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Columnas Social

CIRCUNSTANCIAS

Sobre la maldad y la violencia

Mtro. Francisco Pineda
TORREÓN, COAH., jueves 14 de noviembre 2019, actualizada 9:14 am


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Describir la masacre sucedida en un área remota del norte de México hace unos días, de acuerdo a los reportes de los medios de comunicación y las redes sociales, podría ser incómodo para algunos lectores. Igualmente innecesario sería especular sobre el origen del conflicto, y asesinatos sádicos y despiadados de seis niños y tres mujeres. Insinuar que la masacre fue accidental, producto de la casualidad, o peor, que las víctimas contribuyeron al acto sanguinario me parecería injusto. La realidad es que miembros de una familia y una comunidad sufrieron una experiencia inhumana, cruel, y de horror, por individuos que sabían lo que estaban haciendo, pero totalmente desconectados moralmente sobre el valor de la vida humana. ¿Que pasa por la mente de un individuo caracterizado por el mal, o la maldad, y que es capaz de aniquilar a otro en forma perversa?

El mal es una conducta humana extremadamente inmoral y dañina, la cual es normalmente expresada por el carácter desviado de un individuo. Dependiendo de la perspectiva teórica o cultural, el concepto del mal se aplica a una persona considerada mala, antisocial, perversa, sádica, desalmada. El mal, o maldad, se puede explicar desde diferentes disciplinas. La Filosofía, la Psicología, la Religión y la Biología coinciden en que el mal es lo opuesto a la bondad y la empatía, e incluye conductas que tienen la única intención de causar la muerte, violar, torturar, hacer sufrir, humillar, o herir la integridad física y psicológica de otras personas. En el campo de salud mental esta conducta posiblemente reúne los requisitos de un diagnóstico de trastorno de personalidad antisocial, psicópata, o sociópata. La religión define el mal como una desviación de la voluntad de Dios. Este campo le da un énfasis a fuerzas sobrenaturales asociadas con ángeles malignos o Satán.

El Dr. Michael Stone, psiquiatra, y catedrático de Columbia College en New York City, define al mal como "actos de personas que causan horror a otros, incluyendo aquellos que son testigos del incidente, debido al alto grado de violencia, sufrimiento, destrucción y humillación" (The Anatomy of Evil, 2009, p. 21). El acto no solamente incluye inmoralidad y violación de la ley, sino que sobrepasa la expectativa social de la cultura en donde el acto se lleva a cabo debido a la dramática experiencia de terror. Un ejemplo de este caso es precisamente la matanza de las familias mencionadas en la introducción donde el acto extremo de violencia fue brutal y sanguinario, creando horror y trauma en las víctimas que sobrevivieron, y la comunidad en general.

De acuerdo al Dr. Stone no existe una causa común que lleve a un individuo a cometer actos violentos o criminales. La mayoría de las causas incluyen factores biológicos y medio ambientales. Las biológicas incluyen condiciones neurológicas, por ejemplo, algunas enfermedades mentales, o lesiones cerebrales debido a trauma o abuso de drogas y alcohol, o algún otro problema de origen congénito. Los factores ambientales pueden incluir maltrato psicológico desde temprana edad, abuso sexual, actuar bajo la influencia de drogas y/o alcohol, etc. La violencia que prevalece en ciertas culturas, incluyendo el tráfico de drogas, pandillas y otros aspectos sociales, son factores sociológicos que tienen una influencia muy fuerte para cometer actos criminales. Otros factores como la pobreza socioeconómica y educativa, además de una carencia de conciencia social, contribuyen bastante a esa violencia. En mi opinión, y basado en exploración literaria y experiencia de trabajo con criminales "de alto calibre", los factores ambientales tienen un peso significante en la "epidemia" criminal que existe en nuestras comunidades. Sería muy difícil reducir la causa de la criminalidad a un simple factor.

Poner atención lo mas temprano posible a los factores de riesgo alrededor de un persona, ya sea biológicos o ambientales, ayuda a tener una mejor predicción del futuro en su desarrollo. Por ejemplo, si un adolescente se encuentra en un ambiente que está plagado de pandillas, violencia y drogas, y es a la vez pobre en términos de estimulación intelectual, el riesgo de dedicarse a la maldad es alto, particularmente si existe una predisposición biológica a conducta impulsiva o hiperactiva. La responsabilidad paterna es esencial, pero decir que los padres son absolutamente responsables del desarrollo de una persona no es siempre justo. Los sistemas sociales y educativos tienen mucho que contribuir, no para eliminar la maldad exactamente, sino para equipar a la persona con una manera de pensar que le permita enfrentar una sociedad que continua evolucionando en muchas direcciones. Necesitamos hacer que la gente con mentalidad criminal vean sus errores en su manera de pensar y enseñarles a ser responsables de sus actos, preferentemente antes de cometer crímenes. Gracias por su atención a esta columna.

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