Ernest y Célestine

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Ernest y Célestine

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 11 de mayo de 2017
Cine, Ernest y Célestine
Ernest y Célestine

La animación es un proceso donde objetos, personas, animales o cosas, inanimados, son puestos en ‘movimiento’ a través de la sucesión de imágenes en continuidad, o a través de la animación en volumen, donde las marionetas son fotografiadas momento a momento, o empleando la herramienta de animación por computadora. Las creaciones basadas en la realidad o la imaginación cobran vida gracias a estas variantes y son estos trazos de dibujo lo que les permite contar historias de diferentes maneras, sin limitantes de ninguna índole.

Al no emplear actores o escenarios tangibles, el cine animado logra una separación con la realidad. Este tipo de películas pueden emular al mundo, a las personas y a su sociedad, pero desde una perspectiva imaginativa de reinterpretación. La animación es el filtro que permite trasladar el contexto social del ambiente cotidiano a un mundo creado, de ficción, abierto a posibilidades de construcción de ideas y prácticamente sin restricciones.

En el cine animado, por ejemplo, los animales pueden hablar y relacionarse en una misma sociedad, bajo sus propias reglas de organización, algo que en el mundo real no puede ser posible, por lo menos no de la misma manera como se puede plantear la interacción animal, o entre animales y personas en el mundo del cine de este tipo.

En Ernest y Célestine (Francia-Bélgica-Luxemburgo, 2012), película dirigida por Stéphane Aubier, Vincent Patar y Benjamin Renner, se cuenta la historia de un oso que hace amistad con un ratón; el problema es que estos animales viven en sociedades opuestas, separadas, e incluso enemigas, por lo que su relación de amistad se vuelve un escándalo en cuanto es descubierta. El filme obtuvo una nominación al premio Oscar como mejor película animada; cuenta con un guión escrito por Daniel Pennac y está basada en una serie de libros infantiles del mismo nombre, de Gabrielle Vincent.

Ernest es un oso gruñón pero de gran corazón que vive al día, sin comida para sobrellevar el invierno ni dinero para conseguir víveres, que canta en las calles a fin de llevar su arte creativo al mundo. Célestine es un ratón hembra que ama dibujar pero que debe renunciar a su sueño artístico porque está en entrenamiento para convertirse en dentista, a pesar de ser una profesión que no le gusta para nada. Ella además no está convencida de que los osos sean los seres monstruosos que se narran en los cuentos para niños que les relata la encargada de su orfanato cada noche.

Ambos son dos artistas en busca de oportunidades, pero en especial, en busca de alguien que crea en ellos y valore no sólo su talento, sino también sus sueños, capacidades y anhelos. Encuentran ese algo que faltaba en sus vidas en el otro, a pesar de que osos y ratones no puedan socializar, de acuerdo con lo comúnmente aceptado entre ambas especies.

Los unos y los otros se temen y se rechazan mutuamente, por eso, cuando Ernest y Célestine se hacen amigos rompen con todas las reglas sociales establecidas, al grado que crean una revolución de pensamiento con sus acciones y decisiones.

“Sólo en los cuentos, los osos se comen a los ratones. No me digas que crees en los cuentos”, le dice Célestine al oso, haciendo hincapié en que las historias son relatos inventados, con su grado de verdad, pero también su grado de ficción. Son precisamente estas historias el medio de control como la sociedad crea una predisposición de prejuicio, porque es a través de estos relatos que les dicen a los niños que los osos son fieras malvadas que comen ratones. Se trata de narraciones trazadas y compartidas que manejan una específica forma de ver y asimilar la realidad, contadas para que quienes las escuchen, piensen exactamente de la misma forma, como lo plantea el cuento, y por extensión la sociedad, temiendo a los osos. El objetivo es que los ratones no suban al mundo exterior ni se relacionen con los otros animales, para mantener así la línea de división de razas y clases. De la misma manera que en el mundo real funciona la construcción de la ideología dominante mediante el diseño de mitos, ritos y símbolos para la reproducción del sistema socioeconómico.

Las narraciones de los osos son muy similares en cuanto a funcionalidad; manejan la idea de que el ratón existe para llevarse los dientes de los niños osos a cambio de dinero. Un tipo de historia también con su grado de predisposición para moldear una creencia socialmente establecida y aceptada. Célestine en efecto, como futura dentista, debe llevarse los dientes de los osos, porque con ellos pueden forjarse dientes de repuesto para los ratones que, de tanto morder, pierden los suyos, pero no a cambio de dinero y como tarea única, como lo dice el cuento infantil que se escucha entre los osos.

Se trata de dos sociedades distintas, pero demasiado parecidas entre sí. ‘Los de arriba’ y ‘los de abajo’, como señala Célestine, con barreras que no les permiten mezclarse, pero problemáticas e intereses en común, tal vez demasiado. Dos sociedades separadas por los prejuicios y la falta de iniciativa, donde los integrantes de cada comunidad están tan predispuestos a una forma de pensar que han dejado de cuestionar las posibilidades más allá de lo establecido, conformándose con su existencia y rechazado todo lo que no se apega a ese control cotidiano, conservador y costumbrista.

“Nadie pone en duda los fundamentos de nuestra sociedad”, dice el juez oso cuando Célestine está siendo cuestionada por su decisión de vivir en la casa de un animal de la otra especie, sin el permiso o aprobación de sus semejantes. La escena llega en paralelo con el también juicio que tiene a Ernest en ese momento frente a un jurado de ratones decidiendo si éste es culpable o no de acoger a un traidor, a Célestine.

En el fondo, se trata de dos seres que desafían los cánones de su sociedad por algo mejor, la amistad, el apoyo y la solidaridad, valores que no se limitan ni se miden por una raza o una especie. Se trata de dos sociedades en la misma posición, negando la colaboración fraternal a pesar de que juntos, trabajando en equipo, podrían lograr mejores resultados para sus respectivas especies y desarrollo.

Es, de igual manera, un relato que habla de la necesidad de apoyo. Célestine vive en un mundo que no puede apreciar su sensibilidad artística y sólo alguien que también la viva y la sienta podrá valorarla. Ese ser es Ernest, un oso que, según los parámetros sociales de los ratones, sólo sabe ser cruel y malvado. Pero no todos los ratones, ni todos los osos son como los pintan. La relación entre los protagonistas de esta historia inicia gracias a una dinámica de ayuda, ella le dice cómo y dónde conseguir comida, mientras él le apoya para conseguir unos dientes prefabricados que venden en una tienda de osos, para que ella pueda cubrir su cuota diaria solicitada.

La sucesión de hechos sólo se hace posible porque ni Célestine ni Ernest deciden darle la espalda al otro, ni a sus problemas, ni a sus sueños. No cambian al mundo, cambian ellos, algo que para cada uno termina siendo lo verdaderamente importante, se den cuenta o no los demás, porque uno es importante para el otro, o porque esa relación es relevante para su propio desarrollo, igual social como emocional y personal. Lo relevante es la relación afectiva de amistad y el crecimiento emocional, económico y cultural que conlleva. Porque ‘los de arriba y los de abajo’ es, para oso y ratón, un prejuicio absurdo sin fundamentos que los demás han decidido seguir por inercia, y ellos no.

Ficha técnica: Ernest y Célestine

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