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Nosotros

Mapp Garret, de cocina creole y racismo

Silvia Patricia Castro Zavala
TORREÓN, COAH, domingo 07 de abril 2019, actualizada 11:41 am

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PRIMERA PARTE

El rápido crecimiento de la pequeña lotificación a la vera de las vías del tren atrajo a La Laguna a muchos inmigrantes extranjeros, situación que hizo de aquella incipiente comunidad una sociedad cosmopolita. Aquí confluyeron razas, religiones, costumbres, cocinas... A pesar de la impresión idílica que tenemos sobre aquella melting pot, cuando nos adentramos en casos particulares, encontramos que para algunos grupos raciales, la aceptación social no fue fácil.

Poco hablamos de los afroamericanos que llegaron a las ciudades laguneras. No fueron muchos o por lo menos las fuentes conocidas no nos permiten saberlo. El caso más conocido fue el de un grupo de más de 800 norteamericanos que fueron traídos a trabajar en la Compañía Colonizadora de Tlahualilo en 1895. Sin embargo, debido a una epidemia de viruela ese mismo año, los sobrevivientes se vieron obligados a regresar a los Estados Unidos.

Uno de los afroamericanos que dejaron una huella más profunda en la memoria colectiva fue Mapp Garret, propietario de un conocido restaurante. Durante muchos años, el Café Mapp fue un referente para los laguneros, sobre todo para los torreonenses. Su propietario es recordado por sus comensales como muy delgado, alto, siempre con delantal y sombrero. Los productos más solicitados y recordados del café eran el pollo empanizado "tipo Nueva Orleans" o "Maryland", según la fuente, el pay de limón, las donas y los bisquetes.

Las primeras noticias que tenemos sobre el norteamericano Mapp Garret, son de principios de 1926 y del ámbito deportivo. Participó en la Liga de BaseBall de la Comarca Lagunera como suplente en el equipo Águila. En las reseñas de este deporte del año siguiente, ya no aparece como jugador, sino como umpire, y según los comentaristas, era muy bueno, lo calificaban como "el umpire más justiciero de los que tenemos en casa". En alguna ocasión en que Mapp Garret actuó como umpire principal, "sus decisiones como en todo caso, se vieron acertadísimas, justicieras, incurrió en errores, pero nadie es infalible". A pesar de las elogiosas reseñas, no dejaba de tener problemas. En alguna ocasión, hubo que suspender un partido por diez minutos por falta de ampáyar (sic) principal, porque Mapp abandonó su puesto por recibir algunas alusiones raciales.

En su libro Aquel Torreón, Homero del Bosque recuerda a Mapp como "un gran cocinero… muy aficionado al beisbol y que en los grandes partidos del Deportivo Nacional servía de ampayer de jom, haciéndolo como verdadero profesional y causando la admiración de todos nosotros los aficionados porque sabíamos disfrutar su estilo folclórico de contar las bolas y strikes y llevar la cuenta de los outs…", era la delicia de los espectadores.

Desconocemos cómo fue que llegó a La Laguna, pero dos notas aparecidas en 1928, nos permiten aventurar la hipótesis de que trabajaba dentro del área del algodón. En dos de ellas, que llevan el mismo título: "Se recibió el informe algodonero", se publicaba el informe rendido por el gobierno norteamericano sobre la cosecha de algodón con base en el cálculo hecho por el Departamento de Agricultura. En La Laguna, esta cifra servía de motivo para organizar un concurso para calcular la cifra que daría el gobierno norteamericano y que ganaba quien se aproximaba más a la cantidad dada por el gobierno norteamericano. En el concurso, participaban "los algodoneros", o sea, quienes de alguna forma u otra estaban relacionados con el negocio de la fibra blanca. En una nota periodística posterior, se consigna que Garret trabajó con Garrow, quien también aparece en las listas de algodoneros participantes en las quinielas, tal vez en calidad de clasificador, como lo asegura alguna nota posterior.

En mayo de 1930, en las páginas de El Siglo de Torreón, estuvieron apareciendo anuncios publicitando el restaurante del Hotel Salvador, nota en la que aparece como propietario Mapp Garret.

Sin embargo, poco tiempo tuvo Garret de disfrutar la aventura de su nuevo negocio. El domingo 22 de junio de 1930, la joven ciudad de Torreón se vio conmovida por una terrible noticia que El Siglo daba en primera plana. La noche anterior, en el restaurant del Hotel Salvador, los norteamericanos Anthony Wessendorf y Walker Garrow, habían sido heridos de gravedad por el dueño del restaurant, Mapp Garret.

Según testificó Salvador Alba, cajero del restaurante, Wessendorf y Garrow llegaron a cenar según acostumbraban. Garret se acercó a su mesa y algo le dijeron porque muy decididamente fue a la caja y sacó una pistola que allí guardaba, pero la volvió a dejar en su lugar. Regresó a donde estaban los dos norteamericanos y les pidió en voz alta que no le volvieran a decir lo mismo. Según el testimonio, Garrow respondió diciendo que se lo volvería a decir, ya que no era más que eso. Garret regresó a la caja por la pistola, Alba forcejeó con él tratando de quitársela. Los norteamericanos se acercaron y Garrow pidió a Garret dejara la pistola. En cuanto el cajero Alba soltó el arma, Mapp Garret disparó tres veces. Una vez sobre Wessendorff y dos sobre Garrow. Terminando de disparar Garret, salió del restaurante. Esa misma noche, fue aprehendido en Lerdo, Dgo.

Heridos de gravedad, ambos norteamericanos fueron llevados al Hospital Americano, donde minutos después de llegar, falleció Wessendorff. Garrow sobrevivió varios días, pero las fatales heridas le ocasionaron la muerte en la madrugada del día 26.

Durante las investigaciones, se supo que en el restaurante se encontraban cerca de diez comensales que fueron testigos presenciales de los hechos. La nota de El Siglo los identifica como: Tossi, Smith, Poe, Sullivan, Williams y Evans; en posteriores reseñas periodísticas, se nombró a algunos otros: Midgett y Strohbach. Buscando en diversos medios podemos aventurar que estos apellidos corresponden a: el Ing. Alejandro A. Tossi, avecindado en Monterrey y representante de la Westinghouse; A. T. Smith o H. T. Smith, de profesión ingeniero, según el Catálogo de Extranjeros; Ramón Midgett, perforador estadounidense con estancia en nuestro país desde 1921; Carlos Strohbach podría ser William C. Strobach, que en 1931 era subgerente y algunos años después Gerente general de la Compañía Nacional de Electricidad, División Torreón, y W. R. Evans, Leo H. Poe, J. C. Williams y G. S. Sullivan, de quienes no encontré otra referencia.

Además de los norteamericanos anteriormente mencionados y de Salvador Alba o Martínez de Alba, según otras reseñas, también testificaron durante el juicio Pedro Chávez y Manuel Pérez.

A pesar de las numerosas explicaciones que se manejaron, la que trascendió fue la del odio racial. De hecho, en una nota posterior, algunos testigos recordaron que algún tiempo atrás, en el Salón París, Garret invitó a dos norteamericanos a jugar dados y éstos se negaron aduciendo que no acostumbraban jugar con negros. "Garret ofendido expresó que no tenían derecho a decir eso porque estaban en México". Los tres norteamericanos fueron conducidos a la Inspección de Policía y dejados en libertad. Fue precisamente esta experiencia la que llevó a Mapp a comprar un arma.

La explicación aventurada por El Siglo de Torreón fue que: "Garret tiene de vivir en esta ciudad varios años, nos decía ayer una persona, y desde entonces se le daba un trato como el que se acostumbra en México, pero debido a que han llegado algunos americanos que no estaban habituados a tratar con gente de color, tuvo que retraerse un poco (...) sobre todo porque ya no estaba habituado a ser visto como era costumbre que lo vieran en el sur de los Estados Unidos". Aunque la experiencia del juego suspendido nos permite vislumbrar que no siempre era así.

El Lic. José C. Mijares, Juez de Letras del Ramo Penal, nombró a dos intérpretes, Juan Cabelaris y Rosendo Garza, después sustituido por el Ing. Jesús de la Fuente, para que Mapp Garret pudiera rendir su declaración, ya que éste no manejaba el español como para hacerse entender. El Lic. Simón Gutiérrez Meza fue el defensor del norteamericano y al cual se unió después de unos días Matías L. Carmona. El Lic. Everardo Siller era el agente del Ministerio Público.

El caso tomó tal relevancia que el vice-cónsul de Estados Unidos en esta ciudad, James C. Powell Jr., en representación del Departamento de Estado de su país, visitó a las autoridades municipales que llevaban el caso para conocer del estado de la acusación. Así mismo, el director del diario Houston Gargoyle, mediante telegrama, pidió a la policía informes sobre el asesinato de los dos norteamericanos originarios de esa ciudad texana.

A pesar de la confesión de Garret, se ordenó una reconstrucción de hechos para saber si había circunstancias que agravaran o atenuaran la pena y de confrontar a los testigos por las inconsistencias y discrepancias en sus testimonios. Además, se recurrió a Francisco Zarzosa y Roberto E. Rodríguez, peritos balísticos, para que determinaran la trayectoria de los proyectiles, así como las circunstancias en que fueron hechos los disparos.

Al mismo tiempo, se inició acción civil contra Garrett, promovida por el Lic. Francisco Chávez Díaz en representación de Harris Walker Garrow, Marcita Delgado de Garrow, Anne Garrow de Wessendorf y del niño Roberto Garrow Wessendorff, radicados todos ellos en Houston, Texas. La cantidad demandada era por un monto de 119 mil pesos en que se incluían los gastos médicos y la pensión alimenticia de la viuda y el huérfano de Wessendorff (300813-01 y 05). Durante el proceso, el Lic. Chávez Díaz se inconformó contra las consideraciones, que le habían informado, tenía Garret dentro de la prisión.

Austin Hawley hizo un grave cargo al detenido. De origen inglés, pero con domicilio en la capital del país, Hawley trabajaba para la misma compañía de seguros que Garrow y Wessendorf, por lo que en cuanto se le avisó de la tragedia, se trasladó a esta ciudad. Tuvo oportunidad de hablar con Garrow, y entre otras cosas, le había asegurado que el segundo tiro lo recibió estando ya en el piso. La acusación fue apoyada por los testimonios de H. T. Smith y R. R. Midget.

El interés despertado por la tragedia era mucho y la prensa dio cabal cuenta de cada una de las diligencias. La reconstrucción de los hechos se llevó a cabo el 30 de septiembre de ese año. El día siguiente, en El Siglo de Torreón, se hizo una cuidada reseña de lo sucedido. La reconstrucción inició a las 9 de la mañana y terminó casi cuatro horas después. A ella, asistieron las autoridades, los abogados, los testigos, los peritos y el intérprete, la prensa y el propio acusado; un buen número de personas se congregó frente al escaparate del restaurante para presenciar la reconstrucción. Los señores Enrique Marroquín e Ismael Dávila representaron a los dos norteamericanos asesinados, aunque para tomar una fotografía de la forma en que quedaron los cuerpos, se pidió a los jóvenes Guillermo Estrada y Agustín Rodríguez personificar a los norteamericanos.

silvia.castro.zavala@ gmail.com


Coordinación de la serie: Yeye Romo Zozaya

Si tiene comentarios, escríbanos a: siglosdehistoria@yahoo.com

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