Maléfica

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

En ocasiones los villanos de las historias o relatos realmente son malvados, otras, son incomprendidos, también pueden errar por desinformación o falta de visión crítica, pero, en algún momento, llega a suceder que sus acciones resultan entendibles, incluso justificables. Quizá no siempre sean correctas, sobre todo si sus intenciones afectan a terceros que poco tienen que ver con el conflicto, pero sí es posible encontrar una razón lógica con la cual empatizar o, al menos, percibir calidez humana.

La película ‘live action’ de Disney, Maléfica (EUA-Reino Unido, 2014), propone una historia origen nueva para este personaje, usualmente visto como la villana del cuento de ‘La bella durmiente’. A fin de entender qué motiva sus acciones, qué hay detrás de su supuesta maldad y en qué punto entre venganza y justicia se mueve, la cinta presenta otra perspectiva que profundiza en el pasado de Maléfica. 

Dirigida por Robert Stromberg, escrita por Linda Woolverton y protagonizada por Angelina Jolie, Elle Fanning, Sharlto Copley, Sam Riley, Imelda Staunton, Juno Temple, Lesley Manville y Brenton Thwaites, aquí humanos y criaturas mágicas conviven en un mismo mundo en el que hay una división de reinos que en general se conoce y respeta. Los humanos, no obstante, ambiciosos y destructivos, muestran especial interés en hacerse de los tesoros de las criaturas mágicas y adentrarse en los perímetros del Páramo, su bosque fantástico, con la intención de controlar y explotar sus espacios y recursos. Es así como una joven hada llamada Maléfica, conoce a Stefan, un niño que traspasa los límites del Páramo para robar una piedra preciosa.

De familia humilde, granjeros al servicio de la realeza, que sueña con algún día vivir en el castillo del rey, Stefan devuelve el objeto robado cuando Maléfica lo descubre en medio de su fechoría. A raíz de esto entablan una amistad que con los años se convierte en amor, no obstante Stefan, cegado por la avaricia y la corrupción, se va alejando del hada a fin de perseguir sus propios sueños de grandeza, lo que eventualmente lo lleva a una posición menor entre los sirvientes del rey Henry.

Años después, el rey se dispone a conquistar el Páramo por mero capricho y para demostrar su poder, pero Maléfica, convertida en defensora de esas tierras, lo detiene. Derrotado, humillado y molesto, Henry promete dejar su reino, a través de la mano en matrimonio de su hija, a quien derrote a Maléfica. El egoísmo y la codicia impulsan a Stefan a traicionar a su amiga y, aunque no se atreve a matarla, usa a su favor la ventaja de conocerla, conocer su debilidad (el hierro es letal para las hadas y, claro, es el material del que están hechas la mayoría de las armas humanas) para así poder acercarse fácilmente a ella y cortarle las alas, ofreciéndolas a Henry como evidencia de su victoria y convertirse en el nuevo rey.

Su actuar es insensato, vil y cruel, usa a otros, en este caso a Maléfica, para aprovecharse de la situación: ve su beneficio primero y sin importarle a quien afecta, escalando social y políticamente a través de engaños y mentiras, porque no le dice a nadie, ni al rey, lo que sabe sobre las hadas, sólo resuelve a partir de una oportunidad circunstancial para, alimentándose del misterio de cómo logró su proeza, presentarse ante los demás como el gran héroe.

Su traición a Maléfica le consigue todo lo que siempre quiso: una corona y un reino, sacrificando aquel amor puro y sin condiciones que había crecido de una amistad leal y honesta. Es decir, Stefan cambia el amor por el poder y la gloria; en consecuencia, convierte a una bien intencionada Maléfica en el enemigo. La pregunta es si ella realmente lo es, pues sus acciones son una respuesta directa a las faltas que él cometió en su contra. 

Bien podría vérsele como una víctima (de agresión) que alza la voz y clama justicia, en cambio, a partir de una narrativa tergiversada y acomodada para convencer con mitos en lugar de hechos, se le pinta como malvada, despiadada e implacable, ya que su objetivo es hacer pagar a Stefan por sus faltas, con lo que cree es el castigo adecuado para la traición.

En esencia, Maléfica pierde sus alas por confiar en un humano que resultó no ser digno de su afecto, amistad y estima. Su plan de venganza es resultado de ello, su supuesta ‘maldad’ se origina en el dolor y el sufrimiento causado por el daño que la afecta y, ante este panorama, resulta entendible que clame justicia, que quiera herir como la hirieron a ella o reclamar respeto a partir de una posición de poder (autonombrándose soberana única en el Páramo) sobre un hombre que la hirió, simbólica y literalmente, sabiendo que la afectaba para ganar algo tan efímero como egoísta y banal: riqueza, dominio, poder y autoridad. 

Es importante notar que se convierte en rey a través de la violencia, de arrebatar a ella libertad, paz, felicidad, dignidad y expectativas. Stefan representa lo peor de los humanos: avaricia, deslealtad, individualismo y explotación, en contraste con un reino de criaturas mágicas en el que todos conviven en armonía y como iguales; no tienen deseos de conquista ni hay entre ellos enemistad, mezquindad, egocentrismo o malicia. 

Esa belleza que combina calma, unión, sincronía y serenidad, se ve envenenada por la presencia de un humano que es todo lo contrario. En consecuencia, Maléfica toma el control del Páramo como vehículo para su plan de venganza y refuerza las fronteras preparándose para los ataques del ejército del nuevo rey, de modo que la hasta entonces pacífica y alegre serenidad del reino mágico se convierte en miedo y opresión, cambiando prosperidad por rencor y lucha.

El contraataque de Maléfica se enfoca directamente en Stefan y en la lógica de que, si él le quitó lo que ella más apreciaba, ella ahora hará lo mismo con él, pero no hablamos de su reino sino de su legado. El hada coloca entonces una maldición sobre la hija de Stefan, Aurora, a quien, recién nacida, condena a pincharse el dedo con una rueca envenenada en su cumpleaños 16 que la llevará a caer en un profundo sueño del que sólo podrá despertar con un beso de amor verdadero.

Convencida de que tal cosa no existe, porque esto es lo que concluye de su fallida relación con Stefan, alguien que le juró amor eterno, pero no fue así, Maléfica cree que el hechizo traerá una desdicha absoluta e irrevocable. Para asegurarse de que la maldición se cumpla, vigila de cerca a Aurora, aprovechando que Stefan la envía a vivir al bosque custodiada por tres hadas mágicas, bastante despistadas y ligeramente incompetentes. Por eso mismo Maléfica se vuelve una constante y confiable cuidadora a lo largo de esos 16 años, escondida entre las sombras pero pendiente de las necesidades de la niña en su etapa de crecimiento, por lo que, inevitablemente con el tiempo, por esa convivencia y cercanía, llega a estimar a Aurora hasta quererla incondicionalmente.

Esta Maléfica no es malvada por el simple hecho de serlo, su naturaleza no es maliciosa ni perversa; ama, se preocupa por otros, escucha y ayuda, hasta que alguien toma esto como señal de debilidad y lo usa en su contra. Lo vuelve a sentir como parte importante de su vida cuando ve crecer a Aurora e incluso, arrepentida, intenta deshacer la maldición, aunque sin éxito.

Entiende que castigar a un tercero por las faltas de alguien más es injusto e injustificado, se da cuenta que Aurora es inocente y tan circunstancialmente arrastrada a la desdicha como sucedió con ella misma. Así que, igualmente, analiza que no debe hacerle a Aurora lo que Stefan hizo con ella: destruir su bondad por el capricho de sentirse bien con la consolidación de su poder y obtener beneficios.

Aunque no hay una relación directa, entiéndase sanguínea, Maléfica se convierte simbólicamente en la madre de Aurora. La procura, la cuida, la alimenta, juega con ella, le comparte conocimiento, consejos y sabiduría, además de que su lazo crece de un afecto genuino, que no se ha corrompido, aunque sí esté teñido de una mentira que después sale a la luz, es decir, la verdad detrás de la maldición.

Una vez que Aurora cumple el catastrófico augurio, se piensa que el amor verdadero para salvarla puede provenir del príncipe Philip, quien queda enamorado de Aurora apenas verla. Contrario a lo que a veces los cuentos de hadas profesan, o más bien, atinadamente observado y desmintiendo a aquellos clásicos relatos de amor ficticios, esa interacción efímera que alguna vez hubo entre ellos no puede ser una solución real a las circunstancias. Aurora y Philip recién se conocen, puede haber atracción pero no una conexión profunda entre ellos, por tanto, ni un beso forzado va a ser la solución ni esto es sinónimo de amor verdadero.

Para que así suceda tiene que haber una interacción que les revele quién es realmente el otro, algo que no ha sucedido hasta ahora. Amar a alguien es conocerlo, entenderlo, escucharlo y valorarle; es por eso que hay muchos tipos de amor y, en esta versión del relato folclórico, el amor verdadero que salva a Aurora es un amor maternal, honesto y puro. No viene de un enamorado, de un romance o un príncipe, sino de una madre o, en este caso, figura materna, que estima, quiere y ama a Aurora profunda, honesta y sinceramente.

Popularmente también solemos llamar ‘cuentos de hadas’ a relatos no forzosamente mágicos o con elementos fantásticos, sino a historias a veces demasiado perfectas, casi idílicas, donde todo sale bien y el romance es el eje central detrás del final feliz. Estas ideas siembran la equivocada sensación de que la vida perfecta está directamente relacionada con la pareja perfecta y que ese tipo amor es el único que importa. El amor verdadero se vuelve sinónimo de enamoramiento y romance, sin reparar en que el concepto amor es mucho más que esto. 

Si amor es afecto, reciprocidad, compromiso, apego y confianza, ¿alguna vez Stefan amó realmente a Maléfica? ¿O es su traición claro ejemplo de que a pesar del amor las personas son capaces de los actos más crueles con tal de alcanzar sus metas, cubrir sus necesidades o saciar sus caprichos? Porque eso es lo que finalmente hace Stefan: darle la espalda a un amor supuestamente devoto (algo que como espectadores no podemos asegurar porque no hay elementos narrativos que lo expliquen), a fin de ganar lo que él cree que lo hará realmente feliz.

En cambio, ante la forma como los hechos se desenvuelven, Maléfica eventualmente se arrepiente de haber traicionado el amor que siente por Aurora, incluso si la maldición que lanzó ocurrió antes de conocerla verdaderamente. Su redención como personaje, como villana o como antihéroe (según quiera vérsele), proviene de entender que no tiene nada en contra de Aurora y que, por mucho que resienta a Stefan, afectar a otros como castigo circunstancial no es algo particularmente correcto. Su resentimiento se ha expandido hacia terrenos que no tendrían por qué pagar el precio, y es que también, desde la traición de Stefan, Maléfica ha convertido el antes alegre y vivaz Páramo en un bosque sombrío y peligroso, cambiando, al mismo tiempo, radicalmente la vida de todos los que habitan en él.

Dar a Maléfica su propia voz y así entender las situaciones que la empujan a actuar como lo hace, permite comprender al personaje desde su verdad, como una mujer que no sólo fue afectada, o agraviada (notando el simbolismo que hay entre perder sus alas a manos de un hombre que las corta sin su consentimiento, mientras ella está drogada, con una agresión sexual violenta de un hombre hacia una mujer), sino que también es etiquetada como ‘villana’ por sólo defenderse y exigir justicia, con todo y el paralelismo simbólico que esto pueda tener con historias de personas que viven esta realidad día a día, odiadas, desprestigiadas, señaladas y rechazadas porque alguien más lo dice, sin permitirles explicar o expresar su propia historia, su propia verdad, sin permitirles ser escuchadas.

Éste es un relato de traición, venganza, rechazo, obsesión, odio y represalia como camino a la destrucción mutua, o la dañina lucha entre hombres y mujeres que se origina en la injusticia y se sustenta en la falta de valores, deshonestidad, resentimiento y codicia; en general entre personas que tienden a chocar entre sí cuando uno sobrepone su voluntad y pasa sobre otros para conseguirlo. Pero también es un relato de amor, empatía, libertad, independencia, perdón, sanación, recuperación y reconstrucción. Así como Maléfica, las personas siempre tienen la opción de elegir qué camino quieren tomar: perdón o escarmiento, reconciliación o confrontación, bondad o maldad; teniendo en cuenta que, o se rompe el círculo (corrigiendo faltas, construyendo puentes o desprendiéndose de resentimientos, por ejemplo), o los errores del pasado regresan, de una forma u otra, a acabar con nosotros.

Ficha técnica: Maléfica - Maleficent 

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