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Nosotros

'ALMA MATER'

SIGLOS DE HISTORIA

Alberto González Domene, exalumno e Investigador Histórico
TORREÓN, COAH, domingo 11 de noviembre 2018, actualizada 10:47 am

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Instito Francés de La Laguna a 80 años de su fundación

Primera parte

Pasaron ya ochenta y tres largos años entre dos siglos (XX y XXI), de 1935 a 2018, tiempo en que la Providencia de Dios, me permitió vivir plenamente recordando mi primera experiencia escolar. Los diez primeros años de mi vida, quedé totalmente identificado con mi "alma mater": el Instituto Francés de La Laguna, extraordinaria institución educativa, donde fui formado en mi infancia y juventud junto con mis hermanos y amigos de aquella lejana época. Nuestros padres, nos inculcaron la base de nuestros principios, pero su gran amor nos inscribió en ese glorioso plantel inicial, donde también aprendimos a enfrentar la vida.

En la historia de la Comarca Lagunera, esa institución educativa ha recorrido ocho largas décadas de ciclos anuales de enseñanza, ininterrumpidos, formando el carácter de miles de niños y jóvenes de cuatro generaciones que han pasado por sus aulas; nos formaron en el orden, la fe, la esperanza, el amor, la disciplina, las ciencias, el deporte y las artes.

Hoy tenemos el privilegio de vivir todavía en este mundo celebrando su octogésimo aniversario recordando antes que nadie a dos visionarios laguneros (el agricultor D. Luis J. Garza y a Don José Q. de Miranda, gerente del Banco Nacional de México) quienes, en el Torreón de aquellos lejanos años, en 1939, iniciaron, con apoyo de otros comarcanos, la creación de nuestro amado y afamado Instituto.

Aquellos dos prohombres laguneros invitaron a miembros de una congregación internacional, fundada por el santo francés Juan Bautista de la Salle, para asentarlos en una hacienda de las afueras de la ciudad de Gómez Palacio; allí recibieron a los hermanos lasallistas con intención de fundar el Instituto Francés de La Laguna.

Hoy también recuerdo que, a los doce años de edad, siendo alumno de la Institución, durante una de sus fiestas anuales deportivas, conocí a mi novia, hoy la esposa de toda mi vida - Rosario - quien con la gracia de Dios me regaló cinco espléndidas hijas quienes, posteriormente, a su vez, nos hicieron abuelos y bisabuelos de más de dos docenas de nietos y bisnietos.

Reitero que el Instituto Francés de La Laguna tuvo desde entonces el objetivo de inculcar en la niñez y juventud comarcanas el orden, la disciplina, la cultura, la ciencia, el deporte y, fundamentalmente, la fe cristiana dentro de una sociedad que, hasta entonces, carecía de esos conocimientos, tal vez por el sufrimiento de los hombres laguneros y su necesidad de sobrevivir luchando contra el agreste medio geográfico en pos del éxito económico algodonero que suele provocar indiferencia religiosa en una sociedad agrícola. Así surgió nuestro colegio donde cursé la primaria y la secundaria y donde he visto formarse, a través de las últimas ocho décadas, a cientos y miles de ciudadanos.

Celebramos aquellos años que a muchos de nosotros nos marcaron el camino a seguir por el resto de nuestra vida, y conmemoramos también este aniversario recordando la enseñanza de nuestros padres y abuelos, así como la de nuestros maestros lasallistas que cumplieron cabalmente la vocación sagrada de entregar su vida para formar a la juventud lagunera en el aprendizaje de la cultura y la fe.

Cómo olvidar a nuestro primer maestro de primaria, el Hermano Gabriel María Flores, con el que desde niños aprendimos a ver un mundo maravilloso; al ¡Hermano José Sánchez!, maestro de segundo año de secundaria, que nos ilustró en la literatura, la historia y otras ciencias, llevándonos, al finalizar la enseñanza secundaria, a un grupo de quince compañeros a conocer el continente europeo en el frío invierno de 1950: Italia, Francia y Suiza, pero, sobre todo, España, la querida Madre Patria, donde me reencontré con la historia de mi familia materna. ¡Cuánto aprendimos del Hermano Sánchez! En Roma, nos llevó a conocer el Vaticano y a saludar al Papa Pío XII; en París y en Lucerna, conocimos extraordinarios sitios turísticos y en Madrid y Toledo, después de conocer muchos sitios y museos históricos, nos llevó a conocer "El Escorial" - recién terminada la sangrienta guerra civil española - y también el "Valle de los Caídos", recién inaugurado por el General Francisco Franco.

No puedo mencionar a todos los hermanos lasallistas que nos ilustraron en el curso de aquellos diez años, no obstante, debo mencionar a nuestro Inspector, el Hermano Rafael Martínez, que nos inculcó una férrea disciplina y nos enseñó a cantar a todos los alumnos del colegio, siendo el autor de la letra de nuestro himno lasallista: "Lasallistas fieles lasallistas, combatid por nuestro ideal, sea la base de nuestras conquistas una sólida lucha fraternal…".

Tampoco olvido a los viejos directores del Colegio, a Don Carlos Thierry y a Don Emilio Reversat, que cumplieron la responsabilidad de ser guías de la juventud a cabalidad, y también menciono a dos inolvidables maestros, los hermanos Enrique Chaurand y Efrén Navarro, con quienes me unió entrañable y respetable amistad y a quienes muchos compañeros debemos el aprendizaje inicial de las ciencias y las humanidades. A la mayoría de ellos los recordamos con enorme gratitud y respeto.

algonzald@prodigy.net.mx


Si tiene comentarios, escríbanos a: siglosdehistoria@yahoo.com

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