EDITORIAL Caricatura editorial Columnas Editorial

Jorge Volpi

El Señor Oscuro

JORGE VOLPI

Con el PRI. Con el PRD. Con el PAN. Con Morena. Es como si siempre hubiera estado allí, mutando, saltando, reconvirtiéndose, reinventándose. Más que un superviviente, el más apto de su especie. Aquel que mejor sabe acomodarse a cada transformación del medio ambiente. Una vida entera encargado de hacer justicia; una vida entera en la que la justicia no ha estado nunca más lejos. ¿Cómo puede alguien convencer a las élites, a todas las élites, de que es el más capacitado para el puesto? ¿Cómo alguien que ha trabajado para los enemigos ha conseguido convencer a cada nuevo grupo de su lealtad? ¿Y cómo, pese a cada cambio, ha logrado fingir independencia? ¿Cómo alguien se convierte, así, en el emblema mismo de todo lo que no funciona en nuestro sistema de justicia?

A los 86 años, Alejandro Gertz Manero por fin abandonará el sistema de justicia y apenas sorprende que aún tenga ánimos de continuar la vida pública como embajador. Antes que eso, fue un muy joven responsable de la lucha contra el narcotráfico -cuando ni siquiera se llamaba así- a cargo de la infame Operación Cóndor, todavía durante la hegemonía priista y cuando el tráfico de drogas era un problema acotado o silenciado desde el poder. Luego, trabajó sucesivamente con Cuauhtémoc Cárdenas, con Vicente Fox, con Andrés Manuel López Obrador y con Claudia Sheinbaum: un récord solo superado, acaso, por Porfirio Muñoz Ledo. Pero, a diferencia de éste, cuya volcánica personalidad siempre lo llevó a distanciarse de sus jefes, Gertz ha destacado por lo contrario: por su capacidad de acomodarse a cada uno de ellos.

En el camino, este exitoso y riquísimo abogado ha sido también rector de una universidad que ha manejado a su antojo. El problema no está, por supuesto, en sus personalidades múltiples, sino en la opacidad de su conducta, sea a la hora de saltar de un proyecto político a otro, sea en la de confundir los intereses privados con su función pública, sea en la de mezclar sin falta lo jurídico con lo político. Nadie ha tenido a su cargo, durante tanto tiempo, una responsabilidad tan crucial en nuestro sistema de justicia: ni Genaro García Luna, su enemigo y némesis, tuvo una carrera tan prolongada, tan zigzagueante, tan insólita. Lo curioso es que, al mismo tiempo, deja la sensación de nunca haber estado allí, como si en ninguno de sus puestos hubiera dejado la menor huella o como si se hubiera preocupado, más bien, por no dejarla.

Todos lo han protegido y él ha protegido a todos. Desde esa extraña cúspide de poder siempre optó por la ausencia. En cada puesto, igual: inasible, inclasificable, etéreo. Y, sin embargo, con más poder real que legiones de amigos y enemigos. Fuese en las secretarías de Seguridad o, hasta esta semana, en la Fiscalía, detentó el poder desnudo del Estado: la capacidad de perseguir los delitos, de acusar, de encarcelar. El saldo de su labor no es ni siquiera ambiguo: es, como él mismo, invisible. Unos cuantos golpes mediáticos por aquí -cuyo desenlace siempre se nos escapa-, unos enfrentamientos con otros hombres de poder por allá, persecuciones que se sentían como venganzas y olvidos o inacción interpretadas como aquiescencia frente a los poderosos en turno.

Recordémoslo: si en México no existe la justicia -con un 95 por ciento de delitos que se denuncian sin resolver-, se debe no solo a los policías y jueces corruptos, o a las deficiencias mismas del sistema, sino, sobre todo, al carácter siempre faccioso -y político- de nuestras fiscalías. Y, entre ellas, sin la menor duda, a los desatinos de la Fiscalía General de la República que ha permanecido en estos años bajo su control. Curiosamente, Morena se empeñó en elegir a todos los jueces -en un desastroso proceso cuyas consecuencias apenas empezamos a calibrar-, pero no optó por hacer lo mismo con la Fiscalía, cuya disfuncionalidad nadie se ha preocupado por recomponer. Por desgracia, la salida de Gertz -violando la propia ley al no deberse a una causa justificada- no mejorará en nada las cosas: quien ocupe su sitio será alguien que, otra vez, apenas hará otra cosa que servir dócilmente al poder.

Leer más de EDITORIAL / Siglo plus

Escrito en: Jorge Volpi

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2432825

elsiglo.mx