El repudio social y mediático por lo acontecido en Teuchitlán obligó al Cártel Jalisco Nueva Generación a modificar su estrategia de comunicación.
Las organizaciones criminales sí comunican. Un ejemplo: a los pocos días de la tercera detención de "El Chapo" Guzmán (enero de 2016) el Cártel de Sinaloa autorizó al periodista español David Beriain a filmar durante tres meses la vida del cártel. De ahí salieron los tres fascinantes capítulos del documental Clandestino. En él, varios integrantes del CDS declaran que, a diferencia de sus competidores, ellos no extorsionan ni secuestran, fortaleciendo así la tesis del "cártel bueno".
El CJNG ha optado por grabar videos de hombres encapuchados y fuertemente armados que lanzan mensajes amenazantes, critican por nombre a gobernantes y dicen a la población que la protegerán.
Teuchitlán y las madres buscadoras ofrecieron la imagen de una organización que recluta y esclaviza jóvenes para obligarlos a delinquir mientras elimina con brutalidad a los débiles o indecisos. Las imágenes difundidas el 5 de marzo por la organización Guerreros Buscadores de Jalisco fueron convincentes; se veían pilas de zapatos, ropa y objetos personales que se asociaron con los campos de exterminio. A consecuencia del repudio social y mediático modificaron el mensaje sobre el reclutamiento.
La noche del 17 de marzo el cártel de las "cuatro letras" difundió un video en donde aparecen -como siempre- docenas de uniformados fuertemente armados. La diferencia está en que ni amenazan ni insultan a sus enemigos, ni reprochan la veleidad de funcionarios. Quieren "esclarecer los hechos" recordando que el gobierno ocupó y resguardó el rancho durante seis meses sin "encontrar indicios o pruebas del campo de exterminio".
Con ese respaldo proceden a descalificar al "grupo de madres buscadoras respaldadas por no sé quién y con información de dudosa procedencia". Las acusan de mentirosas, de meterse sin autoridad "a un inmueble asegurado" por el gobierno y de "idear una película de terror para causar furor en las redes sociales". Les reprochan querer "perjudicar al CJNG" que, aclaran, se rige por "códigos" porque ellos son reclutas convencidos por "los ideales" de "su líder" y lo generoso del salario.
Dudé -como muchos- sobre la autenticidad de ese mensaje. Fui cambiando de opinión cuando empezaron a multiplicarse en TikTok los testimonios juveniles rechazando la coerción y dando fe de su convicción.
El 26 de marzo, un par de reclutadores dialogan con un joven que, aseguran, "se regresó para casa porque no quiso" unirse. Diferentes colegas y medios -@Luis CárdenasMX, @Milenio y @blogdelnarcoorg, por ejemplo- han reproducido docenas de mensajes de jóvenes de entre 17 y 32 años machacando esa idea. En videos recuperados para esta columna, hombres jóvenes insisten: "voy para sicario de las cuatro letras, nadie me obliga" o "quiero trabajar para las cuatro letras por voluntad propia".
Será necesario esclarecer los porcentajes de la falta de opciones, de la violencia intrafamiliar, de la coerción y de la fascinación con la vida criminal. Es probable que algunos de ellos vean la vida del sicario como su mejor opción. Lo indudable es que las organizaciones criminales han encontrado en las redes sociales el mecanismo para reclutar miles de sicarios.
Esta reinterpretación del fenómeno criminal conlleva un reto enorme para quienes deseamos un país con menos violencia letal. En esta lucha es tan necesaria la dimensión bélica como la modificación de las condiciones que llevan a los jóvenes a la delincuencia y la elaboración de argumentos convincentes que se difundan de manera atractiva por las redes.
Uno de los saldos de Teuchitlán ha sido reconocer la sólida implantación criminal en internet. El gobierno federal reaccionó y anunció el cierre de 39 cuentas usadas para el reclutamiento; positivo pero insuficiente porque sigue saliendo evidencia de que hay bastantes más. Si Teuchitlán legitimó a las madres buscadoras, sigue entonces reconocer que el gobierno debe dialogar con ellas y escucharlas porque necesitan de su legitimidad y de sus conocimientos pues, reconozcámoslo, los balazos son insuficientes, también importan las ideas que van y vienen por el ciberespacio.
@sergioaguayo
Colaboraron Alejandra Arias y Elena Simón