Quién dijo miedo

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Quién dijo miedo

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 03 de noviembre de 2011

El género de terror se ha abordado desde diferentes perspectivas en el transcurso de los años. En la actualidad el cine de esta índole va del suspenso y la angustia hasta las películas de asesinos con sierras y cuchillos, derramando litros y litros de sangre de sus víctimas. Una diversificación que ha traído aportes  positivos y negativos a la industria. Si bien la gran gama experimental en el género ha dado pie a una oferta más completa para los amantes de la adrenalina provocada por el miedo, también ha logrado  que en muchas ocasiones el cine de terror sea tomado con ligereza.

Se han producido películas sobre asesinos seriales, casas embrujadas, espíritus demoniacos, fenómenos sobrenaturales y venganzas sangrientas. Es evidente que el género da pie a muchos otros subgéneros y multitud de historias por contar, siendo, tal vez, ese interés por explorar historias ficticias relacionadas con sentimientos como la incertidumbre, la duda o la desesperación lo que llevó a los cineastas a incursionar por diferentes rumbos.

La industria se ha interesado por complacer los deseos de los amantes del género; y es el mismo amor por este cine lo que lo ha impulsado. En las décadas de los setenta y ochenta por ejemplo, cuando las nuevas generaciones amantes del terror veían sus recursos limitados para la realización de películas, decidían invertir tiempo y esfuerzo en contar una historia sólida y aterradora en lugar de preocuparse por completo en los efectos especiales; esto dio paso a películas de drama psicológico y suspenso más allá de las de monstruos y/o fantasmas. Otros tantos decidían tomar la situación con mayor frescura y comenzar a explorar con el propio arte, surgiendo películas sobre zombies y otros muertos vivientes, en donde la apariencia de dichos personajes era de menor importancia comparada con el viaje de supervivencia que experimentaban los personajes de la historia.  Ambos casos dan  ejemplo de originalidad e ingenio, de buscar oportunidades y dar soluciones cuando se quiere lograr algo.

Esta lección demuestra que del cine siempre se puede aprender algo; y del cine de terror se puede aprender mucho más. Por ejemplo: cierre todas las puertas y ventanas si va de vacaciones a una isla abandonada o a una casa en medio de la nada; nunca entre de espaldas a un cuarto si se encuentra en medio de un apagón y las velas son limitadas; en caso de un ataque zombie o epidemia no se preocupe por cargar con documentos de identificación, mejor llene su mochila con comida, agua y alguna forma de entretenimiento (de preferencia que no requiera baterías); en caso de vivir en una casa embrujada, entable amistad con los fantasmas o, mejor aún, múdese de casa; los empleados de hoteles o mansiones viejas siempre saben la leyenda, y probablemente, la solución a la maldición que cae sobre los invitados, pregunte antes de que sea demasiado tarde, sólo por mencionar algunos.

Muchas reglas se establecen y muchas otras se rompen, cambian y diversifican en pro de un cine que satisfaga a los fanáticos del terror. Se agradecen en especial clásicos del género o películas con más sustancia que el mero interés por dan un par de sustos predecibles; películas como El Exorcista (EUA, 1973), El Resplandor (Reino Unido-EUA, 1980) o El Sexto Sentido (EUA, 1999), ejemplos de un cine que marcó a una generación en el sentido que mostraron un tipo de suspenso, miedo y terror diferente, inexplorado y con subtexto. El Resplandor, por ejemplo, explora la angustia, la soledad y la psicología del aislamiento y los combina con el impacto que genera la fantasía y lo sobrenatural, como los fantasmas o las visiones. La relación de estas vivencias que se puedan transportar a situaciones cotidianas es el mayor aporte de películas de esta clase.

En el cine de zombies, por otra parte, los personajes por lo general son representación simbólica y metafórica de algún grupo social. El significado cambia de acuerdo con la época y la película, pero los muertos vivientes han representado a lo largo de la historia el miedo por la guerra nuclear y los estragos que tendría en la salud de las personas, así como también suelen ser muestra representativa de grupos sociales marginados, esclavos, la sociedad consumida por el capitalismo, e incluso, indigentes o enfermos.

La cantidad de amantes del género es creciente y la cantidad de producción anual también. Películas con un giro más hacia la psicología o películas más cercanas a los efectos especiales. El cine continúa cambiando, pero es importante recordar que no se trata simplemente de dar el mayor susto posible al público que lo ve. Finalmente el miedo significa trastornar el orden y los sentidos, cambiar el rumbo en el momento menos esperado; si este cine se apega a su propia definición, mejor.

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