Impulsan adopción de perritos callejeros
Todo empezó con teléfonos celulares, publicaciones sueltas en redes sociales y una sensación persistente de ayuda. Seis mujeres comenzaron a mirar a los perros callejeros que nadie veía y pasaban desapercibidos en el trajín del día a día.
Hoy, cinco años después, esa suma de esfuerzos individuales se ha convertido en una red sólida que ha logrado rescatar y dar en adopción responsable a cerca de mil perros en situación de calle en La Laguna.
Aunque operan desde cuatro páginas distintas -Kekoa & Amigos (Carmen Martínez), Por Amor & Con Amor, TRC (Grecia), Con Amor Team (Selene Dávila y María Olivares) y Krillin Dog (Miros Carrillo y María Calderón)- el trabajo es profundamente colectivo. Cuatro páginas de Facebook, una misma causa.
"Somos un grupo de amigas que con los años formamos un equipo muy sólido", explicó Carmen Martínez, quien comenzó su labor en 2017. Otras, como Grecia, llevan desde 2014. Distintos comienzos, misma misión: rescatar, rehabilitar y reubicar. Y, de paso -o quizá como objetivo principal-, educar.
Porque aquí aparece la primera gran ironía: rescatar perros es, en realidad, rescatar personas de su propia indiferencia.
La red funciona de manera orgánica. A veces reciben mensajes de extraños pidiendo ayuda para difundir un caso; otras, los rescates son directos, urgentes. Cada integrante aloja entre cinco y ocho perros en su propia guarida. En picos críticos, algunos hogares llegan a tener 12 o hasta 14 animales.
Los gastos, por supuesto, no se pagan con likes. Rifas, ventas, colectas de croquetas: economía de guerra para cubrir vacunas, desparasitaciones, esterilizaciones y cirugías. Ningún perro se entrega sin cumplir un protocolo completo de salud. Y ninguna adopción ocurre sin filtros, entrevistas y una semana de prueba. "No los entregamos a cualquiera", subrayó Carmen.
Aquí la antítesis es clara y brutal: mientras muchos abandonan con facilidad, ellas entregan con cautela. Mientras la calle expulsa, ellas seleccionan.
Cambio de mentalidades
Pero el trabajo no termina cuando un perro cruza una puerta. De hecho, ahí empieza otra batalla, menos visible y más larga: cambiar mentalidades. Hablar de esterilización, explicar riesgos como la piometra, insistir en que un perro "bien portado" no es sinónimo de perro seguro suelto en la calle. Recordar que existen normas municipales y, más aún, responsabilidades éticas.
"Queremos cambiar mentalidades", manifestó Carmen. Y no es una frase hueca. El acompañamiento ha logrado que muchas familias, después de adoptar, esterilicen también a otros animales que ya tenían. Se trata de pequeñas victorias silenciosas. De esas que no salen en la foto, pero cambian el futuro.
Sumando adopciones directas y apoyos a terceros, la red estima haber colocado más de mil perros en hogares responsables en cinco años. Mil finales distintos a lo que parecía inevitable. Aunque el trabajo, claro, no se detiene. Hoy mismo resguardan a tres cachorros devueltos tras intentos fallidos de adopción. Crecen. Y crecer, para un perro sin familia, es como ver pasar el tren todos los días sin que nadie te abra la puerta.
"Adoptar es un compromiso", insistió la activista canina. Un compromiso que estas seis mujeres asumen a diario desde sus casas, sus bolsillos y sus redes sociales. Sin medallas. Sin horarios. Demostrando que, frente a un problema que sigue multiplicándose en las calles, la organización ciudadana puede ser tan persistente como la esperanza y mucho más terca que la indiferencia.