Cabaret

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 10 de diciembre de 2015
Cine, Cabaret
Cabaret

¿Es la necesidad de libertad, en una sociedad cualquiera, producto natural de su evolución, aprendizaje y desarrollo? ¿Son los constantes cambios políticos, económicos y sociales, resultado del proceso histórico de cada sociedad, los que condicionan y delimitan el concepto de libertad y la forma de ejercerla? ¿Las características particulares de los sistemas de control y represión que los aparatos gubernamentales aplican, ejemplificados en cualquier época y en diferentes formas de organización política, han provocado un estado de alienación en el hombre que lo lleve a demandar ruptura e individualidad? ¿Es viable romper el estado de alienación sin cuestionar al sistema socioeconómico que lo genera y reproduce?

Interrogantes existenciales que la humanidad debe enfrentar si, como pretenden algunos, es posible construir una sociedad que elimine la explotación del hombre por el hombre y se avance en la definición de una ética que privilegie el interés de la colectividad. Cabaret (EUA, 1972) no cuestiona al modo de producción dominante, ni incursiona en la psicología de masas que genera el fascismo o el nacionalismo, pero al enmarcarse en una época y en un lugar en donde se desarrolla este tipo de ideología, las interrogantes formuladas son pertinentes, aún cuando la película no las aborde explícitamente.

La película  se desarrolla en Berlín, en 1931, la Segunda Guerra Mundial está a punto de estallar y el movimiento y pensamiento Nazi se expande y consolida en Alemania, con el Partido Nacionalista Obrero Alemán a punto de subir al poder. Sally Bowles (Liza Minnelli) es una alegre, despreocupada y libre mujer, proveniente de Estados Unidos, trabajando en un club cabaré (sala de espectáculo nocturno), el Kit Kat Club, que vive la vida intentando escalar en la sociedad y convertirse en una famosa actriz, sin darse cuenta de los problemas sociales que le rodean, o más bien, haciéndolos menos. Ella se enamora de Bryan Roberts (Michael York) un recién llegado estudiante inglés que busca de oportunidades. Distraídos por el deseo de libertad, ambos comienzan una relación que después se convierte en un juego cazafortunas cuando se involucran con un aristócrata de nombre Maximilian (Helmut Griem), mientras su amigo Fritz (Fritz Wepper), otro cazafortunas, se enamora de Natalia Landauer (Marisa Berenson), proveniente de una rica familia judía.

Lo que motiva a estos personajes es la necesidad de amor y afecto, pero también de dependencia; prosperar a través del otro, porque ese es el camino fácil. Sally, el eje de la historia, actúa como lo hace porque demanda atención, sueña que tiene el talento necesario para alcanzar la fama aunque en realidad no hace nada para lograr el éxito, sólo espera que le caiga en las manos o que toque a su puerta. Más que realmente buscar fama y fortuna, lo que anhela es que otros le digan que puede ser famosa, que es talentosa, que es importante, todo con el fin de complacer a su ego y vanidad. Sally puede ser presuntuosa y engreída, pero también es astuta, lo que hace que pueda  decirle a las personas lo que quieren escuchar; inventarse siempre una historia para cubrir intereses específicos (como cuando le ayuda a Bryan a conseguir dinero: a algunos les dice que él es un gran profesor de inglés y a otros que es un reconocido escritor que puede traducir un texto), además que siempre, siempre, pone sus propias necesidades por encima de las de los demás, incluso si se trata de amigos o pareja.

Sally busca emociones, espontaneidad y diversión porque vive atrapada en su propio mundo, si no es el centro de atención, sufre, que es lo que sucede cuando Bryan se vuelve profesor de inglés de Natalia, atrayendo las atenciones del joven y captando el interés de Fritz. Los dos importantes hombres de la vida de Sally, acostumbrada a los halagos de éstos, cambian sus prioridades al verse deslumbrados por otra mujer, lo que, finalmente, empuja a la joven a forzar la relación con Bryan hasta que este acepta involucrarse románticamente con ella.

La vida en el cabaré, por su parte, es sinónimo de libertad. Quitar ataduras y aceptar la apertura a la expresión, es romper reglas sociales, escapar de los problemas y ser, hacer y decir lo que se desea. “Aquí la vida es hermosa”, dice el maestro de ceremonias, interpretado por Joel Grey, haciendo ver que, a pesar de que en las calles se vive un cambio (represión, intimidación y  control), el cabaré sigue siendo un punto neutro donde dejar salir frustraciones y problemas. Esa es la vida que Sally vive, como también es aquello que atrae a las personas al club.

Los segmentos musicales en la historia funcionan como paralelismo de lo que sucede a los personajes y, al mismo tiempo, representan la forma satírica e irónica con que la sociedad, a través de las presentaciones artísticas en el club, vive su ambiente ante la creciente presencia del partido Nazi (como el segmento “Tiller girls”, que se burla del orden militar).

“Two ladies” habla sobre una relación abierta entre un hombre y dos mujeres, mientras que al mismo tiempo en la historia Sally y Bryan se relacionan con Maximilian; mientras “Money, money” habla de cómo el dinero mueve a las sociedades y, en el sistema en el que viven los personajes, éste se convierte en el más preciado tesoro, que ejemplifica los intereses de Fritz para cortejar a Natalie (aunque luego se enamora de verdad de ella), lo mismo que es lo que motiva a Sally a comenzar una relación con Maximilian a pesar de estar involucrada con Bryan; necesitamos de dinero y a Maximilian le gusta comprarnos cosas, se justifica la joven.

“Maybe this time” dice así: “Quizá esta vez él se quede, quizá esta vez, por primera vez, el amor no huya de mí”. Sally canta la melodía al momento que ella y Bryan deciden estar juntos; lo extraño es que, cuando ella por fin tiene lo que creía que quería, en realidad eso no le es suficiente, porque es superficial (tanto ella como la relación). Es como si los principales fueran un trío de oportunistas, pero mientras Fritz acepta su amor hacia Natalia, confesándole que pueden estar juntos porque él también es judío, incluso sabiendo que la represión hacia los judíos por parte de los Nazis se incrementa, Bryan entiende que Sally nunca cambiará sus manías, su fantasía ni su ego, por lo que, finalmente, decide alejarse de ella. La joven por su parte realmente nunca logra entender al mundo que le rodea, ni los sentimientos e intereses de sus amigos; se siente aislada, incomprendida, aspira a más y más cosas, pero una vez que las consigue, le son insignificantes. La canción continúa: “Todos aman a los ganadores, por eso nadie me ama a mí. Dama pacífica, Dama feliz, eso es lo que anhelo ser. Ahora todo está a mi favor, algo está por suceder. Tiene que suceder, en algún momento, tal vez esta vez yo gane”.

Una historia que habla de falta de libertad, en todo sentido, y de la forma en que los personajes la fuerzan, la claman y, tal vez, la encuentran, a su propia manera, pero siempre a través de ir en contra de los convencionalismos, de romper las reglas.

La película obtuvo diez nominaciones al premio Oscar y ganó ocho de ellas, entre las que se encuentran mejor director, para Bob Fosse, y mejor actriz principal para Liza Minnelli. El guión está escrito por Jay Presson Allen, basado en la obra de teatro por John Van Druten, con libreto de Joe Masteroff, que a su vez se basa en el relato “Adiós a Berlín”, escrito por Christopher Isherwood.

Ficha técnica: Cabaret

Cine, Cabaret, 5,319 lecturas.

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