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Columnas Social

Circunstancias

Sobre las transiciones de la vida

Mtro. Francisco Pineda
TORREÓN, COAH., jueves 17 de octubre 2019, actualizada 11:05 am


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Transiciones de la vida implican cambios, y tienen que ver con experiencias positivas y negativas. Estos cambios generalmente son inevitables, y no necesariamente son cómodos. El reto es adaptarse a las circunstancias nuevas, particularmente cuando los cambios son inesperados y que no van de acuerdo con nuestras expectativas, o que nos traen momentos complicados y difíciles de manejar. Lo bueno es que muchas de estas transiciones pueden ser manejables, y facilitan oportunidades valiosas.

Una transición consiste en pasar de una forma de ser o estar, a otra diferente. En la vida pasamos por varias transiciones dependiendo del grado de concientización sobre los cambios que experimentamos durante el transcurso de esa vida. Muchas de estas transiciones son predecibles, por ejemplo, después de graduarnos de la preparatoria o la universidad, después de casarnos, mudarnos de casa o ciudad, etc. Otras transiciones pueden ser impredecibles, tal podría ser el caso de un accidente serio, problemas financieros, alguna pérdida inesperada como un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, el despido de un trabajo, ir a prisión, etc. En las primeras se tiene oportunidad de planear y organizar actividades para prepararse y manejar cambios mas efectivamente. El problema con las segundas es que las experiencias son imprevistas, y por lo mismo uno no está preparado con respuestas inmediatas, o en el corto plazo. Como consecuencia, el costo emocional de la experiencia complicada puede ser problemático para la adaptación adecuada a una situación nueva y, por ende, dificultades para lograr una estabilidad aceptable.

Estas transiciones se viven a través de nuestro desarrollo personal, sobretodo durante la edad madura, por ejemplo, jubilación, enfermedad crónica, cambio de profesión, envejecimiento, etc. Una transición en la vida involucra un cambio significante el cual puede crear un impacto psicológico positivo, o quizás puede requerir una adaptación para poder salir adelante con mínimas dificultades. Normalmente, entre más compleja la transición, más difícil la adaptación, incluyendo la posibilidad de trauma psicológico. En mi trabajo en centros penitenciarios, sobre todo en las prisiones de máxima seguridad en donde existen prisioneros con sentencias largas (incluyendo aquellos con cadena perpetua), era muy común ver individuos con complicaciones serias relacionadas a la transición de adaptarse no solo a la privación de su libertad, sino también al ambiente de una prisión.

Las reacciones a las transiciones de la vida son hasta cierto punto procesos normales. A la gran mayoría nos gusta lo predecible, y tememos lo incierto o lo desconocido lo cual causa estrés antes de enfrentarnos a una realidad. De ahí que es común resistirse al cambio. Sentirse triste o desanimado por un tiempo razonable después de una graduación, de separarse de un ser querido debido a un distanciamiento físico, divorcio, muerte, o sufrir alguna otra pérdida, etc. es parte de ser humano. Sin embargo, en casos extremos hay personas que no tienen la fuerza psicológica y emocional suficiente, ni el apoyo social necesario para enfrentar una situación de cambio complejo.

En casos extremos o psicopatológicos, es decir, cuando debido al cambio el estrés es intenso, y la disfunción social y ocupacional es marcada por varios meses, la transición puede desencadenar un trastorno de adaptación. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales 5 (DSM-5) incluye en el capítulo sobre los trastornos de estrés y trauma (p. 286) un diagnóstico llamado Trastornos de Adaptación. De acuerdo al DSM-5 esta condición es una respuesta emocional y conductual directamente relacionada a un estrés especifico, por ejemplo, la terminación de una relación romántica importante, y normalmente ocurre dentro de un periodo de tres meses después de la situación estresante, y puede durar hasta seis meses más. Una duración más larga puede ser indicación de un estado mental más serio. Esta condición anormal regularmente se acompaña de depresión, ansiedad, cambios conductuales, o una combinación de todas estas. Estos episodios han estado asociados con conductas de alto riesgo (drogas, alcohol), problemas en la familia, amistades, en el trabajo, y en algunos casos, pensamientos suicidas. En estos casos, la intervención de un psiquiatra o psicólogo puede ser de gran ayuda, si no necesaria.

La realidad es que la vida no está diseñada para la satisfacción automática de nuestros deseos, lo cual quiere decir que de alguna manera tendremos que enfrentar cambios. Vale la pena aceptar que algunos cambios requieren reflexión para determinar su impacto. Muchas situaciones de transición pueden ser vistas como retos, más que amenazas, y quizás puedan facilitar una oportunidad valiosa para crecer. Gracias por su interés en esta columna.

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