¿Cómo se llamaba la película?

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¿Cómo se llamaba la película?

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 11 de agosto de 2011

Los títulos de las películas son prácticamente la denominación de un objeto. Se le da nombre a un proyecto como se le da nombre a una mascota, a una muñeca, a un auto o a un hijo, al fin y al cabo, nuestra creación. Así como las historias, las obras de arte o las canciones, el título de las películas es el conjunto de palabras o palabra que las cataloga, las representa y las diferencia de los demás.

La razón de un título difiere uno de otro por diferentes motivos. Una película puede ser nombrada en alusión a su personaje o personajes principales, por ejemplo “Hannah”, película que sigue a esta joven en su encuentro con una agencia del gobierno especializada en crear agentes, o “Los Pitufos”, cinta que sigue las aventuras de estos pequeños seres azules. Otra variante podría ser el tema de la película, como es el caso de “Camino a la libertad”; o incluso su mensaje o premisa como la llamada “Amigos con derechos”.

La cantidad de producciones realizadas anualmente en sólo un país en extensa, no pensemos en cien o doscientas, ni si quiera quinientas; esta cantidad multiplicada por el número de países productores de cine, multiplicado una vez más por los más de cincuenta años desde el invento del cinematógrafo, da como resultado una infinita cantidad de títulos que, en efecto, eventualmente se repetirán.

Ello no justifica que películas compartan exactamente el mismo título, es especial cuando su nombre original sea bastante diferente. Entra aquí la arbitrariedad de aquellos encargados de dar nombre a las películas extranjeras que se estrenan en México. Desde títulos que casi explican toda la película hasta traducciones literales sin sentido para el mercado hispano. Una película erróneamente titulada puede matar la vida en taquilla del material cinematográfico en cuestión.

Es cierto que en ocasiones los títulos originales se tratan de juegos de palabras cuya traducción no tendría el mismo impacto en nuestro idioma, o que los nombres de las películas puedan contener palabras cuya traducción literal no exista en español, pero hay otras ocasiones, la iniciativa de los encargados de dar título en español al cine extranjero termina por confundir y ahuyentar al espectador.

Cómo nombrar una película “Un amor equivocado” (película con Natalie Portman sobre una mujer que debe encontrar el balance entre su deseo por comenzar una familia con su nuevo esposo y el hijo y ex esposa de éste), cuando su traducción literal fuera “La otra mujer” [The other woman], título que, además, tiene mayor sentido en relación con el tema de la misma. O cómo dar la cara ante el título de la nueva película de comedia romántica titulada “Friends with benefits” [Amigos con beneficios] sabiendo su parecido a “Amigos con derechos” estrenada meses antes, misma cuyo título original es “No strings attached” [Sin condiciones]. El problema recae en la confusión que crea, la falta de congruencia y respeto hacia el trabajo original y la poca planeación e interés por evitar dichas similitudes.

Basta con hacer notar que existen dos películas de terror tituladas “La Maldición”, dos cintas cinematográficas denominadas como “Tiburón”: uno, el clásico de los años ochenta cuya traducción es literal del nombre original, mientas la otra una película en la que sale un tiburón y cuyo título original es “Blue Demon” [Demonio azul]. O encontrar casos como “Cold Mountain”, encontrada en el mercado como “Regreso a Cold Mountain”, o “Nine”, seguida del subtítulo, injustificable e innecesario: “Una vida de pasión”.

Hace falta pedir a los encargados tener más cuidado en esta labor y mayor congruencia para con la industria cinematográfica y el cinéfilo, que aunque se acerque a la historia que se cuenta, también se ve impactado y motivado por los aspectos que la rodean, como es su mercadotécnica, su tecnología, su lenguaje, sus actores y, claro, su título.

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