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Columnas Social

Recetas para la vida

¿Qué haces cuando los gritos, el silencio o la indiferencia impiden que puedas resolver tus conflictos?

Becky Krinsky
TORREÓN, COAH., viernes 01 de noviembre 2019, actualizada 9:33 am


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¿Cuántas veces puedes pelear por lo mismo y no llegar a nada, o encontrarte con el mismo problema otra vez más? ¿Qué haces cuando sientes que no te escuchan y si lo hacen, parece que no te entienden? ¿Qué sucede cuando parece que ni siquiera tratan de hacer el esfuerzo por ver tu punto de vista con tus zapatos?

Los problemas que no se solucionan se pudren, se estancan y con el tiempo se empeoran, convirtiéndose en cargas pesadas y fastidiosas y con cualquier pretexto, resurgen y se repiten imitando soluciones previamente intentadas que ya se sabe que los resultados nunca han servido.

Sin querer, se reviven heridas pasadas, se repiten los malentendidos y se perpetúan los diálogos rotos.

Con el tiempo, lo único que sucede, se pierde la paciencia y se olvidan las razones que nutren, fortalecen e inspiran la relación. El dilema que impide solucionar los problemas… Si cedes al punto de que no sientes que te validan, eventualmente la relación se reciente y se fractura. Pero si te montas en tu caballo y no te quieres bajar para tratar de dialogar, el orgullo se enfrasca y aliena, alejando a las personas que quieres.

El secreto entonces radica en encontrar un punto medio. Es decir, uno puede entender, aceptar, escuchar y hacerse responsable de lo que uno hace y no acusar al otro.

No se trata de reconocer que quien tiene la razón. Tampoco se busca encontrar culpables o víctimas. Se trata de tener comunicación con empatía, donde se pueden reconocer las necesidades y los sentimientos de todos. Lo ideal sería poder hacer un compromiso común para beneficio de todos o por lo menos con un arreglo que todos puedan vivir sin reprocharse.

Para poder solucionar el problema y dejar de pelear, el primer paso debe de ser, reconocer que uno no hace todo mal y que desde luego no quiere lastimar, ni causar dolor, pero el otro tampoco es perfecto.

Hay que aprender a escuchar el dolor y lo que pide la otra persona, desde la perspectiva del otro, por más ridículo que esto parezca.

Existen comportamientos que son aceptados y otros que No son aprobados. Queda sobreentendido que las acciones, actitudes y palabras que lastiman o alteran no solucionan nada, por lo tanto, no hay razón para seguir utilizándolos.

Si se dicen o se hacen las mismas acciones o actitudes, si se repiten los mismos diálogos, la relación no se queda igual. Cada vez que se repite la misma discusión, se llega al problema que no se resolvió antes, la relación se lastima un poco más, se deteriora y no resuelve nada.

Para salir del ese círculo vicioso, hay que tomar conciencia y ser responsable de las acciones que no sirven y dejarlas de hacer, olvidar el orgullo y aprender a ceder.

LA RECETA:

Solucionando viejos problemas.

INGREDIENTES:

Responsabilidad – reconocer la importancia de las acciones propias.

Creatividad y sentido del humor – buscar nuevos puntos de vista, reír e innovar.

Flexibilidad – aprender a ceder y dar lo mejor de uno para el otro.

Decisión - Ganas de querer solucionar el problema.

Respeto – aceptar las diferencias y las necesidades de cada quien. AFIRMACIÓN POSITIVA:

Soy parte del problema y también soy parte de la solución. Tengo el poder para cambiar mi actitud y mis expectativas, con el fin de poder solucionar los conflictos que me afectan. Poder solucionar mis viejos me libera, me regala paz y me llena de energía positiva. Tengo fe que puedo arreglar lo que he lastimado y que puedo ser una mejor persona. Solucionar los problemas mejora la calidad de vida y promueve la felicidad. Cargar con problemas y discutir más de lo mismo toda la vida, reduce las posibilidades de tener una vida plena y armoniosa.

Eludir los conflictos no significa librarse de ellos. El problema, sigue a pesar de que se le niegue. Al evitarlo, se pierde la paz interna, creando ansiedad y sentimiento de soledad.

Discutir más de lo mismo, solo promueve la permanencia del problema y de la soledad. Los sentimientos que no se encauzan, se acumulan hasta que explotan y deshacen el alma de las personas.

Liberarte de los viejos problemas es la acción más gratificante y enriquecedora que existe.

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