La Selección de España resistió con el alma el último asedio de una Argentina que jamás se rindió, ni siquiera con diez hombres por la expulsión de Enzo Fernández ni tras los balonazos salvadores de Mikel Merino. Al final, el solitario gol español y la solidez defensiva en los tiempos extra fueron suficientes para alcanzar la gloria máxima.