EL PRINCIPIO. Según el Índice Global de 2025 sobre el Crimen Organizado elaborado por la Global Initiative Against Transnational Organized Crime, nuestro país ocupa el nada envidiable tercer lugar mundial en presencia y severidad de ese tipo de transgresión. Por otra parte, en la encuesta de junio de este año del INEGImás del 60% de los mexicanos entrevistados dijeron sentirse insegurosen su ciudad. No es necesario seguir buscando más indicadores: es obvio que la inseguridad es un asunto central para la sociedad mexicana y un grave problema a resolver para el gobierno y para la preservación de la legitimidad del régimen.
El temade la inseguridad es añejoy con altas y bajasa lo largo de los dos últimos siglos. Desafortunadamente,en la actualidad nos encontramos aún en una de las etapas al alza.
Cuando en 1821 el país ganó su acta de nacimiento como independiente ya tenía más de una década de cargar con el problema. Y es que,en los años de lucha a muerte entre los insurgentes y las fuerzas del gobierno virreinal, el antiguo orden sufrió un colapsoque llevó aun aumento de la inseguridad en el enorme territorio de la Nueva España. Un territorio que, en sus bordes, especialmente en el norte, la soberanía del Estado nunca había sido muy efectiva. En fin, que el arranque de México como una nueva nación no resultó particularmente afortunado y la situación de desorden interno empeoraría antes de empezar a mejorar.
El México independiente surgió sin contar con un aparato de gobierno de su propia creación y capaz de desempeñar las tareas que teóricamente eran de su responsabilidad:construir a la nación que pretendía gobernar y ser reconocida por la comunidad internacional y reconstruir el orden interno. Esa reconstrucción implicaba, entre otras muchas y complejas tareas,proveer de seguridad y justicia asu dispersa población. La empresa era urgente pero imposible debido a la feroz lucha entre las élites políticas y a una constante falta de recursos fiscales para dar forma a un sistema de seguridad pública medianamente efectivo. Por varias décadasde ese siglo XIX el país sería escenario de una lucha a muerte por la hegemonía entre liberales y conservadores yla seguridad de los habitantes no fue, no podía ser,una prioridad en una nación apenas en las primeras etapas de su construcción.
A la falta de la unidad nacional y de recursos,se deben añadir los efectos de las invasiones extranjeras ciertas características internas:la pobreza y la notable desigualdad social, la agudización delas diferencias regionales, el estancamiento de la economía tras la caída de la minería de la plata, los movimientos separatistas desde Texas hasta Yucatán, la corrupción y un largo etcétera. Todos esos factores explican el clima de inseguridad en que vivieron los mexicanos en la etapa formativade la nación.
Finalmente, en 1867 el triunfo definitivodel grupo liberal en la gran guerra civil de entoncespermitió la consolidación de un Estado mexicano oligárquico pero viable. Fue entonces que la dictadura liberal de Porfirio Díaz (1876-1911) se propuso, y en buena medida logró, reactivar la economía y generar un ambiente de relativa seguridad en los caminos, pueblos y ciudades. En 1910 la Revolución Mexicana que puso fin a la pax porfiricay por un par de décadas la inseguridad fue nuevamente parte de la vida mexicana. Poco a poco un nuevo régimenreimpuso el orden y dio forma a una pax priista, también autoritaria e imperfecta pero ya no centrada en la persona de un líder y que contrastó positivamente con la violencia e inseguridad que habían caracterizado al país revolucionario.
Las crisis económicas y políticas que se iniciaron a partir de la brutal represión del movimiento estudiantil y democrático de 1968coincidieron con el surgimiento al norte de nuestra frontera de una demanda creciente de drogas declaradas ilícitas, y ese "factor americano" más un entorno muy propicio a la corrupción en las instituciones de gobierno, particularmente en su aparato de seguridad, llevó a que ninguna de las campañas de "renovación moral"del régimen dieraresultados. Pero lo sí se generó fue un entorno muy propició para la expansión de un crimen organizado y pujante al punto que uno de sus líderes más conocidos, Joaquín "El Chapo" Guzmán,se dio el lujo de aparecerpor cuatro años consecutivos -2009 a 2012- en la lista de los multimillonarios del mundo elaborada por la revista Forbes -tenía el lugar 701 en el listado de 2009. Y si finalmente El Chapo desapareció deForbesse debió simplemente a la imposibilidad de la revistapara seguir documentando su riqueza.
Si en las etapas iniciales del México independiente la inseguridad fue propiciada por invasiones y guerras civiles, la criminalidad organizada prosperóen la era del México priista el crimen organizado actual surgió y prosperócomo parte de un sistema autoritario y notable por su estabilidad política. De ahí puede concluirse que uno de los factores que explican la fuerza del crimen organizado en nuestro país, además de la demanda de drogas ilícitas en el mercado mundial, la propició la corrupción institucionalizada del régimen postrevolucionario.
EL CASO DE MICHOACAN. Hoy la violencia y capacidad de los carteles de la droga para imponer sus prioridades a la sociedad y quitar al Estado control territorial en algunos estados nos obliga a centrar la atención en Michoacán como antes fue en Sinaloa (el "culiacanazo") o en Guerrero, (Ayotzinapa), etcétera.
La novela decimonónica de Luis G. Inclán Astucia (1865-1866) tiene como centro a un joven ranchero de la clase media rural michoacana, Lorenzo Cabello, que en la primera mitad del siglo XIX se dedica primero a contrabandear aguardiente y luego, en unión de otra media docena de su condición social, termina por organizar un eficiente sistema de contrabando de tabaco. Inclán pone énfasis en el gran aparato de apoyo que lograron construir los "charros contrabandistas" entre la población ruralmichoacana y que constituyeron su base social. Los contrabandistas no sólo comparten algo de sus ganancias con la sociedad local, sino que observan una conducta personal impecable por eso "los hermanos de la hoja" tienen siempre de su lado lo quelesfaltaba a los numerosos gobiernos de la época: un respaldo populargenuino.
Hoy la situación de hace siglo y medio en Michoacán pareciera repetirse, aunque con diferencias fundamentales: la estabilidad política del régimen actual es un hecho incontrovertible respaldado por elecciones nacionales genuinas. Pero losactuales fuera de la ley -CJNG, "familia michoacana", etc.- disponen de recursos económicos y de armas en abundanciay que por lo mismo pueden comprar lealtades y sobornar ala autoridad a lo grande. Pero que, por otra parte, los fuera de la ley son auténticos criminales quesecuestran, extorsionan y aterrorizan con acciones de violencia brutal a una población casi indefensa.
Los indicadores nos dicen que mientras en Portugal se registraron 0.7homicidios por cada cien mil habitantes en 2024 en México la tasa fue de 24.9 y que en ese mismo año Uruapan ocupó el lugar 19 entre el medio centenar de las ciudades más violentas del mundo. Aunque Colima, Acapulco, Manzanillo, Tijuana y Culiacán le superaban como entornos violentos.
En estos días y a raíz del asesinato del alcalde de Uruapan que personalmente enfrentó a los criminales, Carlos Manzo, la oposición de derecha a la 4Testáusando su nombre, su causa y su símbolo -el "Movimiento del Sombrero"- para responsabilizar al gobierno de Claudia Sheinbaum de la inseguridad generalizada. Sin embargo, para una apreciación más completa de lo ocurrido en Uruapan, conviene consultar el reportaje de Pedro Anza que entrevistó al alcaldepoco antes de su asesinato y le acompañó en uno de sus frecuentes "operativos de seguridad" nocturnos por la ciudad michoacana, (Milenio, 16/11/25). Manzo reconcía que para matar la raíz social del crimen organizado serequerían políticas de largo plazoque eliminaranla pobreza ytransformar el sistema educativo. Pero también consideraba que la seguridad en el aquí y ahora de la gente de Uruapan requería deacciones inmediatas contra las "células delictivas" que operaban cotidianamente en su ciudad. Ahora bien, el enfrentamiento de un alcalde en un entorno ya dominado de tiempo atrás por el CJNGuorganizaciones semejantesera una lucha de tan desigual, imposible. Es claro que se requiere movilizar que todo el poder del Estado para proteger físicamente aloshabitantes de a pie contra la criminalidad organizada y contra sus redes internacionales de lavado de dinero en tanto maduran las medidas de fondo que son también de largo plazo y las únicas que impediránque en México se sigan nutriendo las profundas históricas raíces del crimen organizado y eso lo debemos entender todos: el mal que se dejó crecer por décadas y en terrenos históricamente propicios no puede eliminarse de un tajo.
Laoposición ha explotado sistemáticamente las fallas y las diferencias entre las políticas contra el crimen organizadode corto y largo plazo. Sin embargo, esa oposición carece de la autoridad moral que la respalde pues, cuando tuvo la oportunidad y la obligación de actuar en la materia, fracasó rotundamente y su discurso hoy simplemente carece de una propuestasobre este y sobre muchos otros temas mas.