Macbeth

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Macbeth

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 30 de octubre de 2014
Cine, Macbeth
Macbeth

En ocasiones el enemigo más peligroso es uno mismo; esta tragedia escrita por William Shakespeare es muestra de ello. Proveyendo perspectivas sobre la salud mental, la locura, la culpa, la fe, el odio, la inseguridad, la arrogancia o el ego, por mencionar algunos, la historia trata de cómo Macbeth, luego que tres brujas le dictan la profecía de que se convertirá en el poderoso Rey de Escocia, se ve formulando maniobras e intrigas con el fin de cumplir estos augurios; respaldado por su esposa, la avaricia por el poder y la codicia los llevan a un camino de muerte, no sólo de aquellos que demuestran ser su competencia, o una amenaza, sino las suyas propias.

De las varias adaptaciones al cine de la obra, Orson Welles, quien en otras ocasiones ha realizado en teatro y en cine obras de Shakespeare, lleva el proyecto al formato cinematográfico en 1948, fungiendo como director y actor protagónico, acompañado de Jeanette Nola como Lady Macbeth y Dan O'Herlihy en el papel de Macduff.

La historia juega constantemente con elementos de luz y oscuridad, las tinieblas que nublan el juicio del honor, representación de la maldad; el opuesto es la luz, el sol, la razón, la lógica como motor de la correcto y lo justo.

Las palabras de las brujas, vislumbrando el futuro, o no, enaltecen el orgullo de Macbeth. La profecía le hace creer en una posibilidad y él se aferra a ella, la utiliza como escudo, ya sea como pretexto para excusar sus acciones o como armadura en contra de quienes contradigan sus deseos o sus decisiones. Macbeth se convence tanto de cumplir con la grandeza que se le ha dicho que se ve envuelto en sus propias mentiras, traiciones y codicia.

Hay dos caras de la moneda respecto al asunto. Una es el mismo Macbeth, temeroso e inseguro  en un principio y controlado por su esposa; poco a poco el personaje se verá con el suficiente poder como para sentir que la soberbia es más eficaz que la nobleza en su posición como futuro rey, su mandato cae con mano dura y se vuelve inflexible. En un inicio él no sabe cómo controlar la situación, pero una vez que junto a su esposa asesinan al actual rey de Escocia, el Rey Duncan, y sabiendo que las consecuencias de revelarse como asesinos y traidores será peor, Macbeth opta por una actitud petulante e insolente, cegada por alcanzar su objetivo, convertirse en rey, por sobre cualquier consecuencia, incluso si ello implica matar amigos, colaboradores y demás personas que puedan dudar de él o descubrir la verdad.

El destino de Lady Macbeth toma un camino opuesto al de su esposo. Tras el asesinato del rey, ella aconseja el comportamiento que deben tomar. La mujer sabe que lo importante es ocultar la verdad, aparentar, mentir y engañar. Al principio Macbeth sufre insomnio por culpa del delito cometido, mientras su esposa hace lo posible por excusar este comportamiento como episodios normales de ansiedad y falta de sueño, pero una vez que el protagonista toma la decisión de continuar con los asesinatos a fin de eliminar cualquier amenaza que los convierta en reyes, Lady Macbeth cae en un estado de desconcierto y locura, como si el remordimiento tomara control de sus acciones e, inconscientemente, (sonámbula confiesa sus pecados y culpas) dejara salir su arrepentimiento y sus miedos.

La locura se presenta como un mecanismo de defensa y de desquite, tanto para Macbeth como para su esposa. El asesinato del rey Duncan hará vivir a ambos con miedo, con cautela, siempre pendientes, siempre temerosos, siempre esperando lo peor; el caos crea un daño en su persona y no hay muchas maneras para que logren exitosamente hacer frente a la situación. El primero actúa, se corrompe por dentro, se convence de mentiras y palabras proféticas, pero su miedo no es realmente superado y sus alucinaciones demuestran el tormento interior que sufre. Lady Macbeth, por su parte, se recluye en su propia mente, sabiéndose abandonada por la esperanza y consciente de la decadencia de su esposo, su reacción profesa la equivocación de juicio, en tanto que sus decisiones han traído muerte no a uno, sino a varios más.

Hay otro elemento constante durante la historia: creer en algo. Fe como creencia en un algo o alguien superior que dicta la vida de las personas, y también, cómo las personas utilizan la fe como excusa de las decisiones propias. Macbeth cree en las brujas, su esposa cree en él, otros creen en la religión católica y el curso natural del castigo por los pecados. Mientras tanto otros hablan de justicia, como Macduff, que se escuda en la verdad. Convencido de que el rey Duncan fue asesinado por un traidor, huye con Malcolm, el hijo del rey, en busca de apoyo de los ingleses para derrocar a Macbeth. Luego de que éste mata a su familia, Malcolm le dice que utilice esa energía, esa rabia y deseo de venganza como motivador para la lucha. Macduff y compañía buscan venganza como buscan justicia, pero también persiguen el deseo de limpiar la sangre derramada, tomada a la fuerza por Macbeth.

“Double, double toil and trouble, fire burn and cauldron bubble” [Doble, doble esfuerzo y problema; arde el fuego y burbujea la caldera], dicen las brujas al preparar el hechizo. Sus palabras dan un indicio del trasfondo de la historia: las contradicciones, las conveniencias, el doble estándar y la hipocresía. La codicia mueve a los personajes, los que logren pensar en otros antes que en sus intereses podrían salvarse, los que no, tendrán que cargar con las consecuencias de sus actos, incluso si eso los lleva a la muerte.

Ficha técnica: Macbeth

Cine, Macbeth, 7,576 lecturas.

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