dominante lo hace al mismo tiempo hábil, deductivo, intuitivo y suficientemente capaz para improvisar, para solucionar problemas y tener iniciativa.

James no se conforma, no desafía el orden por el mero acto de llevar la contraria; más bien se plantea alternativas frente a los hechos. Para una organización atenta a situaciones relacionadas con alienígenas, esto resulta tan importante como necesario. Su día a día no es lidiar con la cotidianidad del mundo, sino con todo lo que no es ni rutinario ni usual.

Para ello hace falta una mente que sepa leer entre líneas, que no se bloquee ante la constante revelación de que nada es lo que parece. A fin de cuentas, las apariencias engañan y si creemos en todo lo que vemos o nos dicen somos más ovejas en un rebaño homogéneo que solucionadores de problemas liderando el camino hacia nuevos horizontes.

En la película, este choque entre lo establecido y lo revolucionario carga con un mensaje claro: si tomamos las cosas por inercia y seguimos el camino más evidente, no siempre vamos a dar en el clavo. Esto no quiere decir que lo ilógico e irracional vaya a arrojar respuestas, sino que es necesario plantearnos escenarios que cubran todas las posibilidades posibles, porque sólo entonces, en sus vastas opciones, encontraremos resoluciones.

Uno de esos escenarios se ejemplifica cuando James está en una prueba de inicial junto a otros reclutas. Durante un cuestionario escrito, jala hacia sí mismo la mesa más cercana, que nadie más está usando, para dejar de batallar con escribir sus respuestas sin tener dónde apoyarse. En esencia, analiza, proporciona soluciones y es práctico; o sea, hay un problema, valora el contexto y resuelve.

Más tarde, al continuar con la prueba, se les somete a un ejercicio que simula un enfrentamiento hostil en la calle. Mientras los demás disparan a las representaciones en cartón de varios alienígenas, de aspecto monstruoso, extraño e incluso grotesco, James decide que ellos no son el problema en esta ambientación, sino una niña deambulando sola en medio de la noche y cargando con libros de cálculo matemático. Según explica James, es ella la que no cuadra en este contexto: ¿Qué hace una niña de una clase aparentemente privilegiada en un barrio de los suburbios a altas horas y con material académico demasiado avanzado para su edad? “Algo se trae entre manos”, medita James. 

Su razonamiento y cómo lo expone resulta divertido, pues lo explica tan sarcástico como irónico, pero en el fondo es representativo, ya que está viendo la otra cara de la moneda. Eso hace que su actitud contraste con la del resto de sus compañeros, entrenados para seguir órdenes al pie de la letra y, por tanto, para acatar en lugar de cuestionar su entorno. La contraposición es narrativamente perfecta para la comedia, pero igualmente demuestra cómo James destaca porque piensa en explicaciones distintas. No juzga al libro por su portada, porque de hacerlo etiquetaría testarudamente, lo que no permite analizar objetivamente a otros en temas como humanidad, supervivencia, existencia y evolución. No debemos limitar nuestras posibilidades sólo porque no nos atrevemos a verlas.

Algo parecido vuelve a suceder cuando la organización tiene que resolver la amenaza de una posible invasión al planeta. James, ahora convertido en el Agente J, se une a su mentor designado, el Agente K, para encontrar algo llamado ‘La Galaxia’, antes de que un alienígena, que parece un insecto gigante, lo consiga primero. 

“Para evitar la guerra, la galaxia está en el cinturón de Orión”, es la pista con la que tienen que trabajar. Al principio no le encuentran sentido, pues, en la constelación de Orión, no hay ninguna galaxia, ya que una galaxia se conforma de una colección de estrellas, no al revés. “Humanos, cuándo aprenderán que el tamaño no importa; sólo porque algo sea importante no significa que no sea pequeño”, les dice uno de los extraterrestres, evidenciando, de nueva cuenta, por qué es trascendente aproximarnos a las cosas lejos de prejuicios. 

En este caso, Orión es un gato y en su collar, o cinturón se encuentra el dispositivo que contiene dentro una galaxia. El punto aquí no es tomarlo literal, es decir, no se trata de intentar explicar desde la física cuántica cómo es que una galaxia puede caber en una esfera del tamaño de una canica. Más bien, y gracias a que la película se salta las explicaciones porque está construida en la ciencia ficción, la lección es más bien metafórica: toda una galaxia puede estar contenida dentro del más pequeño de los espacios, porque el universo mismo es un concepto que puede ser entendido de una forma más poética que textual.

Así pues, no porque algo sea pequeño no importa, ni porque algo sea muy grande es más importante. No porque algo sea dicho lo hace verdadero; mientras que cada palabra puede tener muchos significados según sintaxis, contexto, intención, alegoría o interpretación. Entonces, no es que esté mal tomar las cosas de forma literal, en ciertas circunstancias es la respuesta correcta, es que, primero, hay que repasar todas las posibilidades adyacentes para así entender mejor el mundo y a las personas que nos rodean.

Bajo esta idea, la cinta permite hablar del prejuicio en que caen aquellos propensos a rechazar al foráneo, al diferente o a las minorías. Esto es lo que representan los alienígenas, seres buscando integrarse a la dinámica cotidiana del mundo humano, que llegan a la Tierra en busca de refugio, no de invasión ni aniquilación. No todos tendrán las mejores intenciones, pero, en general no se trata de invasores dispuestos a la destrucción, sino de migrantes esperando transitar el mejor camino que puedan forjarse, sin quitar nada a nadie.

Aquí se refiere también al temor a lo desconocido, así como de lo común que es rechazar aquello que no comprendemos, sean ideas o personas. Lo que el filme propone, a través del agente J, es dar perspectiva a las cosas y empatía a la gente. Lo cual recalca lo vital que es aprender a adaptarnos, crecer y cambiar. Ponernos en los zapatos del otro nos transforma no porque tengamos que adoptar su forma de pensar, sino porque así aprendemos y entendemos que allá afuera hay muchas otras formas de ver la vida, de vivirla y de experimentarla; y ello no nos hace menos valiosos, ni a nosotros mismos ni a los demás.

El problema es cuando, obstinados o egocéntricos, algunos individuos prefieren creer lo que les conviene, o lo más fácil y ventajoso. Ven lo evidente y se olvidan del trasfondo, porque lo segundo requiere esfuerzo, que usualmente se traduce en sacrificio. Aceptar la existencia de vida extraterrestre, por ejemplo, es aceptar con mente abierta que somos sólo un punto en el firmamento. Es también admitir que lo que para unos es enorme, para otros es una nimiedad y viceversa; es reflexionar sobre cómo entendemos este mundo y validar que hay otros puntos de vista, a los que es fundamental al menos escuchar, lo que requiere un proceso de introspección, reflexión y comprensión que no todos están dispuestos a enfrentar.

“Una persona es inteligente. Los humanos son tontos, animales peligrosos y temerosos. Hace mil quinientos años, todo el mundo creía que la Tierra era el centro del universo. Hace quinientos años, todo el mundo creía que la Tierra era plana y hace quince minutos, sabías que los humanos estábamos solos en este planeta. Imagina lo que sabrás mañana”, le dice K a J, vislumbrando este proceso de humildad para con lo que significa vida y trascendencia humana.

Curiosamente, quizá también de forma contradictoria y problemática, los Hombres de Negro operan bajo la idea de que nuestra sociedad en el fondo no está todavía preparada para descubrir que hay otras formas de vida en el universo. Creen que es mejor que la gente ignore esta verdad y lo consiguen gracias a un dispositivo alienígena avanzado que modifica recuerdos para hacer a la gente olvidar.

Aunque en apariencia es una medida de contención necesaria, conscientes de los peligros que hay detrás de la inclinación humana por atacar, rehusar o repeler antes de conocer y entender, especialmente lo desconocido, la acción también plantea varios dilemas éticos, ya que es una tecnología que borra el pasado y reescribe la realidad. Sin embargo, así no se eliminan los prejuicios humanos; la clave no está en reformular y rehacer sino en replantear, porque no se trata de comportarnos como si los errores no se hubieran cometido, sino de enfrentar esas decisiones confiando en que nos permita reparar y cambiar.

Cómo promover aceptación y apertura si ese pasado, ahora catalogado como erróneo o equivocado, se está intentando eliminar de nuestra historia. Y en qué momento, al querer proteger el presente, caemos en los mismos errores del pasado: condescendencia controladora.

Ahí es precisamente donde es conflictivo que se desempeñen organizaciones (gubernamentales o privadas) como ésta. Si una pequeña mentira puede traer la paz y una gran verdad puede destruir al mundo, ¿qué elegir? ¿Qué hace falta para mantener el orden? ¿Cuándo la verdad es necesaria? ¿O es que a veces las verdades a medias, los secretos discretos y la secrecía selectiva pueden ser una forma precisa de protegernos de algo para lo que no estamos preparados? 

Después de todo, es a través de la verdad que podemos comprender nuestro lugar en el universo. Y más importante aún, tener claro que nuestros límites personales son tan grandes o pequeños, o importantes, como nosotros queremos que sean. Los parámetros van de nuestra cuenta. 

La película lo muestra con su escena final al revelar que el cosmos en que vivimos no es más que uno entre muchos otros similares; en este caso, uno contenido en una de las muchas canicas que resultan juguetes con los que algún alienígena se entretiene. 

Ni somos el centro del universo (metafórica y literalmente hablando), ni somos tan especiales como quisiéramos. Y esto no quiere decir que seamos irrelevantes, más bien nos recuerda que somos tan importantes como el resto del vasto infinito allá afuera. Por eso: a) deberíamos permitirnos maravillarnos de lo mucho que hay más allá de nuestras cuatro paredes; b) que esto nos permita ver nuestros alrededores con nuevas miradas; y, c) que todo ello nos ayude a encontrar nuestro lugar el mundo. Asunto esencial para la evolución del ser humano.

Ficha técnica: Hombres de negro - Men in Black 

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