Jumanji

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Tener miedo no es malo y, pese a que usualmente lo calificamos como un sentimiento negativo, lo cierto es que puede ser todo lo contrario, es decir, puede ayudarnos a superar obstáculos, motivarnos a encontrar respuestas, a estar preparados y prevenir o a mejorar condiciones y resolver problemas, sólo hay que saber sopesar, abordar, canalizar y redirigir, en lugar de dejar que tome control sobre nuestras vidas.

El miedo es, en cierto sentido, la razón por la que seguimos adelante, sin claudicar. El punto es que para que ello suceda hay que enfrentarlo, racionalizarlo y darle una nueva perspectiva; digamos, sin miedo a tener miedo. Ésta es la lección más importante que aprenden los personajes de la película Jumanji (EUA, 1995), dirigida por Joe Johnston, escrita por Jonathan Hensleigh, Greg Taylor y Jim Strain y protagonizada por Robin Williams, Kirsten Dunst, Bradley Pierce, David Alan Grier, Bonnie Hunt, Jonathan Hyde y Bebe Neuwirth.

Trata de un misterioso juego de mesa, Jumanji, que un niño llamado Alan encuentra en 1969, enterrado cerca de la fábrica de zapatos de su padre. Alan y su amiga Sarah comienzan a jugarlo sin advertir los peligros de la magia que le rodea, que puede hacer que realidad y fantasía se fusionen, llevando a los personajes del juego hacia el mundo verdadero y viceversa.

Alan lo vive en carne propia cuando es transportado hacia adentro de Jumanji, dejando a Sarah bajo la impresión de que lo que presenció fue falso, una alucinación o algo peor. Los años pasan, la gente duda de la versión de Sarah sobre lo que pasó; en el pueblo dan a Alan por muerto y comienzan las leyendas urbanas que asumen que su padre lo mató, cuando en realidad pasó años invirtiendo toda su fortuna y tiempo en buscarlo, creyendo que había escapado de casa, hasta que, eventualmente, el mundo en sí pasó página.

Hasta 1995, cuando dos niños, Judy y Peter, se mudan con su tía Nora a la hasta entonces abandonada casa de los Parrish. Los hermanos, como en su momento Alan y Sarah, también escuchan el característico resueno de tambores que emite el tablero de Jumanji y que, por cierto, no todas las personas pueden oír, planteando la posibilidad de que el juego esté concretamente dirigido a niños y jóvenes, dado lo que la aventura metafóricamente representa y propicia en quienes lo juega: maduración. “Jumanji, un juego para los que buscan encontrar una manera de dejar su mundo atrás”, se lee en la advertencia grabada en el tablero y que se puede entender que se refiera a un acto de autotransformación, positiva o negativa, de acuerdo a cómo lo asume e interpreta cada individuo.

Cuando Judy y Peter también comienzan a jugar y lanzan un cinco en los dados, finalmente cumplen con la condición para que Alan sea traído de vuelta al mundo real. Su regreso, claro, es un shock cultural y generacional, pues ha pasado 26 años encerrado en Jumanji, sobreviviendo en un ambiente salvaje y primitivo. Ahora está de vuelta a una realidad de la que es totalmente ajeno y distante. Su idea es empezar desde cero, retomar su vida y reclamar su futuro o el poder de decidir sobre sí mismo. Sin embargo, se topa con un pequeño problema: el juego no puede quedarse así, las instrucciones dicen que hay que terminarlo, especialmente porque es la única manera de enviar de vuelta hacia Jumanji todo lo extraño que ha salido del tablero de juego y que se ha instalado en el mundo real, como animales de la jungla y la selva, o letales plantas carnívoras y venenosas dispuestas a acabar con todo en su camino.

‘Tienes que terminar lo que empiezas’, dice una frase popular, y de esto se desprende una de las lecciones clave aquí: de la importancia del compromiso y la constancia, donde entran en juego valores, principios e identidad. Dejar las cosas inconclusas habla de desidia o de desgana, pero también tiene que ver con falta de objetivos, claridad, iniciativa o planeación. ¿Por qué no terminamos lo que empezamos? ¿Miedo a la incertidumbre? ¿Falta de motivación o de visión? ¿Por desinterés, confusión o estancamiento?

Los cuatro niños, cada par en su respectiva época, empiezan el juego sin haber leído primero todas las instrucciones, sin entender la escala de la decisión que están haciendo y tomando a la ligera la situación. Sin bien en la película las consecuencias son exageradas por la magia que rodea el concepto (Jumanji no es real y todo lo que sucede en la narración es fantasía), el escenario en sí es simplemente representativo y la reflexión simbólica: habla de abordar un reto con método y organización, no con impulsividad e improvisación. 

Cuando Alan y Sarah dejan el juego a medias por las circunstancias sobrenaturales e inexplicables que lo cambian todo, evidentemente están asustados; pero cuando se ven forzados a ‘terminar lo que empezaron’, pueden verlo con otros ojos, con más madurez, a fin de entender que nuestros actos tienen consecuencias e ignorarlo no va a resolver la situación. 

La vida requiere de disciplina y compromiso en todo momento y en todo lo que hagamos, no importa qué tan simple o banal parezca, como un juego de mesa. Por supuesto, algunas cosas son más importantes o relevantes que otras, la clave es dimensionar cómo todo lo que hacemos, o no hacemos, tiene su eco en el mundo.

Alan por ejemplo, de niño, deja un nuevo prototipo de zapato diseñado por su amigo Carl, empleado en la fábrica de su padre, sobre una máquina, lo que provoca que se descomponga. Alan decide callar, dar la vuelta y evadir las consecuencias de sus actos. Como resultado, Carl es despedido, viéndose obligado a conciliar, con más consciencia y madurez, su rol en el asunto, al tratarse del zapato que él había diseñado. Alan no se entera de este desenlace sino hasta años después, cuando regresa de Jumanji. Entonces conecta la información y finalmente lo dimensiona: de haber hablado con la verdad, tal vez lo hubieran regañado o castigado, pero habría evitado que alguien fuera castigado injustamente por un error que él cometió. 

Una aparentemente pequeña omisión o mentira puede desencadenar algo enorme, que no siempre vemos y no siempre abordamos con la seriedad que debería. Pero así es finalmente la vida, todos los días, vicisitudes y circunstancias imprevistas a las que hay que hacer frente y resolver, de ahí la importancia de encararlas con verdad y compromiso.

Parte de lo que implica tomar consciencia también tiene que ver con entender que el miedo es tan humano como natural y, más que nada, es parte de crecer y madurar. Si nos paraliza, lo dejamos ganar; en cambio, hay que recordar que de la experiencia misma aprendemos, para así, cuando nos veamos nuevamente frente al reto, no tropecemos con la misma piedra.

Para Alan esto es significativo, toda vez que el juego trae al mundo real a Van Pelt, un cazador que habita en Jumanji y con quien Alan constantemente antagoniza. El actor que interpreta a Van Pelt es el mismo que hace el papel de Sam Parrish, el padre de Alan, y esto es importante por el paralelismo que hay entre ambos. El cazador, después de todo, es una figura a la que Alan tiene miedo, tanto como en su momento tenía hacia su padre, porque Van Pelt es, para fines prácticos, la representación en el juego de su padre, estricto, imponente y con la capacidad de hacerlo sentir pequeño, indefenso o insignificante. Además, dado que Alan mantenía una relación difícil con su padre, con quien la comunicación y entendimiento era accidentado, el personaje del cazador es aún más aterrador.

En cualquier caso, superar el miedo implica tener el coraje y el valor de alzar la voz, de hacerse escuchar, de enfrentar las causas y circunstancias que generan temor. “Si le tienes miedo a algo tienes que hacerle frente”, le dice Sam a su hijo al inicio de la película, cuando el niño es víctima de bullying por parte de sus compañeros de escuela. Alan huye más de una vez y en más de una forma, no sólo de los chicos que le molestan, también cuando avería la máquina en la fábrica de su padre. Y sigue haciéndolo hasta que literalmente se va lejos, al ser transportado a Jumanji y, entonces, descubrir que huir no resuelve ni mejora las cosas automáticamente.

Las palabras de Sam son relevantes y resuenan en cada uno de los personajes, pues todos se refugian detrás de algo con lo que evaden afrontar la realidad. Sarah, por ejemplo, niega lo que sucedió cuando ella y Alan jugaron Jumanji en 1995, en parte porque nadie le cree, en parte porque eso mismo hace que la señalen y rechacen, hasta, eventualmente, ignorar un pasado que la hace dudar de sí misma. 

Judy y Peter, por su parte, rehúyen de una trágica realidad que aún duele: la muerte de sus padres. Sin saber con claridad cómo lidiar con el duelo y la inevitable continuación de sus vidas, Judy se dedica a mentir al respecto y crear historias exageradas para explicar la ausencia, mientras que Peter ha callado por completo, eligiendo no hablar con nadie y para nada. A ambos les cuesta aceptar el mundo tal y como es ahora, ni alegre ni dichoso; pero en lugar de encararlo y madurar, lo evitan; lo que a la larga no beneficia a nadie.

Desde luego, estos personajes no pueden seguir así, ni en general como personas podemos optar por la ruta aparentemente más fácil, la que consiste en huir, escapar, negar la realidad o esconderse para siempre. Aquí lo sobrenatural o mágico les obliga a cambiar la perspectiva y la forma como venían lidiando con eso que duele, es incómodo o provocaba angustia y ansiedad. En el mundo real hay que hacer igual, cambiar el enfoque y la actitud, sin magia, pero con entereza. No sólo se trata de hacerle frente a la verdad, sino de sanar en el proceso, enmendar errores, reconstruir puentes y perdonar. En esencia, confrontar y superar el miedo de una forma sana.

No es sencillo; Alan, después de todo, perdió 26 años de su vida, el mundo cambió radicalmente y su familia se desmoronó con todo lo sucedido; mientras que Sarah fue ignorada, su trauma silenciado y, eventualmente, su verdad borrada. Su realidad, así como la de Judy y Peter que perdieron a sus padres, es dura, difícil. Quizá en Jumanji la magia pueda borrar el pasado y, de ganar el juego, rehacer todo hasta reformular el presente. En la vida real esto no es ni posible ni viable, las tragedias no pueden sólo evadirse, pero tampoco desaparecer, ni reescribirse para llegar a otro resultado.

Así que la vida es como lanzar los dados, impredecible y unas veces más favorable que otras. Lo indudable es que no podemos tener el control de todo, ni todo el tiempo, por más que así lo queramos. Tampoco podemos hacer todo en solitario. El juego no avanza a menos que las cuatro personas que están jugando colaboren, lo que significa que nadie puede ni jugar ni ganar solo, algo que también tiene su eco en la realidad, es decir, evidentemente hay muchas cosas que podemos y debemos hacer por nuestra cuenta, pero, como seres sociales, necesitamos asimismo socializar, adaptarnos, convivir y trabajar en equipo, sobre todo en tareas que recaen, lejos del individualismo y el egocentrismo, en apoyo de las habilidades de todas las partes involucradas; es decir, se requiere la colaboración de todos los ‘jugadores’. 

Judy, Sarah, Peter y Alan tienen que aprender a confiar en el otro, a colaborar y solidarizarse, pero, más que nada tienen que aprender a ayudarse mutuamente, escuchando sugerencias tanto como proponiéndolas, porque, ni todos tienen todas las respuestas, ni hay un salvador absoluto; los cuatro importan, los cuatro son parte del juego y todos aprenden y maduran conforme avanza el desafío.

En Jumanji, igual que en la vida misma, no se gana ni renunciando ni haciendo trampa; además, se consigue más hablando del miedo en voz alta y haciendo algo al respecto, que asumiendo que alguien o algo darán sentido al caos que existe en el mundo. 

“Hay un momento en que uno debe elegir entre seguir adelante o retroceder”, dice Alan, y sí, es importante saber cuándo moverse y cuándo detenerse, cuándo avanzar y cuándo es mejor dar un paso atrás para reevaluar y mirar el panorama completo. Dicho esto, hay otra frase de Alan igual de potente en su trasfondo que, a propósito del miedo, también lo dimensiona: “Cada aventura requiere un primer paso”.

Ficha técnica: Jumanji 

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