Wall Street

Blogs de El Siglo

Wall Street

PUBLICIDAD

Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 07 de octubre de 2010

Mas allá del apartado benefactor que ofrecen las franquicias, existen historias que por si mismas dan para más, ya sea por su primicia o concepto, como REC (España, 2007), su curso natural en la historia del mundo creado, 28 días después (Reino Unido, 2002), o sus personajes; este último es el caso de Wall Street, la taquillera película que ofrece una versión del mundo de las finanzas, esencia del sistema capitalista.

¿Cómo ver una historia cuya precuela fue hecha hace 23 años? Bueno, he de confesar que nunca había visto la película original, y el hecho de que su secuela llegue a nuestras pantallas en estas fechas no era razón suficiente para mí, no lo era el que tuviera a la llamada nueva sensación de Hollywood, Shia LeBeouf, no fue para recordar a Michael Douglas en el papel que lo hizo ganador de un premio Oscar en 1988. Tampoco fue su tráiler, lleno con nombres de actores con importante trayectoria en el cine, ni el hecho de que en su  semana de estreno dominara la taquilla en Estados Unidos. Fue más bien el preguntarme: ¿Qué orilla a su director, Oliver Stone, a realizar un proyecto basado en el movimiento de la bolsa en Wall Street en Nueva York a más de 20 años de la película original? ¿Es que acaso quedó algo en el aire después del final de la primera película, o acaso algo falta decirnos que no podía dejar pasar la oportunidad?

Así que me senté a ver la Wall Street de 1987 y al siguiente día corrí a ver la segunda parte titulada Wall Street 2: El dinero nunca duerme (EUA, 2010).  Al ver dos películas realizadas con 23 años de diferencia en menos de 23 horas no pude más que comparar ambas películas, sus tomas, su primera escena, su tema, sus personajes, todo; y logré notar grandes baches que fácilmente saltaban a mi vista, así como también muchos aciertos.


Ambas películas de alguna manera hablan sobre la avaricia y el deseo de poder, sobre el dinero y el cómo todos nos vemos cegados por éste. Después de todo Oliver Stone basa por mucho la Wall Street de los ochenta en la crisis financiera del 85, y cabe señalar que este mismo personaje ha declarado en entrevistas que el proyecto de este 2010 se hizo realidad dado su interés por abordar una, o más bien otra, también crisis financiera, esta vez la del 2008.


Sin embargo, mientras la primera película era un drama con tintes de crimen y engaños, la segunda es más una historia de amor tratando de sobrevivir las dificultades de la vida. Lo más atrayente es una vez más el personaje de Gordon Gekko, caracterizado por Michael Douglas, en su lucha por adaptarse a la nueva realidad social, a la realidad del mercado y a las consecuencias de sus actos que, en la primera parte, terminaron por enviando a la cárcel.


De nueva cuenta Gekko es una especie de villano atraído por el poder y el dinero; un personaje que sabe manipular a otros y ver las debilidades de las personas para poder usarlas a su favor. Sin embargo la película de los ochenta giraba en torno a la lucha de un hombre, Bud Fox, interpretado por Charlie Sheen, por conseguir el éxito a cualquier precio, y quien por sus decisiones y actos termina inmerso en las telarañas de Gekko. Por otra parte la película del 2010 nos presenta a un joven inteligente y analítico, LeBeouf, un joven trabajando en Wall Street con grandes expectativas, pocas oportunidades y a punto de casarse con la hija de Gekko.


Es interesante ver las realidades de ambos escenarios, ver la evolución de los personajes, retomar una historia y la vida de un hombre (Gekko) tras la caída de su imperio. Dicho esto, creo que cada película funciona como una sola, como dos historias disfrutables y entretenidas, pero no como una secuencia, y aunque para los fans existen varios espejos en ambas historias: situaciones, dialogo y personajes que hacen eco de la primera a la segunda parte; la esencia del director existe en la dirección, no en la historia. La base y estructura del filme Wall Street radica en la ley de la oferta y la demanda, el toma y daca, la oportunidad y el ser asertivo. Mientras que la base de Wall Street 2 recae en la lucha por los ideales, la felicidad más allá del dinero, la justicia y el hacer lo correcto.

Respondiendo a mi inquietud sobre las intenciones del director, más allá de lo que haya declarando y basándose en lo que se ve en pantalla, creo que se trata de un ensayo sobre las situaciones a las que nos llevan nuestras decisiones en un contexto socioeconómico en donde lo predominante es la mercantilización de las relaciones sociales, porque, como afirma el subtítulo, el dinero nunca duerme, el capital jamás descansa en su búsqueda de ganancia. Así, son las circunstancias culturales y económicas en las que nos encontramos y cómo afectan nuestras vidas, lo que el director nos muestra con un lenguaje cinematográfico elocuente, ensayo mejor logrado, según mi punto de vista, en la primera parte de esta historia.

12,497 lecturas.

lee más

PUBLICIDAD