El eje de la cinematografía y sus fronteras

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El eje de la cinematografía y sus fronteras

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 05 de diciembre de 2013
Cine

El mundo del cine parece siempre nadar a contracorriente; igual se puede encontrar con aguas turbias, como a veces con rápidas corrientes que le arrastran, en tanto, otras veces se encuentra con remolinos, lo que sucede tantas veces, como las mismas cuando se encuentra con una vacía pero inquietante tranquilidad.

¿Qué es el cine, para qué sirve, cuál es su función, para qué hacerlo, por qué hacerlo, cómo hacerlo? Tantas dudas, algunas sin explicación, otras entendidas de acuerdo con la perspectiva abierta de quienes a ellas se acercan; todas respuestas válidas.

La cinematografía ha pasado de una escuela a otra, de una forma de expresión a diversas manifestaciones estéticas de comunicación, experimentando con técnicas y propuestas, lo mismo que muchas otras bellas artes. Pero, a diferencia de la pintura o la danza, por ejemplo, al cine se le exige de manera más inquisitiva, a pesar de que se le juzgue de la misma manera que a las otras artes, esto es, desde perspectivas personales (gustos, intereses, deseos, enfoques), por parte de quienes lo trabajan o de quienes lo consumen.

Uno de los grandes problemas del cine, el cuál es irónicamente también una de sus grandes virtudes, es su poder de inclusión, de alimentarse de otras ramas artísticas; para bien o para mal, el cine ha crecido de forma que una película sea de todos, no sólo del artista, sino de todos quienes en ella encuentran algo que les apasione: un director, un escritor, un distribuidor, un espectador. Lo cierto es que todas las artes hacen uso de ello de alguna manera, encontrar un nivel de interdisciplinariedad que les ayude a enriquecerse, así como una conexión con su interlocutor.

La originalidad es la libertad para romper reglas, conocerlas y sacar provecho de ellas. La imaginación es la capacidad de encontrar respuestas no evidentes. El cine, el arte, necesita de estas habilidades para crecer, pero las necesita en distintos niveles para que funcione y, para esto, es necesario contar con la mente abierta de quien hace cine, pero también de quien lo ve.

El cine se construye por sus autores, por las personas que proponen y trabajan en el área o áreas que lo constituyen; llámese musicalización, trabajo actoral o construcción de escenarios, por citar algunas. Hay películas que sobresalen porque se arriesgan, aunque el resultado no sea siempre convincente; ya sea en su formato narrativo, en su combinación de perspectiva artística y de elaboración, de filmación o de historia, es decir, películas que intenten nuevas formas de hacer cine, de contar historias o de hacerlas.

Para ello hay que encontrar y definir claramente ciertas variables de la cinematografía, conocerlas, entenderlas y después replantearlas. Una historia aristotélica, con un inicio, una parte media y un desenlace, es un formato conocido de la narrativa actual. Es un formato que funciona, de éxito, pero esto no significa que no pueda cambiarse, transformarse; mucho del cine contemporáneo por ejemplo, está acostumbrado a romper esos moldes. Muestra de ello son películas que parecen terminar su historia con un final abierto, un final que deja más preguntas que respuestas. Aunque este tipo de cine no es del agrado de todos los espectadores, su simple presencia ya es importante para el avance del cine como forma artística, innovadora, propositiva y expresiva. Que esta técnica sea verosímil, lógica y convincente es, en todo caso, un paso aún más importante para el desarrollo de la cinematografía en su camino evolutivo interno.

Los géneros cinematográficos no son moldes a seguir, son sólo lineamientos flexibles que permiten una exploración de formas, tal cuál sucede en la literatura. Así, lo mismo que en las ciencias humanas o naturales, tales lineamientos son descriptivos, no prescriptivos, es decir, existen para entender una forma y, entonces, una vez aprendida, se encuentra abierta a la experimentación, a la combinación, a la reinvención, a la originalidad propia; de ninguna manera son recetas o manuales a seguir, ensimismados en tener la razón absoluta y/o faltos de cuestionamientos, en absoluto.

Las fronteras se trazan abiertas y existen, no como una limitante, sino como un punto de referencia, temática, lógica, técnica, de trama o de narrativa, por mencionar algunas, dentro del cine. Ahora, ¿el cine tiene reglas? y en todo caso, ¿cómo y cuándo las rompe o las puede romper? El lenguaje propio de la cinematografía, ¿hasta qué nivel es suyo y en qué punto se adentra a terrenos dictaminados por reglas de las otras áreas técnicas en las que se apoya? ¿La cinematografía en la actualidad trata de la ideación de la historia hasta completar su realización? (tener la película terminada) y ¿el resto, como la distribución y la exhibición, se entienden como parte de la llamada industria cinematográfica? ¿Cómo ha ido cambiando esta idea con el tiempo y por qué? Las preguntas está en el aire y, como en el buen cine, todavía falta mucho por ver e imaginar.

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