Fuerza mayor

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Fuerza mayor

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 13 de agosto de 2015
Cine, Fuerza mayor
Fuerza mayor

Se dice que no hay forma de saber exactamente cómo reaccionará una persona ante una dificultad mayor o en un momento inesperado donde se ponga a prueba su valor e instinto (emociones, lógica y experiencia implícitos); por lo menos así lo plantea uno de los personajes en la película Fuerza mayor (Suecia-Dinamarca-Francia-Noruega, 2014), una historia que habla sobre la cobardía, la culpa, la soledad, la solidaridad, los valores y la decepción; y que en su discurso abre la puerta al debate ante tal temática. ¿Cómo reacciona una persona ante una situación intensa de vida o muerte? Más aún, ¿cómo reacciona hacia los demás que le rodean: solidaridad y apoyo o individualidad y egoísmo?

La historia trata de una familia conformada por padre, madre, hija e hijo, ambos menores de edad, que durante unas vacaciones esquiando en los Alpes franceses se ven ante una sorpresiva y amenazante avalancha. El suceso no llega a mayor nivel de destrucción pues la nieve se detiene justo enfrente del restaurante en el que se encuentran, pero, al momento, la madre reacciona protegiendo a sus hijos, mientras que el padre corre a resguardarse, intentando salvarse sin siquiera voltear e intentar ayudar a su familia. A partir de ese momento la dinámica familiar entra en crisis: una madre que resiente la actitud de su esposo, un hombre que no acepta su culpa por miedo y sentimiento de inferioridad y unos hijos asustados que no saben cómo entender el distanciamiento de sus padres.

La madre, Ebba, no entiende ni acepta la forma en que actuó su esposo Tomás; ella ve perdida la unión y comunicación que como pareja y familia tenían, porque la experiencia le hace valorar la situación familiar, interpersonal y los valores que le animan, lo que la lleva a pensar que tal vez su esposo no es el hombre que ella esperaba que fuera, o el esposo que ella pensaba conocía bien; acrecentándose la fricción cuando él niega haber huido de la mesa del restaurante cuando su familia llamaba por su ayuda. Imaginando que en una situación en la que ella y sus hijos necesiten el apoyo de Tomás, él posiblemente no acuda a su llamado, Ebba comienza a desmoronarse en un estado de resentimiento, decepción y odio hacia su esposo.

Tomás, por su parte, intenta recuperar las piezas en las que su matrimonio y familia se están cayendo a pedazos; recuperar el poder y su posición como padre y jefe de familia. Consciente de su culpa, pero demasiado inmaduro como para aceptarla con responsabilidad, el hombre vive en un estado de remordimiento, desesperación, rencor y soledad que no sabe cómo afrontar, por lo que decide optar por un camino fácil e igualmente irresponsable: manipular la situación haciéndose (y sintiéndose) víctima de las circunstancias, lo que hace más evidente su debilidad de carácter.

El problema es que ante la realidad de los hechos, ni ella ni él son realmente víctimas de nada. La unión se ha roto por su propia negativa, como pareja, para afrontar la situación (y sus sentimientos respecto a ésta); ambos, temerosos de las consecuencias, deciden ceder, y aunque aceptar las debilidades del otro es un momento importante para la relación, como proceso de aceptación y perdón, también puede significar una salida fácil para evitar confrontación. Lo correcto e incorrecto en este caso se divide por una línea borrosa, superdelgada, en donde la transgresión depende del punto de vista y lógica con que se analice la historia, de la interpretación que cada quien da a los hechos, permitiendo una reflexión a mayor escala: ¿estuvo bien, estuvo mal, actuaron bien o actuaron mal? ¿Qué habría hecho yo, espectador, en su lugar? No hay respuestas incorrectas, sólo formas diferentes de afrontar la realidad, de vivir la vida y de actuar.

Los amigos de la pareja escuchan sus quejas, sus puntos de vista sobre lo sucedido, y es uno de ellos quien pronuncia el discurso de supervivencia. Un análisis debatible de acuerdo también con el contexto del escenario que se presenta: la reacción de una persona frente un evento como el que viven los personajes de la historia. ¿Qué pelea la esposa? La falta de solidaridad y apoyo de Tomás (y la negación de él a aceptarlo). ¿Qué apela el esposo? La reacción natural de miedo y angustia. Ambas son réplicas entendibles porque ambas son reacciones humanas, pero ninguna puede estar justificada por un tercer factor que entra en juego: sus hijos. Dos niños que dependen de ellos y a quienes ellos, como padres, deberían proteger; no sólo durante la avalancha, sino siempre, antes, en cualquier otra situación, y después, tras el evento y las secuelas que una situación como tal pueda repercutir directamente en ellos, es decir, su propia respuesta  ante la experiencia.

Los personajes no ofrecen una justificación de acciones, sino una mirada respecto a la realidad del ser y cómo las acciones tienen consecuencias, cómo cada decisión que tomamos va influyendo en el desarrollo de los acontecimientos y en nuestra propia conducta, al tiempo que influye también sobre los demás. El azar y la incertidumbre como constantes en nuestro mundo social y material. Explorando con su historia la fragilidad de la relación familiar y de pareja en una familia que aparentemente, en la superficie, es perfecta. Un tema ejemplificado visual y sonoramente con las explosiones que cada noche suceden en la montaña, un proceso en el que se provocan avalanchas controladas para preparar las pistas para esquiar; la imagen es un eco de la explosión, metafóricamente hablando, que surge entre Ebba y Tomás tras el incidente en el restaurante y la avalancha.

La película habla de la pérdida emocional, en el sentido de querer algo o a alguien y verlo perdido por culpa de un distanciamiento inesperado (también emocional, sentimental y/o afectivo), así como, en el proceso, dejar ir las cosas, llámese resentimiento, apego o dependencia; algo que algunos personajes logran y otros sólo simulan hacerlo, dejando que el tema “guardar las apariencias” también sea, simbólicamente, un constante durante la historia. Un compromiso puesto a prueba y la lucha por restablecer una realidad inexistente: reconciliación, confianza en el otro y unión de familia, en este caso.

Escrita y dirigía por Ruben Östlund, el filme cuenta con las actuaciones de Johannes Kuhnke como Tomás, Lisa Loven Kongsli como Ebba, Clara y Vincent Wettergren como Vera y Harry, hijos de la pareja, así como Harry Kristofer Hivju y Fanni Metelius.

Ficha técnica: Fuerza mayor

Cine, Fuerza mayor, 3,330 lecturas.

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