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"¿Sí se hace?" pregunta uno de los vecinos de la colonia Vista Hermosa de Torreón ante el estrepitoso sonido del ferrocarril que se aproxima al "Puente Negro" y sobre el cual, algunos valientes se disponen todos los días a cruzar al oriente de Gómez Palacio.

Esa es la cotidianeidad de los colonos aledaños al puente Nazas por donde desde finales de septiembre de 1883 circula prácticamente a diario el ferrocarril, el cual representa "el experimento social más exitoso del Porfiriato, a tal punto que la gente le atribuye el crecimiento de la ciudad", dice Carlos Castañón, historiador titular del Archivo Municipal de Torreón.

ORIGEN

El Ferrocarril Central Mexicano, según narra Alejandro Ahumada en su ensayo sobre el tren en el libro Llanura sin límites, inició el tendido de vías en dos puntos de Paso del Norte (ahora Ciudad Juárez) con rumbo a la Ciudad de México en 1881.

Dicha concesión, marcó en una de sus cláusulas el paso por Ciudad Victoria, Durango, sin embargo, tiempo después la misma fue modificada, permitiendo a la empresa definir su trazo entre los destinos.

Lo anterior, como consecuencia de que en la capital del vecino estado, hay una pendiente por la cual hay que subir, lo que disparaba los costos energéticos del transporte. Caso contrario, "los ingenieros ven la Comarca Lagunera plana y dicen 'es un lugar idóneo para hacer el nudo ferroviario del noreste mexicano'", comenta Carlos Castañón.

Sin embargo, la disputa no fue sencilla, ya que como relató Ahumada, la Federación llamó a una reunión al ingeniero Morley (encargado de obra) y a Francisco Gómez Palacio (gobernador de la época de Durango) para tratar la serie de peticiones y reclamos que en un momento dado había tenido la concesión entre Ferrocarril Central Mexicano y el estado de Durango.

En el periodo por el cual estaba por llevarse a cabo la junta, Morley falleció, y al frente quedó el ingeniero Lewis Kingman, quien retomó apuntes y en un informe dirigido a Thomas Nickerson, presidente de la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano esclarece las fortalezas de las dos posibles rutas: la línea occidental y la línea oriental.

Sería en la segunda, esgrima Alejandro Ahumada, donde quedaría plasmada la "muy favorable" opinión del señor Morley, así como la de Kingman, quien explicó que los gastos de explotación serían menores y el tiempo de construcción menor, pero al mismo tiempo, porque pasaba por la Villa de Lerdo, la cual:

"Se encuentra en una pradera hermosa bien sembrada de granos y de algodón y rodeada de un valle en el que se encuentran diseminados varios pequeños pueblos (entre ellos Torreón). Este valle, produjo el año pasado seis mil toneladas de algodón, 500 mil fanegas de maíz, 70 mil de frijol, 100 mil de trigo y algunas de cebada, encontrándose en lo que se conoce con el nombre del país de Las Lagunas".

Y continúa: "parece que estas regiones, aún en esta época del año, se encuentra agua en abundancia para la irrigación, habiéndome informado aquellos rancheros que las cosechas podrían doblarse si se facilitase un mercado en que dar salida a dichos productos. Todos ellos se hallan bien dispuestos a favor de la vía férrea."

Ello llevó al ingeniero Kingman, apoyado por el presidente del Central Mexicano y avalado por la Secretaría de Economía a la aprobación para continuar con la construcción de la línea férrea por la Laguna a través de Villa de Lerdo y la Hacienda del Torreón.

De tal manera, Andrés Eppen, representante de la empresa Rapp Sommer, gestiona para 1883 con Luisa Ibarra, viuda de Fernando Zuloaga y dueña de los terrenos donde yace el puente, que se pueda donar el espacio para el paso del ferrocarril.

Así pues, "en un acto generoso, a pesar de lo que representaba en términos de riqueza ese patrimonio, decide otorgarlo a la empresa Ferrocarril Central Mexicano, cambiando la historia para siempre [...] cambiando el futuro del modesto rancho del Torreón", esto, ya que Torreón pudo haber sido Tlahualilo, Bermejillo, Francisco I. Madero o Gómez Palacio de no haberse cedido dicho terreno, menciona Carlos Castañón.

PRIMERO DE MADERA

A su paso por la Comarca, el Ferrocarril Central Mexicano tuvo que atravesar el río Nazas de lo que era entonces la Villa de Lerdo (actualmente el oriente de Gómez Palacio) a la Hacienda del Torreón, algo que decidió realizarse por el estrecho de Calabazas, mediante un puente de, según Ángel González, en su trabajo El Ferrocarril en la Comarca Lagunera:

"300 metros de largo, apoyado sobre estacas de madera semejantes a los postes telefónicos…, y sin otra cimentación que un ligero atierre de sus puntas, apenas defendidos con pequeños montones de piedras arrojados al pie de cada pilote. Y ha ido a colocarlo a 700 metros de distancia de la gran masa de piedra que forma la presa del Torreón: es decir, en el lugar más propósito para que las aguas que forman las charcas de la misma, hagan, con su filtración constante en los pies de las estacas, menos sólida más dificultosa su conservación."

De ese modo, se llevó a cabo la construcción de un puente de madera sobre el Río Nazas que a partir del 23 de septiembre de 1883 soportó el paso de "la bestia" de Ciudad de México a Ciudad Juárez.

Carlos Castañón relata, gracias a una crónica del historiador Sergio Antonio Corona, que ese primer puente, elaborado a base de madera duró poco, pues en 1885 en primera instancia, unos bandidos decidieron quemar una parte del puente para que al momento de la llegada del ferrocarril este se detuviera y pudiera ser asaltado.

Por lo que se puede inferir, continúa Castañón, "dichos bandidos eran laguneros y tuvieron la osadía de vestirse de indios para tener una refriega con los pasajeros que se dirigían a Zacatecas, lo cual los últimos alcanzaron a repeler con disparos. No así el daño realizado al puente, en el cual se tuvo que trabajar para reponer parte de la estructura".

No obstante, ese mismo año, una gran avenida del "padre Nazas" terminó por llevarse el puente como resultado del persistente cacheteo, como narró el diario El Foro en el Siglo XIX "poco a poco, y uno a uno, la corriente fue arrancando los postes de soporte hasta desprender 40 de ellos para posteriormente seccionarse en grandes trozos.

Pero después de lo acontecido, alrededor de una semana, fue repuesto porque "era una parte vital de la economía del país", comenta el titular del Archivo Municipal.

FERROCARRIL INTERNACIONAL

Ya en 1887, dice Alejandro Ahumada, "la región Lagunera estuvo atenta a la llegada de Ferrocarril Internacional que conectaría a la zona con otras regiones de la unión americana a través de la ruta SUNSET que recorría Nueva Orleáns y Los Ángeles".

Entre las pausadas labores del Ferrocarril Internacional que inició su construcción en 1883, para el año 1887, Torreón ya contaba con una estación moderna producto de una demanda que Rapp Sommer (quien quedó al frente de la hacienda tras el fallecimiento de Luisa Ibarra en 1886) al Ferrocarril Central Mexicano, quien no había cumplido una cláusula del contrato en la construcción de la primera estación.

Esa moderna estación llamó la atención del Ferrocarril Internacional que en 1887 apostó por La Laguna e hizo el entronque con las vías de la estación el primero de marzo de 1888.

Como consecuencia de ello, a la Hacienda del Torreón empezaron a instalarse migrantes de todas partes del país, así como personas de diferentes nacionalidades como españoles, franceses, árabes, chinos, entre otros, quienes junto con los "rancheros" formaron las bases económicas y culturales de lo que un 15 de septiembre de 1907 se convertiría en ciudad.

SE VUELVE DE ACERO

Con el paso del tiempo, el "puente negro" sufrió modificaciones, la más importante de ellas, el cambio a su estructura por pilotes de acero en 1916, los cuales han sobrevivido todas las avenidas del río Nazas, entre ellas las de 1917 y 1968, dando un espectáculo de "la naturaleza y el hombre, compitiendo, disputándose el terreno. Complementándose, pero también negándose", manifiesta Castañón.

La construcción de este puente y las vías de ferrocarril, fue un acontecimiento en el Siglo XIX y principios del XX para la gente del campo, y es aún en este Siglo XXI un símbolo de unión, no solo de la Comarca Lagunera, sino de la región con todo el país, la que situó a La Laguna en el mapa y es, entre otros factores, el motivo del nacimiento de Torreón.

En la actualidad, el puente Nazas, conocido popularmente como el "Puente Negro" es irreconocible para una gran parte de la ciudadanía, sin embargo, para habitantes de colonias como la Vista Hermosa, Plan de Ayala y Nueva Rosita principalmente forma parte de su día a día con el incansable paso del ferrocarril.

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