Modelo de Botero

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Escrito por Paola Astorga 07 de enero de 2017
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cultura colectiva

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El año se hizo viejo. El año nuevo nos muestra 365 días de posibilidades y oportunidades. Nos pinta un paisaje en blanco. Los proyectos que se quedaron suspendidos se empiezan a realizar, y los nuevos proyectos para el año 2017  parecen sonreír en la lejanía.

     Pero lo único que hacemos es mirar nuestra figura ante el espejo, una acción que evitamos los últimos meses del año. Las vitrinas eran nuestras peores enemigas. Lo negábamos una y otra vez. Los pensamientos de: la ropa de invierno lo cubrirá, quién se puede negar a los tamales, el pavo sólo se come una vez al año, me pongo atrás de todos en la foto, un pedazo más. Todas estas frases nos acompañaron durante las posadas, recalentado, la noche buena, navidad, recalentados, año nuevo, recalentado, rosca de reyes, recalentado. Sumando galletas, pastel, bolos el resultado da, modelo de botero.

     Fernando Botero Angulo es un pintor, escultor y dibujante colombiano. Sus creaciones artísticas son figurativas, la característica principal de sus “grandes obras”, es exactamente eso, la volumetría exaltada. Así es como nos sentimos todos los mexicanos después de estas fiestas.

      Y no es por desmerecer el mal camino económico con el que empezamos el año en México #dinoalgasolinazo #todovaasubir #yavalimosmadre #yomedoyuntiro #adiosmundocruelyanuncatevere. Pero el propósito o deseo más pedido cuando nos atragantamos las doce uvas (nadie ha pensado que esta costumbre es peligrosa) mejor hubiéramos pedido: que no suba la gasolina pero que si, que suba el salario mínimo. Para empezar deberían cambiarle el nombre a salario digno.

        Aún así volvemos al espejo que nos mira decepcionado de nosotros. Nos vemos buenos, buenos para hacernos carnitas y tamales. Ahora sí, nos atacamos con las frases: que es esto, que es esto, si pero cuando te ofrecían, no decías que no, denme más decías. La báscula llena de telarañas nos escupe el peso. No sé por qué siempre comparamos nuestro peso como cuando nos casamos. Es una mala costumbre, “cuando me casé pesaba diez, veinte, treinta kilos menos”. Tenía una amiga que deseaba bajar los treintaintantos kilos que había obtenido con el matrimonio, no tuve corazón para decirle que los obtuvo tragando. No tomaba en cuenta que había pasado casi treinta años, tres hijos, y la menopausia, aún lo intenta ¡buena suerte amiga!

       Si tienen la misma suerte que yo, tendrán amigas que no han subido un gramo. Soy la oveja gorda y negra del grupo, he pensado que son brujas y que no me invitan a sus aquelarres.

      Cuando dejamos de llorar y estar en posición fetal nos detenemos a pensar en la solución, hay varias en el mercado; cocerse la boca (auch), bypass gástrico (somos pobres), liposucción (dije que somos pobres), nutriólogo (puede ser), gimnasio (somos flojos), correr (es gratis, pero somos flojos), llevar una vida sana, reducir la ingesta de calorías y hacer regularmente una actividad física (aburrido). Volvemos a la posición fetal, y ahora nos chupamos el dedo.

     El gimnasio se abre ante nosotros invitándonos a pertenecer a esa elite de cuerpos de revista. Las promociones de principios de año nos arrastran a pagar un año, a meses sin intereses. Razonamos inteligentemente que si lo hacemos así, no dejaremos de asistir. Primer día: Con toda la actitud, el entrenador revisa la gordura mórbida que portamos, nos explica cada máquina, y repeticiones que debemos hacer. Las usamos con gran entusiasmo viendo a los demás con cara de “yo puedo con más que esto”. Segundo día: Nos duele cada musculito del cuerpo y de los que ni imaginamos que teníamos, nos saltamos unas máquinas porque el cuerpo nos grita su dolor. Tercer día: Damos varias vueltas a tomar agua, nos escondemos del entrenador. Cuarto día: mandamos al grillo en nuestro lugar. Mientras pensamos en regresar comemos rosca de reyes, y sacamos al niño. Maldecimos nuestra suerte, maldecimos que se acabara el maratón Lupe Reyes, maldecimos a nuestras madres que desde nuestra infancia nos insisten que comamos todo lo del plato, maldecimos nuestra gastronomía navideña que es deliciosa, acabamos maldiciendo a los fabricantes de espejos y de básculas. Maldecimos a Trump, a Peña, a los senadores, diputados y gobernadores nomás para no perder la costumbre, y les echamos la culpa también  de… parecer modelos de Botero :D

 

   

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