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Nacional

Comedores de Sedesol, sin recursos para operar

En 2018 cada centro de apoyo servía en promedio 120 comidas diariamente

AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, martes 12 de marzo 2019, actualizada 7:45 am

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A pesar de que ofrecían una opción alimentaria para más de medio millón de personas de escasos recursos, el presupuesto para 5 mil comedores comunitarios operados por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), ahora Secretaría de Bienestar, desapareció del Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, por lo que no se contempla que el programa continúe para este año, aseguraron fuentes consultadas de la dependencia.

Al revisar el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 de Bienestar, este programa no aparece enlistado. Su presupuesto en 2018 fue de 3 mil 205 millones 757 mil 494 pesos, inversión que aumentó con el paso de los años, puesto que su monto en 2014 fue de mil 555 millones 500 mil pesos, es decir, la mitad de lo que se dio el año pasado.

Los comedores comunitarios, los cuales iniciaron operaciones en septiembre de 2013, constituían una solución al problema de hambre en zonas con población de bajos recursos, debido a que con 10 pesos por ración, niños de cero a 11 años, estudiantes de 12 a 19 años, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, personas con discapacidad, mayores de 65 años y en situación de vulnerabilidad, tenían acceso a alimentación.

Según datos de la Sedesol, el año pasado cada comedor comunitario servía en promedio 120 comidas diariamente, lo que significa que a nivel nacional se superaban las 622 mil raciones de alimentos.

Las entidades federativas que cuentan con mayor número de este tipo de establecimientos son: Estado de México, con 2 mil; seguido de Guerrero, que suma mil 200; Michoacán, con 500, mientras que Chiapas y Veracruz registran 408 y 352, respectivamente.

En el informe Evaluación de Consistencia y Resultados 2017-2018 Comedores Comunitarios, realizado por la Sedesol, se encontró que 92.3 % de los comensales consideraban que estos espacios "les permitían mejorar su alimentación, dado que comen más sano y nutritivo, con mayor variedad, y en mayores cantidades".

De igual manera, alrededor de 90% de los usuarios de estos establecimientos calificaron el trato recibido, el tiempo de entrada, el sabor, variedad y cantidad de los alimentos ofrecidos como "bueno o excelente".

En cuanto a los voluntarios, 94% de ellos considera "seguir apoyando en los comedores".

Sin embargo, 72.9 % de los comensales consideró que el comedor comunitario podría mejorar en algún aspecto; 54 % mencionó que se requieren mejoras en las instalaciones, y 20.2 % pidió la inclusión de talleres o clases, entre otros.

Fundado a partir del decreto por el que se estableció el Sistema Nacional para la Cruzada contra el Hambre (Sinhambre), se buscó que este programa se instrumentara para mejorar e incrementar las condiciones de acceso a la alimentación de la población con prioridad de atención, ubicada en las Zonas de Atención Primarias (ZAP) rurales o urbanas, mediante su equipamiento y abastecimiento.

"Los comedores comunitarios se constituyen en el espacio físico y social del quehacer comunitario para la preparación y el consumo de alimentos preparados por mujeres y hombres de la comunidad. Las personas que asisten a los comedores cuentan con soluciones a sus necesidades prioritarias, como el acceso al consumo de alimentos y la transformación de hábitos alimenticios", se detalla en el informe.

ARRANCA PROGRAMA

El 19 de abril de 2013, en gira por Chiapas, el entonces presidente Enrique Peña Nieto y la titular de Sedesol, Rosario Robles, pusieron en marcha el programa de comedores comunitarios, incluido dentro de la estrategia de la Cruzada contra el Hombre. El Ejecutivo federal pronunció una de las frases más recordadas de su sexenio: "No te preocupes, Rosario, hay que aguantar".

Acompañado por el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la comunidad de Navenchauc, municipio de Zinacantán, Enrique Peña Nieto afirmó que el gobierno que él encabezaba quería cambiar las condiciones de pobreza en las que vivían millones de mexicanos.

"Quienes padecen hambre viven en una realidad que para los mexicanos es inadmisible y debe llevarnos a que sumemos esfuerzos. Por eso esta convocatoria que hemos lanzado, para que hagamos converger nuestros esfuerzos en atender, precisamente, a núcleos sociales que padecen hambre, que no les ocupa o les preocupa otra acción u otra actividad, menos de carácter político", mencionó el exmandatario federal.

En el evento, Peña Nieto aseguró que ese programa buscaba que 7.5 millones de mexicanos "puedan revertir la condición de pobreza extrema y poder garantizarles un mínimo y básico de bienestar social que les permita vivir con dignidad.

"Ese es el esfuerzo del gobierno de la República, con participación del sector privado y del social, estamos trabajando para que México en pleno siglo XXI pueda tener condiciones de mayor dignidad, igualdad y oportunidad entre toda la población mexicana", aseguró.

Según el estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) El sistema alimentario en México, dado a conocer en noviembre de 2018, en el país más de dos quintas partes de la población vive en condiciones de pobreza. En 2016, 53.4 millones de mexicanos vivían en pobreza, lo que equivale a 43.6% de la población.

El informe detalla que, de esta población, 9.4 millones de personas, es decir 7.6% de la población del país, se encontraban en condiciones de extrema pobreza.

"La tasa de pobreza en las áreas rurales continúa siendo más alta que en zonas urbanas: seis de cada 10 habitantes de zonas rurales eran considerados pobres, en 2016; en contraste con los cuatro de cada 10 en zonas urbanas", indica el documento.

La FAO señala que existían 24.6 millones de mexicanos que vivían con carencia alimentaria en 2016, la cual es más intensa en grupos de población como los indígenas, discapacitados y los menores de edad.

Servicio a los que menos tienen

Son las 13:00 horas y Martha entra despacio al comedor, lleva puesto un pants blanco, anteojos, bolsa de mandado y su inseparable bastón. Hace unos minutos que salió de la terapia para sus articulaciones y ya tiene hambre.

Con un poco de esfuerzo, mueve la silla de metal y recarga su bastón negro sobre la pared del lugar, el cual está a punto de cerrar sus puertas. A pesar de que la vista ya le comienza a fallar, un letrero arriba de ella se lo recuerda cada vez que llega a esta comedor comunitario desde hace unas semanas.

"¡Vecino! ¡A los comedores comunitarios los han desaparecido. Aun así seguiremos trabajando para ti y tu familia! Desde el mes de diciembre de 2018 trabajamos con recursos propios y será hasta marzo de 2019 que cerraremos por esta decisión tan equivocada del gobierno federal" es la leyenda que ella y decenas de personas leen cada vez que entran a este local a comer.

Sobre ?avenida Vicente Villada, en Nezahualcóyotl, Estado de México, se ubica este establecimiento, que, como los 5 mil comedores comunitarios de todo el país que ofrecían desayunos y comidas por 10 pesos a personas de escasos recursos, está a punto de cerrar.

El ambiente al interior es lúgubre, en los 45 metros cuadrados casi no hay luz ni el ruido de ollas, cucharas, aceite caliente o personas platicando, particularidades que caracterizan a un comedor. Solamente se percibe el ruido del pequeño televisor colocado en una esquina del inmueble.

De lado de la cocina permanece Eugenia, callada, quieta, con la mirada vacía, esperando el momento en el que se terminen los pocos suministros que le quedan para cerrar. Piensa en qué hará después del último día que abra el comedor; ella es pensionada.

Afirma haber atendido el comedor por varios años sin esperar ningún tipo de recompensa económica, y asegura que estaba ahí todos los días, ?desde las 7:00 horas hasta las cuatro de la tarde, recibiendo y alimentando a las personas que entraban al comedor.

Por las mañanas, ofrecía desayunos: tres hotcakes medianos con mermelada, un vaso de atole o champurrado y en ocasiones enfrijoladas o la comida que le sobraba de un día antes. Por la tarde, servía sopa, arroz, frijoles, guisado, agua de sabor y postre, siempre por la cantidad de 10 pesos a quienes podían pagar el menú y gratis para indigentes y personas que afirmaban no tener dinero.

"Siéntese, todos van a comer, a nadie se le niega la comida", comenta. En enero, Eugenia sospechó que las cosas iban mal debido a que ya no recibió los suministros de cada mes; en su lugar recibió la noticia por parte de encargados del programa de que ya no habría tales recursos a causa del cambio de gobierno. Desde ese día, la mujer sólo espera que sus insumos terminen para despedirse del lugar.

A cinco minutos de distancia, otro establecimiento comunitario exhibe una manta idéntica a la de Eugenia. Es más grande, ahí la gente se resiste a dejar de ir a comer, no sólo por lo económico de los menús, sino por el ambiente familiar que crearon cada día.

El grupo de comensales ahí reunidos no desea hablar. Prefieren degustar los que podrían ser sus últimos alimentos en los comedores comunitarios.

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