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Nosotros

La rebelión escobarista, el ejército renovado

SIGLOS DE HISTORIA

Jesús Antonio Loza García
TORREÓN, COAH, domingo 10 de marzo 2019, actualizada 9:31 am

PRIMERA PARTE

Se cumple este mes el 90 aniversario de uno de los hechos por demás interesantes en la región lagunera. ¿Se imagina usted a nuestra ciudad como sede de un movimiento armado, como marca y comienzo de un foco rebelde, un espacio donde volaron escuadras aéreas contrarias que se enfrentaron a la escala propia de una época todavía pionera de la aviación militar y un breve bombardeo sin muchas consecuencias de los aviones del gobierno? Se puede deducir a éste como el último movimiento rebelde postrevolucionario que enfrentó a dos grupos distintos dentro del ejército mexicano entre las lealtades políticas hacia el grupo que estaba por afianzarse en el periodo conocido como Maximato, quienes serían los soldados fieles a las instituciones y los jefes militares vinculados principalmente al obregonismo y a la candidatura del sonorense Gilberto Valenzuela de 1928, conformarían lo que llamarían el Ejército renovador junto a su agenda político militar el Plan de Hermosillo, documento publicado por el General José Gonzalo Escobar, comandante de la sexta jefatura de operaciones con sede en Torreón, Coahuila. Un militar avecindado en la ciudad desde la época carrancista con cierta vida social y política en la ciudad y el estado.

¿Quién es este jefe? José Gonzalo Escobar, sinaloense, nacido en Mazatlán, en 1892; se había incorporado al Ejército Constitucionalista en 1913, destacando en el Cuerpo de Ejército del Noroeste. Participó en las derrotas de Villa en 1914 y 1915 y en la rebelión de Agua Prieta contra Carranza. Como jefe de operaciones en varias entidades federativas, luchó contra la rebelión de la Huerta, en la batalla de Palo Verde y en la toma de Ocotlán en 1924. Cobró renombre cuando combate la rebelión del general Arnulfo R. Gómez en 1927, a quien derrotó, hizo prisionero y ejecutó.

José Gonzalo Escobar lanza, como se dijo, el Plan de Hermosillo, apoyado por un importante grupo de exobregonistas que se oponían al poder del expresidente Calles y a su candidato Pascual Ortiz Rubio.

Sin duda, esta revolución no tuvo ninguna raíz coahuilense, aunque si se involucraron viejos revolucionarios coahuilenses como: Luis y Eulalio Gutiérrez, Cesáreo Castro, Raúl Madero, Francisco Coss, entre otros.

Se estima que el número de elementos castrenses levantados en armas eran de aproximadamente 35 mil hombres a las órdenes de los Generales José Gonzalo Escobar, Jefe Supremo del Movimiento; Francisco M. Manzo, Jefe de Operaciones en el Estado de Sonora; Jesús M. Aguirre, Jefe de Operaciones en Veracruz; Marcelo Caraveo, Gobernador de Chihuahua; Fausto Topete, Gobernador de Sonora; Francisco R. Urbalejo, Jefe de Operaciones en el Estado de Durango, a quien se uniría el Gobernador de ese Estado, el General Juan Gualberto Amaya, y los Generales Antonio I. Villarreal, Ramón F, Iturbe, Cesáreo Castro, Raúl Madero, Eulalio Gutiérrez y su hermano Luis Gutiérrez, principalmente.

El Movimiento Renovador y la Revolución buscó con el Plan de Hermosillo terminar con la esfera de influencia Callista, era este el motivo de las armas, su política imposicionista y la "farsa" que constituía para los afectos del movimiento la institucionalización política del país con la Convocatoria a la Convención Constitutiva del Partido Nacional Revolucionario dada a conocer el 5 de febrero de 1929 y que según dicha convocatoria constituía un pacto nacional de unión y solidaridad de todos los elementos fieles de la Revolución Mexicana y para resolver, en acuerdo libre, honorable y solemne, el problema político inmediato de una sucesión presidencial pacífica. Se buscaba abarcar a todas las organizaciones políticas y agrupaciones revolucionarias, así como agraristas y obreristas, el magnicidio de Obregón generó desconcierto y cimbró la estructura política de la época, pues toda la facción obregonista tenía por delante un nuevo periodo presidencial.

La situación política se agravó desde el primero de septiembre de 1928 con el discurso de Plutarco Elías Calles al abrir las sesiones ordinarias del Congreso en el que llamaba a orientar al país por rumbos de una verdadera vida institucional, y pasar de una vez a la nación de instituciones y leyes. El cisma político con los grupos obregonistas era consecuencia del asesinato de su líder, de la ocupación provisional de la presidencia de un representante de distinta facción política y la llamada institucional del propio Calles con el riesgo de ser desplazados.

En cuanto a los rumores de un levantamiento armado, las sospechas se acrecentaban desde aquel septiembre de 1928 con un discurso de Calles en el Congreso, y las sospechas recaían con los Generales Obregonistas, que además de tener tropa a su mando, contaban con poder político en sus respectivos Estados, estos eran: General Marcelo Caraveo en Chihuahua, General Fausto Topete en Sonora y los Generales Francisco Manzo, Jefe de Operaciones en el mismo Estado, y Jesús M. Aguirre, originario de Sonora, pero desempeñando el cargo de Jefe de Operaciones en Veracruz, y por supuesto, del General José Gonzalo Escobar, quien era el Jefe militar en esta ciudad, quien desde noviembre de 1928 Escobar estaba en la Ciudad de México.

El 8 de enero de 1929 se publicó que el General Escobar, después de un mes en la capital, estaría de regreso en Torreón. La llegada del General tendría el propósito de activar la preparación de las Fiestas de Primavera, según dijo; saldría de México el lunes, con destino a Torreón, pero antes llegaría a Piedras Negras y Saltillo. Se sabría también que Escobar había conseguido en la capital, el ofrecimiento del Presidente de la Republica, Emilio Portes Gil, de venir a Torreón con motivo de las Fiestas de Primavera, y que igual cosa habían prometido a los Generales Marcelo Caraveo, Juan Andrew Almazán, Juan Gualberto Anaya y el señor licenciado Arnulfo M. Siller, Gobernador del Estado. Vendrían a la Comarca Lagunera el 5 de mayo; además, para la inauguración de las obras en el Campo Militar de la Jefatura de Operaciones.

El regreso del General Escobar fue el 11 de febrero; en la estación, lo recibió una numerosa comisión de generales, jefes y oficiales dependientes de la jefatura de operaciones en La Laguna. Escobar había manifestado su solidaridad al Presidente en San Luis, luego del atentado al Tren Olivo, del día 10. En ese tenor noticioso: del fusilamiento de Toral, del atentado frustrado contra el General Pérez Treviño, a quien le habían colocado dinamita en su escritorio de su oficina del PNR. Una corrida de toros en honor al Gral. Escobar para el domingo próximo inmediato. El día 19 del mismo mes, la prensa publicó que el Gral. Manzo, Jefe de las Operaciones en Sonora, se había rehusado a movilizar tropas a otros lugares de México, pretextando un alzamiento de la Yaquis. La noticia del alzamiento de Manzo en Nogales fue publicado por diarios norteamericanos. La Secretaría de Gobernación negó esta situación diciendo que había cordialidad entre Manzo y la Federación.

aloza_g@hotmail.com


Coordinación de la serie: Yeye Romo Zozaya

Si tiene comentarios, escríbanos a: siglosdehistoria@yahoo.com

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