He escuchado esta frase muchas veces cuando se habla de relaciones de pareja. Y aunque puede tener algo de verdad, cuando la observo desde una reflexión más profunda noto que suele nacer de la idealización, de una energía de baja frecuencia y de un ligero desequilibrio interior.
Muchas personas la repiten sin comprender lo que hay detrás de esas palabras. Existe un llamado a volver al centro, a recuperar la dignidad y a dejar de entregar la propia energía a personas o lugares donde no se valora.
Cada vez que pones en un pedestal a una persona, una situación o incluso una idea, terminas generando un desequilibrio total. Esto ocurre porque tu energía -tu fuerza vital, tu esencia, tu poder interno- se dirige hacia aquello que idealizas, dejando de habitar tu propio trono. Cuando colocas tu mirada en lo externo, descuidas lo que verdaderamente sostiene tu vida: tu estabilidad emocional, tu identidad y tu conexión con lo divino.
Una idealización desequilibrada puede romperte por dentro y provocar un impacto emocional tan fuerte que, para muchas personas, es casi imposible salir de esa decepción tan brutal. Se siente como si una parte del alma se descolocara, como si algo se fracturara internamente. Y es que no es solo decepción: es la caída de una expectativa que construiste con tus propios sentimientos.
Cuando comienzas a dar lo mejor de ti a todo y a todos, sin darte cuenta te desvalorizas, porque colocas tu fuerza en algo que crees que "algún día te dará algo a cambio". Ahí ya no actúas desde el amor: esas atenciones dejan de ser genuinas y pueden convertirse en control disfrazado, o incluso resonar como manipulación no consciente. Es un autosacrificio que poco a poco te vacía.
Si quieres comenzar a ver el éxito manifestarse en tu vida, empieza por subirte a tu trono. Sé el rey o la reina que domina su reino interno, esa versión de ti que no necesita mendigar atención ni aprobación. De lo contrario, todo lo que ocurre afuera terminará descolocándote, robándote la paz y moviéndote como una hoja en el viento.
Y quizá ahora no lo comprendas del todo, pero justamente esa confusión muestra cómo el ego nubla la mente, impidiendo entender ciertas verdades hasta que se viven en carne propia. Hay cosas que solo se revelan a través de la experiencia, y es el dolor muchas veces el que abre la puerta a la claridad.
Al principio, cuando yo intentaba leer la Biblia, no entendía nada de lo que allí estaba escrito. Sentía que el lenguaje era lejano, frío o incomprensible. Pero fue la experiencia, el dolor y los procesos fuertes de la vida lo que me abrió el entendimiento para comprender el lenguaje espiritual. No fue un libro el que me habló: fue la vida misma interpretando cada palabra.
Cuando Dios desterró a Lucifer del cielo, lo hizo porque este había sobrepasado la autoridad divina. Idealizaba, envidiaba y creía que podía ser como Dios. Puso toda su fuerza en algo que era imposible. Hasta que Dios lo bajó de su pedestal de manera abrupta, rompiendo todas las expectativas que tenía en sí mismo. Incluso Lucifer sabe lo que es una ilusión o una idealización tóxica y la usa como ataque espiritual para desubicarnos: después de ser un ángel de luz terminó reflejando la oscuridad que llevaba dentro.
No tengas miedo de ser tú mismo. No necesitas usar tu fuerza ni máscaras para agradar a los demás ni estar disponible para todo el mundo. En estos tiempos la energía está cambiando; la gente cada vez se está enfriando, y muchos cargan intenciones que no son puras. El amor se está enfriando en el mundo, y la única forma de proteger tu vida es poniendo límites sanos. Ten la fortaleza para decir que no sin perder tu esencia, tu autenticidad ni tu originalidad.
Ese estancamiento que sientes muchas veces nace de bloqueos internos, de heridas profundas en tu corazón, que surgieron justamente del peso de idealizar de manera tóxica. Y también del cansancio de dar más de lo que recibes. Pero nada está perdido. El éxito sí está marcado para tu vida. Nada es imposible para una persona que se honra a sí misma.
Solo recuerda esto: los apegos -a personas, a cosas o a historias que ya no vibran contigo- pueden dejarte en una cuerda floja capaz de colapsar todo tu mundo. Y tú no estás para vivir en inestabilidad, sino para construir un camino firme.
Todos deseamos ser exitosos en todas las áreas de nuestra vida, pero mi pregunta es: ¿estamos dándole prioridad a nuestro ser? ¿Cómo esperar atención, amor o respeto de los demás si tú mismo te estás dejando en el olvido? ¿Cómo valorar lo externo si siquiera estás valorando tu interior?
Para recibir algo del mundo primero debes dártelo tú. Para que el éxito sea permanente en tu vida, bájate y quítate todo lo negativo que tienes en tu pedestal mental. Vuelve a tu centro, vuelve a ser tú y empieza a liderar tu vida desde tu trono.