El Mercader de Venecia

Blogs de El Siglo

El Mercader de Venecia

PUBLICIDAD

Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 27 de noviembre de 2014
Cine, The Merchant of Venice, El mercader de Venecia
El Mercader de Venecia

Los primeros indicios de arte escénico datan desde épocas antiguas en las que los hombres encarnaban teatralmente las labores de sus tribus, la caza, por ejemplo. El teatro griego y romano se considera como de los primeros en incluir representaciones dramáticas, cánticos, danzas y demás particularidades del teatro, tal como se le conoce comúnmente en la actualidad, por ejemplo, la escritura en verso o la caracterización escénica. El teatro griego, alrededor del siglo V a.c. establece los parámetros de dos géneros particulares: la tragedia y la comedia.

Si bien la primera se caracteriza por catastróficos desenlaces y fastuosas tramas, la segunda se llena de un halo divertido, festivo y animado, en donde la resolución siempre corre a favor de los personajes principales; eso no significa que las historias queden exentas de la tensión dramática y la forma crítica. Por ejemplo, El Mercader de Venecia, obra escrita por William Shakespeare, catalogada dentro del género cómico, esboza una analítica mirada a temas como la ejecución de las leyes, la religión extrema, la exageración del juicio y la venganza desmedida.

En la Venecia del siglo XVI, Bassanio está enamorado de Porcia. Para cortejarla pide dinero a su amigo Antonio, un mercader dueño de barcos alrededor del mundo. Antonio no tiene el dinero a la mano así que pide prestado a Shylock, un judío usurero que desprecia al cristiano Antonio a causa de sus insultos. Shylock acepta el préstamo con la condición de que si no se le paga en tres meses, él reclamará como adeudo una libra de carne del cuerpo del mercader. Mientras Bassanio se encuentra con Porcia, los barcos de Antonio se hunden, abriendo camino a Shylock para reclamar su pago (y venganza). Bassanio entonces se apresura a salvar a su amigo sin saber que Porcia y Nerissa, su criada, disfrazadas de hombres, asistirán al juicio para defender a Antonio.

La obra ha sido llevada a la cinematografía en repetidas ocasiones. Una de ellas es la versión de 2004 dirigida por Michael Radford, quien también realiza la adaptación a formato de guión. Como comedia, la historia se llena de enredos amorosos, anhelos, victorias y festines. Los versos, las rimas y los juegos de palabras dan un atinado tono cómico-satírico de la situación social, gratificando a sus protagonistas con una alegre resolución. Pero el resto de sus elementos dramáticos plantean un desarrollo narrativo con suficiente tensión crítica y seriedad que dan paso a una reflexión social y política.

Es importante destacar el trazo humano de los personajes, una constante en las obras de Shakespeare. Nadie es realmente perfecto y loable, cada actuante tiene sus defectos y es eso lo que los hace reales, humanos, sus dimensiones emocionales, sentimentales y racionales son cambiantes de acuerdo con su entorno, o las personas con las que conviven, tal como lo es una persona en la vida real.

La pelea entre Antonio y Shylock se basa en un odio y desprecio, que a su vez se basa en una fuerte creencia religiosa inculcada que les dicta impaciencia ante el otro. La película se asegura de establecer claramente el ambiente de la época durante su prólogo, para entender la enemistad entre estos dos. Los judíos, dice el texto de entrada, no eran bien vistos en la ciudad, no sólo eran vigilados, rechazados y humillados, sino que vivían fuera de los límites de la ciudad, separados por una muralla, así cada que estaban dentro de Venecia, tenían que usar un gorro rojo que les distinguiera.

La indignación de Shylock ante este trato lo lleva a buscar venganza cuando ve su oportunidad. De acuerdo con lo que ha vivido y como Antonio le ha tratado, su justificación es válida. Antonio, por su parte, luego de ser salvado de una muerte segura gracias a una hábil maniobra de Porcia, exige que el usurero se convierta al cristianismo. Su condición castiga y es, ante todo, dolosa hacia su enemigo. Él dice perdonar, pero su perdón sólo se disfraza de palabras llenas de gratitud; al final Antonio no es mejor persona que el otro.

La historia lleva el tema de las creencias religiosas a la exageración y, si bien puede entenderse que la obra toma una postura antisemita, la base que fundamente la pelea entre Antonio y Shylock sólo se excusa por lo opuesto de sus religiones; es su esencia y su cegado juicio (regido por una postura extremista de su religión) lo que los lleva a tomar decisiones. No hay paciencia, no hay respecto y no hay tolerancia entre las personas, a pesar de su pensamiento de fe y eso es lo que los destruye.

El juego engañoso que hace Porcia, disfrazada de abogado, ante el cumplimiento de la ley, también es una exageración del sistema jurídico. Ella dice, analizando la demanda de Shylock, que la ley debe cumplirse y que Antonio debe pagar con una libra de su carne, tal cual lo dice el contrato, pero que Shylock puede reclamar exclusivamente su pago y nada más, por lo que en el proceso no podrá derramar ni una sola gota de sangre del cuerpo de Antonio, forzando así la retirada de Shylock. Pero entonces el Dux (una jerarquía máxima, un magistrado), respaldado por una Porcia que acredita que así lo marca la ley, quita al usurero todos sus bienes, dando la mitad a Antonio y la mitad al estado. Las cláusulas del contrato son tomadas literalmente y el cumplimiento de la ley no es más que un vehículo para cumplir con los deseos del que mejor acomode su discurso y su poder de convencimiento, para aquel que encuentre el error legal y lo utilice a su favor.

Esta no es la única vez, por cierto, que Shakespeare desafía las reglas sociales y disfraza a uno de sus personajes femeninos para hacerse pasar por un hombre (“Noche de reyes” es otra), demostrando con ello cómo el engaño es también un recurrente temático de este relato, pero también ofreciendo así una mirada (tal vez disfrazada) sobre la equidad de géneros, algo poco acostumbrado entre los que vivían en el siglo XVI.

La película de 2004 se adentra en todos estos detalles, explotando el drama y el romance de los personajes para su desarrollo y ofreciendo con ello un relato enfocado en la habilidad de la palabra y del engaño, ya sea con el juicio de Antonio, el contrato entre éste y Shylock o el enamoramiento entre Bassanio y Porcia, o Nerissa y Graciano, respectivos amigos de ambos. De esta manera el eje central explora temas como la venganza, el desprecio, el acuerdo, el diálogo como mediador de problemáticas o la habilidad mental y el análisis como solucionadores de retos, todo ello ejemplificado a través del cómo actúan los personajes de la historia ante sus miedos, sus deseos o sus penas.

Ficha técnica: The Merchant of Venice - El mercader de Venecia

Cine, The Merchant of Venice, El mercader de Venecia, 18,877 lecturas.

lee más

PUBLICIDAD