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Columnas Social

Ensayo sobre la cultura

Movimientos literarios revolucionarios

José Luis Herrera Arce
TORREÓN, COAH., lunes 11 de noviembre 2019, actualizada 9:29 am


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El siglo XIX y XX han estado llenos de cambios en la literatura. El neoclasicismo, en el XVIII impuso los modelos clásicos y una moral a ultranza que ahogaba la libertad en todas sus facetas, como sucedía en la edad media. Los movimientos revolucionarios políticos sirvieron para liberar al hombre de las preceptivas rígidas y le dieron impulso a dejar que el sentimiento se expresara. Eso fue el romanticismo en donde se fundó el estado liberal. Lo primero fue apropiarse del paisaje y recuperar el pasado para darle sentido a la nación que surgía buscando la unidad histórica y espacial. Surge el héroe con todas sus proezas y las historias de los amores imposibles.

Cuando el hombre se hartó de ello, buscó otras maneras de expresarse. Se impuso la realidad; Víctor Hugo fue remplazado por Flaubert y Balzac; se avanzó hasta el naturalismo que fue el exceso con Zola, la visión de un mundo sórdido de los barrios bajos.

En la poesía se rompieron moldes. Simbolismo y parnasianos fueron el principio. Se continúa con el modernismo que fue una expresión netamente latinoamericana. Los demás ismos de las primeras décadas del siglo veinte. Se busca explotar más las imágenes, los tropos, nuevas musicalidades que no se aferren a los viejos moldes. El surrealismo se expresa en todas las artes, el creacionismo.

La novela sufrirá las influencias de cinco autores: Kafka, Joyce, Faulkner, Hemmingway, Proust, (si me falta alguno lo agregan) se refleja la decepción del hombre en todos los sentidos; filosóficamente, el existencialismo será la tendencia de los años cuarenta con Sartre y Camus que en un momento dado se alejan ideológicamente. La mujer toma más importancia: Simón de Beauvoir, Virginia Wolf, la Yourcenar.

Ante un mundo destrozado hay que rehacer el mundo y a eso se dedican los novelistas. Ya no se trata únicamente de narrar sino de apropiarse de un mundo de la ficción que sirva para entender la vida incomprensible que estamos viviendo.

¿Hacia dónde va el hombre? La novela futurista nos lo muestra. Un mundo feliz, 1982, los animales de la granja, Fahrenheit, ya nos están adelantando lo que será los finales del siglo XX y principios del siglo XXI; es la respuesta a la nada de Sartre, la decepción. Los mundos totalitarios; mas el hombre nunca es conformista, Latinoamérica se vuelve a expresar con el realismo mágico. La realidad que siempre habíamos visto se nos presenta con otros ojos y entonces descubrimos aquello que no habíamos sabido ver; un imán que cruza el pueblo atrayendo todos los cacharros de la cocina. Conocer el hielo. El realismo mágico, desde Carpentier, el nuevo barroquismo caribeño, Borges, los hitos que en mi juventud leíamos, Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa.

Gunter Grass, Kundera, Saramago presenta l visión de Europa al principio de los sesentas hasta los noventas. Comienza a tomar un gran impulso la novela biográfica. Hay una gran necesidad por recuperar nuestro pasado; sobre todo en México que durante mucho tiempo de careció de éste género. Ver a los héroes con otros ojos y darle la oportunidad a la controversia para ir esclareciendo como nos fuimos formando. En este sentido hay mucho que nos falta por hacer. Afortunadamente, ya están saliendo historias sobre el mundo indígena, recomiendo a Guadarrama Collado. La época de la colonia sigue siendo un gran enigma, son trecientos siglos de historia, a los que le falta precisamente la historia. Es como el mundo de los Toltecas y los Teotihuacanos de los cuales se tiene poca información.

A fin de siglo se da a conocer Murakami; ya con anterioridad habíamos leído a Michima. Como que no hay mucho material de oriente y es una cultura milenaria que en muchas épocas nos llevó la delantera. En esta globalización que vivimos, oriente tendrá que expresarse más.

En el campo comercial han tenido mucho éxito las zagas, como guerra de tronos; que para hacer una comparación, es el género que explotaron las novelas por entregas, como las historias de Rocambole. Un género novedoso que puede introducir a los jóvenes a la lectura y que va en maridaje con el cine.

Cambios ha habido mucho y los seguirá habiendo. El arte nunca se puede agotar y siempre se está alimentando del pasado para proyectarse hacia el futuro. Esta si es una revolución permanente.

Si dicen que vivimos la era del vacío, entonces tenemos que llenarlo; para ello nos sirve la literatura.

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