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Espectáculos

Bellas Artes se viste de Coahuila

La Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila, bajo la dirección del maestro Natanael Espinoza, debutó anoche en el recinto

YOHAN URIBE JIMÉNEZ
CIUDAD DE MÉXICO, domingo 29 de enero 2017, actualizada 11:11 am

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El máximo recinto cultural del país se vistió anoche de Coahuila. Y es que a dos años de su fundación, la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila, bajo la dirección del maestro Natanael Espinoza, debutó anoche en el Palacio Nacional de Bellas Artes, con un programa que además de incluir el díptico sinfónico del compositor coahuilense Arturo Rodríguez, contó con la participación del guitarrista torreonense Martín Madrigal, como solista invitado.

UN RECINTO IMPONENTE

Más allá de la arquitectura y la grandeza estética de Bellas Artes, nada mejor que un recinto lleno. A más de un noventa por ciento de su capacidad, y con público de todas partes del país, la orquesta salió al escenario para recibir una cálida bienvenida.

Gran inicio de la orquesta coahuilense con la Obertura de Rienzi, de Wagner; actitud y fuerza en el sonido. Pero sobretodo unidad, una orquesta integrada con muchos jóvenes que la hicieron escuchar con bastante unidad, y una dirección.

Gran diálogo sostuvo durante los tres movimientos de la Tangata de Agosto de Máximo Diego Pujol, el guitarrista lagunero Martín Madrigal. Elegante, sobrio y con una precisa digitación, el solista invitado regresó al Palacio de Bellas Artes, luego de que hace años saliera airoso de la mano de otra orquesta coahuilense, Camerata de Coahuila.

El allegro de la obra de Pujol, tuvo ese color especial que suele darle a sus interpretaciones el guitarrista lagunero. Técnicamente impecable, sobre todo en ese último movimiento, y luego de un caluroso diálogo con las cuerdas de la Filarmónica del Desierto, donde por cierto también se sienta otro lagunero, el contrabajista Armando Pérez Towns.

Una sala exigente, con un público exigente que aplaudió y ovacionó al maestro Madrigal, uno de los guitarristas más importantes del país, quien anoche respaldó con una memorable presentación a la orquesta coahuilense.

La noche fue de Coahuila por varios aspectos, la orquesta, el solista invitado, pero sobre todo porque se interpretó del compositor coahuilense Arturo Rodríguez, la obra Maximiliano y Carlota, un díptico sinfónico en dos movimientos.

Acertada selección del programa para mostrar la identidad que a dos años ha conseguido y busca fortalecer la orquesta, en el primer movimiento de la obra, Maximiliano, un vals vienés, se volvieron a lucir las cuerdas, especialmente los primeros violines, gran trabajo de la concertino Lilia Naydenovs. Y al final de ese primer movimiento cuando la obra adquiere otro carácter, los alientos y las percusiones pusieron el toque especial, por cierto, otra lagunera en ese cuerpo de la orquesta, la fagotista Faride Castro.

Interesante obra la del maestro Rodríguez, que lució anoche en Bellas Artes, con un particular contraste entre los dos movimientos, el segundo, Carlota, presenta aspectos orquestales más contemporáneos, con imágenes que evocan a los dos personajes históricos, por algo la obra fue pensada inicialmente para ballet.

CRECE Y MADURA

Después del intermedio, regresó a escena la batuta del maestro Natanael Espinoza para mostrar que la Filarmónica del Desierto de Coahuila ha crecido y madurado en estos dos años, y los hizo con una obra particularmente especial, La Quinta Sinfonía de Chaikovski, desde el primer movimiento el trabajo de los alientos atinó a la solemnidad que caracteriza éste y los siguientes tres movimientos.

Una reflexión sinfónica de Chaikovski muy bien leída por la filarmónica coahuilense, la personalidad en los alientos, mantuvo bien estructurada la interpretación de los cuatro movimientos, con especial atención en el inicio del Valse, Allegro; y un buen cierre en la recta final del último movimiento, el Finale.

Aun cuando la orquesta coahuilense lleva dos años de fundada, y en sus filas conviven músicos de mucha experiencia y otros muy jóvenes; músicos coahuilenses, de varios estados del país y de varias nacionalidades, ha logrado ir tejiendo una identidad, esa que fue reconocida en el Palacio Nacional de Bellas Artes, con una envidiable concurrencia de público que llenó la sala en más de un 90 por ciento, muchos coahuilenses, quienes al final aplaudieron de pie a su orquesta.

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