LA COLUMNA DEL PERRO, El Siglo de Torreón
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LA COLUMNA DEL PERRO

A LA DERIVA

M.V.Z. MIGUEL DÁVILA DÁVILA
domingo 11 de abril 2021, actualizada 9:17 am


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No sé por qué rumbo de la ciudad nací, mis primeros recuerdos son a partir de que mi mamá nos cuidaba en un terreno baldío a mis hermanos y a mí, recuerdo también que ella iba y venía de la calle a traernos alimento mientras que nosotros nos quedábamos esperando a que volviera, con ilusión siempre de verla, de sentir su cariño, su protección y un poco de alimento que se dividía entre toda mi familia.

Un buen día ella salió, como todos los días y no regresó jamás, mis hermanos y yo esperamos todo el día, hasta que se hizo noche, y después de nuevo volvió a amanecer y nada, mi mamá ya no regresó… todos empezamos a llorar y a ladrar de hambre pues ésta se siente con más intensidad con el calor que nos ahoga en el día y el frio y la soledad de la noche, que nos hace temblar de frio, de miedo y de incertidumbre ante la soledad, la orfandad y el abandono… debido al ruido incesante que hacíamos, fuimos localizados por unos niños, quienes nos tomaron entre sus manos, nos escogieron y nos llevaron cada quien por separado a sus casas. Me sentía muy contento y lamía la cara y las manos de mi ángel que era el niño que me rescató, pues me dio agua, comida y me cobijo dentro de una caja de cartón, en la cual yo dormía plácidamente después de haber comido, arropado por el cariño y la protección que me brindaba mi reciente benefactor. El resto del día permanecí saboreando el sentimiento de cariño que me daba mi nuevo dueño, para mí el máximo placer en este mundo. En la noche que llegó su mamá a la casa, me detectó de inmediato debido a los ruidos que yo hacía al jugar con el recipiente en que me habían servido agua, preguntó qué es esto, su hijo respondió es un perrito que estaba abandonado, junto con otros y cada uno de mis amigos y yo escogimos uno, está bien bonito mamá, a lo que ella respondió que bonito ni qué nada, mira nada más que feo está, y con la oreja chueca, después lo levanto, lo inspeccionó y dijo, para acabarla es perra, y es una perra corriente de seguro por eso la abandonaron… Ladré tratando de congraciarme con la señora quien añadió, mañana la perra se va de esta casa. Su hijo quien rondaba los 12 años de edad le dijo, mamá tú me has enseñado que debemos de ayudar a los seres en desgracia y que no nos debemos de burlar de los demás, ni hacerlos menos por su condición o por su físico, también me has dicho en varias ocasiones que las cosas no ocurren por casualidad, sino que siempre son por algo o para algo, no es así mamá, a lo que ella contestó sería… Sí así es… entonces mamá por qué vamos a juzgar a la perrita sin haberla conocido, vamos a dejarla en la casa a que se acostumbre a nosotros, la vamos a educar a nuestra forma, y más grande la mandaremos a esterilizar, y si aun así por causas de fuerza mayor no pudiéramos tenerla, entonces le buscamos un buen dueño quien la conserve, pero por ningún motivo me gustaría que la perrita, volviera a sentirse sola, perdida y desamparada en la vida. Yo que aún permanecía cargada por el niño ladré de gusto, mientras observé, que le rodaban lágrimas a su mamá pues se había conmovido por la escena, quien por toda respuesta, abrazó a su hijo junto conmigo diciéndole, perdóname hijo hoy todo el día me salieron las cosas mal, venía muy apesadumbrada y de repente tu hijo me abriste los ojos, hacia lo verdaderamente importante de mi vida que eres tú, mi familia y además estoy orgullosa de lo que he inculcado en ti, y ahora sé que bien lo has aprendido, y besándolo en la frente le dijo la perrita se queda, dale de comer.

Y ahora para terminar una gota de filosofía: Cuando no tengas nada en que creer… cree en la esperanza.

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