Sociedad Secreta

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Uno de los aspectos más llamativos de una sociedad secreta es su exclusividad, porque inmersos están anonimato, discreción, hermetismo y sobre todo privilegio. Se trata de organizaciones que existen entre las sombras, poco o nada se conoce de ellas y sus miembros, tienen sus propias reglas y agendas y la idea es que la sola asociación pactada traiga un beneficio para sus partes, es decir, tanto para la agrupación como para sus integrantes.

Asimismo, como grupo social, también cubren un deseo de identidad y pertenencia, tan importantes para el ser humano, porque al formar parte de algo con lo que hay afinidad y reciprocidad, lo asociamos con recibir respaldo y compañerismo a cambio de una lealtad que es bidireccional, lo que proporciona seguridad, confianza, protección, oportunidades, desarrollo y crecimiento a futuro.

¿Hasta dónde defenderíamos a un grupo que nos proporciona estabilidad y prosperidad, con el que nos identificamos y sentimos una afiliación no obligada sino empática? ¿Y cómo trazar esa línea que diferencia normas, ideales y valores propios con los del grupo? 

“Un Skull sobre ningún otro”, es el lema de la agrupación de este tipo en la película Sociedad Secreta (EUA, 2000); frase que refleja un pensamiento, más que solidario, devoto entre quienes la conforman, pues implica poner al grupo por encima de los demás, incluso de uno mismo, lo que potencialmente puede chocar con valores éticos y morales personales o con políticas y cánones que regulan dinámicas sociales. ¿Qué hacer si ante un conflicto de intereses, parece que importa más la asociación que el individuo? O, ¿en qué posición deja esto al colectivo y qué peligros conlleva para aquellos a su alrededor?

Escrita por John Pogue, dirigida por Rob Cohen y protagonizada por Joshua Jackson, Paul Walker, Leslie Bibb, Hill Harper, William Petersen y Craig T. Nelson, la historia sigue a Luke, un estudiante en una prestigiosa universidad de Estados Unidos, que costea sus estudios gracias a una beca, algo que lo diferencia de la mayoría a sus compañeros, quienes provienen de familias más privilegiadas e influyentes y que se comportan como si su posición social los hiciera superiores a los demás, por ejemplo, aquellos que como Luke tienen que esforzarse y trabajar por ganarse su espacio entre el alumnado.

A pesar de que la distinción de clase social crea una barrera a veces convertida en discriminación, al menos de parte de algunos pocos que miran al resto con indiferencia, como si fueran prescindibles, Luke espera ser reclutado por los Skulls, una sociedad secreta de élite que entre sus filas cuenta con las figuras más influyentes no sólo en la escuela sino en el país. Su apuesta es que sus logros académicos y atléticos (como parte del equipo de remo), sean méritos suficientes para llamar la atención de un lugar donde aparentemente no importa de dónde viene sino hacia dónde va, porque no se valora tanto su posición social como sí su potencial, incluyendo cualidades, características y carácter, la capacidad que hay en él para destacar en una institución competitiva y prestigiosa o la forma como esto puede ser moldeado, incluso explotado a favor.

Su verdadera meta es alejarse de un pasado humilde que considera no puede traerle el futuro personal, laboral y profesional que quiere para sí mismo y que asume puede cambiarlo a través de los Skulls, un grupo selecto y selectivo, donde puedan abrírsele oportunidades y, por asociación, ganar un pase de entrada hacia la clase más aristocrática que cataloga como ‘mejor’, bajo la creencia, socialmente aceptada, de que la alta sociedad vive más a gusto, más feliz y en mejores condiciones gracias a su dinero, contactos, lealtades y exclusividad.

Lo que ofrece la sociedad secreta es llamativo y, para él, se traduce en un proyecto de vida, en una especie de inversión a largo plazo. Luke está pensando en todas las facilidades que se le puedan dar, en cómo los contactos que hoy forje pueden ayudarle a construir un futuro, en cómo esto puede aprovecharlo en su crecimiento individual y verse reflejado en resolver problemas prácticos y concretos, como saldar lo más pronto posible su deuda estudiantil, aspirar a estudiar leyes en Harvard, otra institución igual prestigiosa, e incluso conseguir un buen empleo rodeado de gente que como él tenga grandes proyectos en mente.

Lo que Luke no entiende aún es que esto sólo funciona si sucede en ambas direcciones, pues para la propia institución él también es una inversión a futuro. Los beneficios son muchos, sí, pero las exigencias a cambio también lo son. Tanto se da como se recibe y, a diferencia de asociaciones similares como clubes o fraternidades, la meta no se limita a la ayuda mutua, sino que se concentra en ejercer influencia en ámbitos tanto políticos como sociales, según tradiciones y cultura. Se trata de una hermandad que mira más allá del hoy y ahora, que forja líderes para colocarlos estratégicamente en esferas de poder, entre ellas de gobierno, empresas multimillonarias, instituciones bancarias y demás, a fin de beneficiarse de estas decisiones, acumulando secretos que luego puede usar como chantajes, o coleccionando favores que más tarde puedan intercambiarse cuando más convenga.

“Si es secreto y de élite, no puede ser bueno”, asegura Will, el amigo de Luke, quien tiene sus propias dudas sobre instituciones como ésta, a las que ve como potencialmente peligrosas, dada precisamente su secrecía y poder de influencia. Will cuestiona sus límites, el misterio que les rodea y el privilegio que gozan sus integrantes, ya que finalmente reproducen la marcada división de clases que se extiende en el campus, donde algunos cuentan con concesiones que otros no, en función del renombre y riqueza de su familia. 

Luke y Will no son ajenos a ello, lo viven en carne propia, señalados, entre burla y menosprecio, por tener que esforzarse por conseguir sus metas, ya que para ellos no hay manera de comprarlas, sobornarlas o forzarlas. Con los Skulls, o al menos para muchos de ellos, la realidad es todo lo contrario: se jactan, presumen, disfrutan sin preocupaciones ni consecuencias y controlan y deciden a capricho; tienen todo lo que quieren y si no lo tienen, lo consiguen. Y para asegurarse de que esto no cambie, pelean por preservar el prestigio y renombre alrededor de su organización. Su poder de influencia importa porque es clave para mantenerse en la cima, lo que significa que alguien más tiene que permanecer controlado o sometido. 

Si luego esto se lleva a mayor escala, las posibilidades de manejar el mundo tras bambalinas, sacando un beneficio al pasar por encima de otros, gracias a sus contactos, conexiones y favores mutuos, son grandes. Lo que puede volverse peligroso: un grupo exclusivo y secreto que decide y gestiona entre las sombras asuntos políticos, culturales, económicos y sociales a partir de sus propios planes e intereses. Afectando con su eco a miles de personas que nunca ven quién mueve realmente los hilos.

Esto es lo que motiva a Will a investigar al grupo; quiere exponerlos, apelando a la idea de que alguien con tanta influencia operando misteriosamente, es un panorama que puede fácilmente convertirse en escenario de corrupción. 

Su tesis se comprueba cuando es asesinado por entrar clandestinamente a las instalaciones de los Skulls. En aras de mantener al grupo protegido, los hechos son enterrados, la evidencia es destruida, se orquesta todo para hacer parecer que Will se suicidó y tanto la policía como los directivos universitarios están comprados, instruidos para seguir la corriente y respaldar la mentira.

Evidentemente hay suficiente poder como para callar a quien cuestione lo sucedido, hacer desaparecer todo rastro de la verdad y amañar la situación de una forma que no los afecte en lo más mínimo. Su objetivo principal es evitar el escándalo, evadiendo cualquier indicio que pueda ligarlos a la muerte de Will, para permanecer intactos, intachables y respetados. Pero su meta última es más grande: ir acomodando las piezas del tablero pensando en cómo usar la situación para ganar algo a cambio, haciendo entre ellos acuerdos que ya ni siquiera tienen que ver con Will, sino con cómo aprovechar el encubrimiento de su muerte para sus propios fines. “Se usan los unos a los otros y vuelven sus secretos contra sí mismos”, explica Luke.

"Nuestras reglas reemplazan a las del mundo exterior", dice a su vez uno de los Skulls, refiriéndose a que su código responde primero a las directrices y ventajas para su grupo, por encima de lo que digan las leyes de fuera. El riesgo es que esto habla de salvaguardarse ellos mismos antes que responder a cualquier otro compromiso ético, social o moral. La muerte de Will es claro ejemplo de que la verdad se calla, o más bien se silencia, porque primero están sus necesidades y luego, si es necesario, responden a las normas que rigen el orden en la comunidad. 

"Vivimos según las reglas, morimos por las reglas", recalcan los líderes de la organización, una forma de pensar que crea una dinámica absolutista y autoritaria, en donde deja de importar la responsabilidad social y se antepone la conveniencia del grupo. De manera que, al protegerse de las posibles repercusiones asociadas con la muerte de Will, el crimen mismo, perpetrado en sus instalaciones por uno de sus integrantes, queda banalizado, reducido, sepultado en el olvido, pasando la justicia a segundo plano.

Esto se vuelve un dilema para Luke al descubrir que el grupo exclusivo al que acaba de ser admitido es el responsable de la muerte de su mejor amigo, y que su compañero más cercano dentro de la sociedad, Caleb, es el principal implicado en el asunto. Luke juró lealtad a una institución que, ahora sabe, es capaz de destruir vidas, matar y encubrirlo. Cómo buscar justicia para Will si los responsables ahora le exigen a Luke honrar el compromiso que hizo con ellos; respaldarlos y ponerlos por encima de lo que es correcto.

No tardan en recordarle que si van a cuidarle la espalda el favor tiene que ser recíproco. Le han dado dinero, ofrecido oportunidades y acercado a contactos; si quiere mantener estos beneficios intactos, eso es lo que vale su silencio.

Luke además es visto como blanco fácil porque aprovechan su deseo de asegurarse un futuro estable. Viniendo de una clase trabajadora, por sí solo no puede costearse la matrícula en Harvard, donde anhela estudiar leyes. Pero como sociedad secreta financiada por sus propios miembros, los Skulls cuentan con los recursos suficientes, además de influencia, dinero y privilegios, para hacer que suceda. Lo que piden a cambio es que colabore. Lo que Luke hace en su lugar es comenzar a cuestionar sacrificio, responsabilidad, compromiso, sensatez e impunidad.

“El mérito es premiado con riquezas y de las riquezas viene la clase”, menciona Luke, analizando su entorno ante la pregunta de si como sociedad valoramos y reconocemos aprendizaje, esfuerzo y desempeño, o si hay grupos sociales para quienes el privilegio llega más por inercia y las ventajas son parte de su esencia, resultado de su selectivo hermetismo. 

La idea de que quien demuestra capacidad y preparación es quien avanza, es algo que no siempre se cumple; no en todos los casos ni en todos los escenarios, en general cuando es tan común que la posición socioeconómica sea usada como una ventaja que se explota. 

‘El dinero mueve al mundo’, dice una frase popular, especialmente en contextos donde se juega por medio de la meritocracia, el privilegio de clase, la división socioeconómica y los beneficios y prerrogativas comprados con capital o simplemente dinero. 

Pertenecer a un grupo selecto, tener una membresía exclusiva y disfrutar de las ventajas de una asociación que está apartada del resto, es usualmente un honor porque se relaciona con méritos y metas, cubiertas y alcanzadas. Lo que la película ya no dimensiona, aunque es importante también reflexionar sobre la otra cara de la moneda, es que ser parte de un grupo no tendría que representar rechazo o exclusión hacia otras personas, porque no se trata de ir en contra de los demás.  Ser parte de un grupo es más que nada pertenecer, no engrandecerse. 

¿Es realmente el más calificado quien consigue reconocimiento y oportunidades? ¿Qué pasa con todas aquellas personas que se benefician de un entorno privilegiado que creen les permite no tener que esforzarse por nada? ¿Qué pasa cuando hay gente que deduce que la forma más fácil de codearse con la alta sociedad no es empeñarse por ganar un lugar en esa esfera, sino llegar a ella por otros medios, por ejemplo, a través de grupos como las sociedades secretas y similares, donde compran su lugar o lo pactan a cambio de algo? 

¿Puede en un mundo así haber justicia o equidad social verdadera y objetiva? O es que siempre habrá grupos privados, reservados, cautelosos y secretos, renuentes a compartir su posición de poder, porque eso implicaría transparencia en lugar de secretismo, apertura en lugar de exclusividad y visibilidad en lugar de clandestinidad.

El problema se complica porque, como deja ver la película, las sociedades secretas, o los grupos de élite, están incrustados en todas las esferas de poder y utilizan la transparencia, democracia y visibilidad social para manipular, comprar y controlar, permaneciendo siempre en las sombras los dirigentes de más alto nivel.

Ficha técnica: Sociedad Secreta - The Skulls 

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